martes, 24 de diciembre de 2019

LA LIBERACIÓN DE LA MÁQUINA (1989)

Mucho se ha escrito sobre el fotógrafo, artista y cineasta italiano Paolo Gioli, pero pocas veces tenemos la oportunidad de ver su obra en pantalla grande, abordando cada una de las experiencias que nos ofrece. El director tiene a sus espaldas una gran cantidad de cortometrajes no narrativos desde que iniciara su andadura en 1969, aunque la investigación académica ha demostrado que existe poca seguridad con respecto al número exacto de sus creaciones. Tan solo dos años después de haber vivido en Nueva York, la ciudad de los vanguardistas modernos que claramente influyeron en su trabajo cinematográfico, comenzó a desarrollar una idea clave en torno a la que gira su poética: la liberación de la máquina a través de su propio movimiento. 

Su trabajo, centrado en lo más primario del séptimo arte, los químicos, el celuloide o las técnicas de iluminación; funde diferentes artes en su filmografía para otorgar de vida a las imágenes a través de su manipulación, la mayor parte de ellas enfocadas al cuerpo humano y a las expresiones faciales. Un perfecto ejemplo de ello es “Film stenopeico (L'uomo senza macchina da presa)”, un metraje de apenas 13 minutos en el que Gioli experimenta con la técnica estenopeica en 16 mm con absoluta destreza y creatividad, ya que él mismo fabricaba sus propios dispositivos, como el que podemos apreciar en otras de sus más emblemáticas obras, “Traumatografo” (1973) o “Filmarilyn” (1992). 

martes, 10 de diciembre de 2019

EXPERIENCIAS ENTRE EL PLACER Y EL DOLOR (2008)


Pocas veces hemos podido disfrutar en pantalla grande de alguna de las obras del cineasta, director de fotografía, guionista, productor, editor e, incluso, actor canadiense Guy Maddin. Autor de un gran número de cortometrajes, el director solo cuenta con una decena de largometrajes, de los cuales ha quedado inevitablemente en nuestra retina la comedia musical “The Saddest Music in the World” (2003). La crítica siempre le ha alabado por la originalidad y extravagancia con la que siempre suele trabajar.  Su nostálgica estética, para la que siempre cuenta con el director de fotografía estadounidense Benjamin Kasulke, nos traslada a tiempos pasados, en donde la extrañeza campa a sus anchas como si de ilusiones fragmentadas se tratase. 

Los géneros del terror, el fantástico, la comedia, el drama, el suspense o el musical no se han resistido tampoco en sus manos. Ni siquiera el documental o el cine no narrativo se han librado de su ingenio. En su ópera prima, “Tales from the Gimli Hospital” (1988), conseguimos fluir entre las historias que dejaron rastro en un hospital islandés, mientras que, tan solo dos años después, en 1990, entrábamos de lleno en la Primera Guerra Mundial con “Archangel”. No sería hasta 1992 cuando veríamos una obra que marcaría su trayectoria con el enmudecimiento absoluto de sus personajes. “Careful” marcaría a las posteriores “Dracula: Pages From a Virgin's Diary” (2002) y “Los cobardes se arrodillan” (2003), “Brand Upon the Brain!” (2006) con esa ausencia de la palabra desde un punto de vista mucho más nostálgico del esperado que claramente nos exponía a un homenaje al cine mudo de lo más personal.

martes, 19 de noviembre de 2019

LA CONFIANZA EN JUEGO (1949)


La actriz británico-estadounidense Olivia de Havilland fue uno de los rostros populares de la Warner en su etapa dorada. Su extensa carrera en el mundo de la interpretación comenzó a través de la comedia romántica “Alibi Ike” (Ray Enright, 1935), en la que compartió hilarantes escenas con el comediante Joe E. Brown y con cuyo director volvería a trabajar en “Hard to Get” (1938). Desde ese momento, su trayectoria siempre fue en ascenso, engrosando su experiencia con las obras que le ofrecían cineastas tan emblemáticos como Lloyd Bacon, Sam Wood, Raoul Walsh, John Huston, William Wyler o Robert Aldrich

Sin embargo, por encima de todos ellos destaca la figura del director Michael Curtiz, que le llegó a considerar una de sus más célebres estrellas y le facilitó poder formar parte de un gran número de sus películas, como “El Capitán Blood” (1935), “La Carga de la Brigada Ligera” (1936), “Robin de los Bosques” o “Dogde, Ciudad sin Nombre” (1939), como fiel compañera del eterno héroe que siempre encarnaba el actor Errol Flynn. Una lucrativa pareja con una fuerte química en pantalla, especialmente por parte de él desde el ámbito más personal, que gracias al interés del público también les llevaría a protagonizar el western “Camino de Santa Fe” (Michael Curtiz, 1940) o uno de los clásicos más importantes, “Murieron con las Botas Puestas” (Raoul Walsh, 1941). Asimismo, Olivia de Havilland luciría esplendorosa frente a la cegadora aura de Bette Davis en el drama psicológico “Canción de Cuna para un Cadáver” (Robert Aldrich, 1964), con quien ya había coincidido en “La Vida Privada de Elisabeth y Essex” (Michael Curtiz, 1939), en la que terminó por unirse a una de las grandes parejas del Hollywood clásico. A su éxito en pantalla también se unió el reconocimiento en forma de premios. El Festival de Venecia le otorgó el galardón a mejor actriz por su papel en “Nido de Víboras” (Anatole Litvak, 1948). Pero, sin duda, “La Heredera”, del emblemático cineasta William Wyler, se convirtió en una de sus mejores interpretaciones con la que se alzó con un Oscar y un Globo de Oro. 

martes, 12 de noviembre de 2019

LA ETERNA INSATISFACCIÓN (1985)

Hay sentimientos que nos llevan a emprender un camino de dolor constante y es que, como es bien sabido, nosotros mismos somos nuestro máximo enemigo. El cine siempre ha perseguido el retrato perfecto de esta idea a través de la profundización en la psicología de los personajes, de la búsqueda del máximo realismo a través de la ficción. Hemos visto caer a muchos personajes en sus propios traumas y miedos, en una evolución laberíntica y oscura de la que es complicado salir y cuya onda expansiva ha arrasado con todo aquello que les rodeaba. Y es que el cerebro humano es uno de los grandes misterios de nuestro tiempo. 

“Plenty” es un drama psicológico que se sumó a la amplia lista de este subgénero en el año 1985. Esta coproducción británico-estadounidense, dirigida por el cineasta y guionista australiano Fred Schepisi y basada en la obra de teatro homónima realizada por el dramaturgo David Hare, parte de la Segunda Guerra Mundial, en la que la joven inglesa Susan Traherne (Meryl Streep) colabora en lo que puede con la resistencia francesa desde 1943 hasta verse dañada psicológicamente. En su traumática experiencia conoce a Lazar (Sam Neill), con el que disfruta de una noche de pasión. Sin embargo, su vida en Inglaterra se verá lastrada por el dolor del recuerdo de aquellos días. Acompañando a la posguerra europea, Susan también tendrá que reconstruirse emocionalmente, pero la insatisfacción se adueñará de cada uno de sus éxitos, manteniéndose la eterna sensación de que siempre puede hacer más, de que sus necesidades superan con creces cualquier tipo de logro. Su mundo se transforma inmediatamente en una realidad superficial que supera los límites del desprecio y, en pleno caos, el dolor que encierra en sí misma se expandirá hacia todos aquellos que la rodean.

martes, 22 de octubre de 2019

EL ARTE DE LA INNOVACIÓN (1897)


Durante los primeros años de vida del cine, se produjo una curiosa fascinación por el movimiento que proporcionaba el atípico traje con el que danzaban las bailarinas de la popular Danza Serpentina. La tela de un enorme vestido prácticamente al vuelo a manos de una joven belleza encandiló a la sociedad estadounidense y europea durante la última década del siglo XIX. Precisamente en ello tuvo mucho que ver una mujer, una pionera de esta danza moderna. La bailarina y coreógrafa de burlesque y vodevil Loie Fuller terminó por convertirse en actriz, en modelo de cartelería, en musa para artistas franceses, pero, sobre todo, en un referente de los orígenes del séptimo arte.

Sin embargo, lo que en un principio surgió para experimentar con la iluminación sobre el escenario del teatro, logrando la fascinación de los asistentes por los diversos focos de luz y las extrañas peripecias cegadoras y formas impensables que emitía una simple tela de gasa; se transformó en un auténtico juego de colores que pasó por las manos de los más importantes cineastas de estos comienzos de la historia del cine. Efectivamente, el invento de Fuller proporcionaba un ensayo cinematográfico sin igual y hasta entonces nunca visto, un ejercicio que fundía los efectos de luz, el trepidante movimiento y las transiciones de colores, casi como si de una carrera o competición entre ellos se tratase.

martes, 15 de octubre de 2019

LOS COLORES DEL OTOÑO (1899)

La palabra momijigari viene a definir la tradicional actividad japonesa de contemplar las hojas de los árboles en otoño y disfrutar de los colores anaranjados y amarillentos que siempre generan un llamativo contraste en el paisaje. Las ciudades de Nikkō, Tochigi y Kyoto siempre han recibido a un gran número de viajeros desde la era de Heian únicamente para continuar con una tradición que busca en todo momento apreciar la belleza de la naturaleza. Pero a parte de esta práctica, Momijigari es una danza japonesa (shosagoto) que combina los encantos del teatro kabuki y el noh, lo que nos lleva a recordar el hasta ahora considerado uno de los primeros metrajes cinematográficos de Japón. Precisamente, la pieza “Momijigari” ha encumbrado la labor histórica realizada tanto por su director, Tsunekichi Shibata, como por su escritor original, el célebre dramaturgo Kanze Nobumitsu.

Rodada en 1899 y considerada como Propiedad Cultural Importante bajo la Ley de Protección de Bienes Culturales de Japón, la obra representa tan solo una escena de la verdadera historia escrita por Nobumitsu, centrada en el viaje de una mujer de alto rango, la princesa Sarashina, para contemplar la belleza del otoño en las montañas de Shinano. Sobre este maravilloso escenario, se producirá su encuentro con el comandante Taira no Koremori entre bailes y alcohol. Debido a su extensión y al año en el que se produjo el rodaje, la pieza sólo escenifica el instante en el que el protagonista lucha contra un demonio que se presenta ante él disfrazado de la joven. Precisamente por este hecho, es considerada como un antecedente de aquel cine clásico que representaba fragmentos propios del teatro kabuki y que discurría sobre la fina línea que siempre se ha establecido entre el documental y la ficción.

lunes, 30 de septiembre de 2019

A LA SOMBRA DEL MITO (2019)


15 de agosto de 1969. Un grupo de inversores comienzan el supuesto negocio de sus vidas. Una idea planificada al detalle para sacar partido al espacio cedido por un vecino de Bethel, condado de Sullivan, estado de Nueva York. La granja, de 240 hectáreas, serviría de lugar de diversión durante dos días. Ya se intentó en el pueblo de Wallkill (condado de Orange, Nueva York), pero, tras la oposición de la población, tuvieron que buscar un nuevo recinto en el que llevar a cabo su celebración. Todo estaba aparentemente controlado, grupos contratados, seguridad planificada y público limitado, pero la misma mañana del día 15 se dieron cuenta de que aquella cita se iría irremediablemente de las manos. 

El Festival de Woodstock fue mucho más que estas simples líneas. Esa inmensa reunión del movimiento hippie pasaría a formar parte de la historia, recordada tanto por asistentes como por varias generaciones posteriores como símbolo de juventud, de una posibilidad de cambio cuando realmente sí se está dispuesto a ello. El cine también ha seguido recordando tal evento, ya sea a partir de ficciones como la versión libre del popular director taiwanés Ang Lee, “Destino: Woodstock” (2009); de documentales tan importantes como el premiado “Woodstock, 3 días de paz y música” (Michael Wadleigh, 1970), que sigue siendo prácticamente una cinta de culto para los más nostálgicos; o de especiales únicos como aquel extenso metraje para la televisión en conmemoración por su 25º aniversario, “Woodstock Diary” (Chris Hegedus, Erez Laufer, D.A. Pennebaker, 1994). A esta pequeña lista con títulos esenciales se suma otra aportación más que capta indudablemente nuestra atención, “Woodstock: Three Days that Defined a Generation”, el documental del director, productor y guionista estadounidense Barak Goodman.

martes, 24 de septiembre de 2019

LAS CUENTAS PENDIENTES DEL PASADO (2018)


Nuestra memoria histórica todavía recuerda algunos de los capítulos más bochornosos con la intención de que nunca olvidemos las atrocidades cometidas y no repetimos nuevamente tantos errores. Precisamente, en Europa seguimos prestando atención al pasado, aún presente en nuestras vidas, tratando de ajusticiar las cuentas pendientes que quedan y que, en cierta medida, seguirán lastrando cualquier tipo de evolución. Una de ellas es, sin duda, la del “carnicero de Srebenica”, todo un desconocido para los más jóvenes, especialmente en la parte occidental del continente. Ratko Mladić fue jefe del Estado Mayor del Ejército de la República Srpska durante la Guerra de Bosnia (1992-1995) y, bajo sus órdenes, se cometieron grandes atrocidades que, después de varios años, fueron llevadas ante la justicia a partir de 2011.

Él fue la principal figura de los crímenes de guerra y genocidio que se produjeron durante el conflicto y no fue hasta 2008 cuando, por fin, fue arrestado por las autoridades serbias en Belgrado, en un suburbio de clase alta que parecía protegerle. Es entonces cuando entra en juego el documental de los productores y directores británicos Henry Singer y Robert Miller, “El Juicio a Ratko Mladić”. Las imágenes de campos de concentración y tumbas masivas que bañan el desconocido paraje de la antigua Yugoslavia siguen estando de plena actualidad, mientras que las exorbitadas cifras que se cobró la guerra ya son sobradamente conocidas por todos. El militar serbobosnio Mladić tuvo que rendir cuentas frente al Tribunal de la Haya tras permanecer la orden de busca y captura durante varios años. Es, en ese pequeño salón de justicia, bajo la mirada de sólo unos pocos asistentes, en donde la cámara de Singer y Miller se mantiene petrificada para captar los cargos a los que tuvo que responder y la condena a la que fue sometido.

martes, 17 de septiembre de 2019

LA OPORTUNA PICARESCA (1949)


En tiempos de guerra, los caprichos están de más. Es suficiente con conseguir lo básico para subsistir y seguir adelante con la esperanza de que un día, más pronto que tarde, termine el conflicto. Eso no implica que las personas no echen de menos los lujos que un día tuvieron, aquel pasado colmado de paz y tranquilidad en el que las preocupaciones, de repente, parecen una nimiedad en comparación con la dureza de ese "presente". Sin embargo, hay ocasiones en las que el destino o algo similar parece dar una tregua, permitiendo un pequeño descanso entre la desgracia para, al menos, celebrar que uno sigue adelante, que está vivo. Precisamente, la población escocesa recuerda con gran cariño una extraña anécdota que sucedió durante la Segunda Guerra Mundial y que tiene una profunda relación con esta idea. El día 3 de febrero de 1941, el barco S/S Politician salió del puerto de Liverpool con 250.000 botellas de whisky dirección a Jamaica. Tan sólo dos días después, la embarcación se hundió en las costas de Eriskay, The Outer Hebrides, en Escocia, debido al mal temporal. Pero, al contrario de lo que pudieran pensar, su cargamento no se encontraba en su interior. 

Este curioso suceso acabó por convertirse en una divertida leyenda aún recordada hoy y, como registro de aquellos hechos, quedó para el recuerdo en la película “Whisky a Go-go”, el que fuera el primer largometraje del director y guionista estadounidense Alexander Mackendrick. La obra, que recoge los hechos desde el punto de vista de la pequeña población, es, en realidad, una simpática comedia en la que los lugareños, ávidos de probar nuevamente una gota de whisky después de tantos años involucrados en el conflicto bélico, se encuentran con la oportunidad de recobrar buenos tiempos y paladear un poco del lujoso ocio ya casi olvidado en una isla invadida por la tristeza y la oscuridad. Así es como preparan una estratagema para hacerse con el botín sin que las autoridades sospechen y bajo el eterno acecho del capitán inglés Waggett (Basil Radford).

martes, 10 de septiembre de 2019

CAPRICHOS, RETOS Y FIESTAS DE LENTEJUELAS (2019)



Algunos ya conocerán a la familia Ionesco. Por un lado, la fotógrafa francesa Irina Ionesco, siempre relacionada con el dramaturgo y escritor franco-rumano Eugène Ionesco, aunque poco tuvieran que ver más allá de su apellido. A través de su famosa Nikon, realizaba retratos de semidesnudos cargados de un extraño erotismo entre su eterno blanco y negro con los que profundizaba en cuestiones existenciales como la muerte o la violencia. Por otro lado, su hija, Eva Ionesco, que acabaría desarrollando su carrera profesional como actriz en la televisión y el cine. Su estreno en este mundo llegó de la mano de Roman Polanski y una de sus obras cumbre, “El Quimérico Inquilino” (1976), en donde figuraba con un papel muy pequeño como era el de la hija de Madame Gaderian. Posteriormente, ha trabajado de forma casi constante con destacados cineastas franceses como Jean-Philippe Toussaint, Virginie Thévenet o Arnaud y Jean-Marie Larrieu. En su carrera también surgen directores extranjeros como la italiana Valeria Bruni Tedeschi. Ionesco, actriz enclaustrada como la eterna secundaria, finalmente se lanzaría a la dirección de cine con “La Loi de la Forêt” en 2006, que pasaría sin pena ni gloria. No sería hasta su segundo largometraje, “My Little Princess” (2011), cuando recibiría algunas recompensas en forma de nominaciones en el Festival de Cannes o los premios César y otros tantos galardones, como los del Festival de Bombay, que se sumarían, por fin, al reconocimiento de toda su trayectoria.

Junto a estas dos mujeres tan artísticas, se une a la saga familiar Lukas Ionesco, hijo de Eva, que ejerce de modelo y actor gracias al furor causado en Francia por su porte aniñado. El joven se estrenó en el mundo actoral a través de la citada “My Little Princess”. Con su siguiente trabajo ya había conseguido el protagónico en una de las películas de nada menos que el popular cineasta independiente Larry Clark, “The Smell of Us” (2014). Después de este importante paso en su carrera, regresó bajo la dirección de su madre con “Golden Youth” (“Une jeunesse dorée”), una coproducción franco-belga que cuenta con la colaboración del escritor y periodista Simon Liberati como guionista.

martes, 3 de septiembre de 2019

EL SÍMBOLO DE LA ESPERANZA (1946)


Hay cinematografías en el mundo que han perdido un gran material de valor incuestionable a lo largo de su historia debido a diversos conflictos o políticas dictatoriales. Aún a día de hoy muchas sociedades siguen viéndose censuradas, incapacitadas para expresar sus ideas con libertad a través de las artes, restringiendo sus obras a la sombra ilegal de las autoridades de turno. Para Corea del Sur ha sido así durante la primera mitad del siglo XX. No se puede contabilizar la cantidad de películas que se han perdido por el camino, ya sea por la conocida guerra que terminó por dividir la península como por las décadas anteriores, en las que, bajo el colonialismo japonés, se prohibió la producción coreana de metrajes para permitir la única circulación de cine japonés en el país. Pese a ello, la resistencia logró distribuir de forma ilegal algunas cintas de contenido político que fomentaban el sentimiento patriótico de aquellos que se sentían oprimidos. Sin embargo, la historia no nos ha permitido volver a visualizar muchas de ellas, las cuales terminaron confiscadas y quemadas, desapareciendo en el olvido con el paso de los años.

En ese periodo convulso de la memoria coreana surgió un título enormemente significativo. “Hurrah! For Freedom”, el hasta ahora cuarto metraje del recordado director coreano Choi In-Kyu, apareció a la luz pública en el momento indicado, cuando la independencia ya era real y justo antes de la guerra civil que marcaría su destino hasta la actualidad. Un periodo de 5 años en los que se volcaron grandes esperanzas, las cuales quedan fielmente reflejadas en esta joya en bruto, nunca mejor dicho. La narración nos lleva hasta un patriota coreano (Jeon Chang-Geun), que lucha por la resistencia de su pueblo frente a las autoridades japonesas en 1945, un año clave en la historia de esta población. No obstante, la persecución del ejército resulta incansable y sin piedad, capaz de acabar con todo aquel que se niegue a mostrar el paradero del famoso agitador.

viernes, 2 de agosto de 2019

UNA ESPIRAL DE INTERESES (2019)


Ninguna investigación tiene un camino directo. Todas ellas tienen multitud de callejones sin salida, muchos de ellos oscuros y peligrosos, pero sólo uno supone la vía correcta para desenmarañar las incógnitas del objeto a estudiar. Sin embargo, la exploración de todo un laberinto supone destapar hechos paralelos, nuevas calles sin transitar que pueden conducirnos a finales insospechados. Así es como han sido los seis años que ha tardado el director, productor y guionista danés Mads Brügger en desvelar parte de sus objetivos, plasmados en parte a través del documental “La muerte de Hammarskjöld”, la cual ha obtenido varios premios en festivales internacionales, siendo destacable el recibido en Sundance.

Brügger inició su proyecto con el fin de recopilar información en torno a la muerte de Dag Hammarskjöld, el que fuera secretario general de la Organización de las Naciones Unidas entre 1953 y 1961, año en el que también recibió el Premio Nobel de la Paz. Su viaje a Ndola terminó en un accidente de avión en Rhodesia del Norte (Zambia), en el que murieron todos los pasajeros, pero no todos los datos que se ofrecen apuntan a esta hipótesis, sino que, en realidad, bien pudiera haber sido un asesinato. En 2017 salió a la luz una nueva variable en este puzle por la que se consideraba la posibilidad de que el avión hubiera sido derribado por otro. Sin duda, la actitud pacifista de Hammarskjöld, especialmente en el continente africano, en donde se acumulaban un gran número de intereses económicos y políticos por parte de las potencias occidentales, le podría haber costado la vida. Brügger, acompañado en todo momento por el investigador privado sueco Göran Björkdahl, hijo de un oficial sueco de la ONU, persigue esclarecer este suceso, mientras otras cuestiones paralelas de gran magnitud se presentan ante él.

jueves, 1 de agosto de 2019

DERRIBANDO MUROS IMPOSIBLES (2019)



Resulta más sencillo de lo esperado sumergirnos en el segundo largometraje del director serbio Miroslav Terzić. “Desaparecidos” (“Šavovi”) es un drama con tintes de suspense en el que se trabaja con un hecho deleznable que se ha producido, incluso, en España. Desde hace ya unos cuantos años, las noticias sobre bebés robados en el pasado han formado parte de la agenda de los medios de comunicación. Esas inocentes víctimas que han tenido que esperar décadas para poder reencontrarse con sus familiares por culpa de la ambición de unos pocos. Entre favores y con ánimo de lucrarse, se dedicaron a destruir hogares para reconstruir otros con mayor poder adquisitivo a través de la falsificación de documentación para robar niños recién nacidos a mujeres a las que informaban del fallecimiento de sus hijos. Una cuestión sumamente delicada cuyas consecuencias seguimos observando en el presente y que el cineasta ha querido plasmar en su segunda obra.

Han tenido que pasar nada menos que siete años desde su ópera prima, “Redemption Street” (2012), que fue premiada en el Festival de Sarajevo tras apostar también por un thriller dramático sobre los crímenes de guerra en Belgrado. No se ha distanciado demasiado de esta premisa, puesto que sigue dispuesto a revisar la memoria histórica de Serbia. Basado en hechos reales, “Desaparecidos” se centra en el caso de Ana (Snezana Bogdanovic), una mujer de mediana edad que sigue empeñada en que robaron a su hijo cuando dio a luz hace 18 años. Su incesante búsqueda le ha llevado a un tremendo desgaste psicológico, pero nunca ha cesado de presionar para obtener información. En cambio, su marido Jovan (Marko Bacovic), su hija mayor Ivana (Jovana Stojiljkovic) y su hermana Marija (Vesna Trivalic) ya se han dado por vencidos. No consiguen convencerla de que continúe con su vida y deje de anclarse en el pasado. Es más, ha tenido que ser internada en el psiquiátrico, pero parece un caso perdido. Todo está estancado. Ana no para de chocar contra muros imposibles de derribar hasta que descubre una pista entre los documentos que le proporciona una funcionaria del gobierno. ¿Es posible que su hijo haya sido realmente robado?

miércoles, 31 de julio de 2019

LOS ENIGMAS DEL PASADO (2018)


Detrás de toda guerra se encuentra un auténtico inferno que nunca se aprecia a simple vista. Los medios de comunicación sólo cubren una muy reducida franja de este tipo de conflictos, mientras que el cine de no ficción suele profundizar con una mayor focalización. Sin embargo, no hay nada que nos pueda ofrecer una visión completa de ello si no se es testigo directo. Tal vez esta fue la idea que tuvo Chris “el suizo” para decidir introducirse de lleno en esta clase de escenarios. Mientras la mayoría huyen de ellos, otros se acercan con diferentes motivos, desde investigar y realizar trabajo de campo hasta unirse al ejercito para combatir por ciertas ideas, independientemente de que sea o no su país de origen.

Después de participar en el Festival de Animación de Hiroshima con su primer cortometraje “Chrigi” (2009), la directora y guionista suiza Anja Kofmel da el salto al gran metraje con “Chris the Swiss”, que fusiona las imágenes de archivo y el documental con la imaginación, es decir, una ficción que nos proporciona a través de la animación. Sin embargo, el relato supone algo más importante de lo esperado, puesto que estamos ante un fragmento de vida, un recuerdo íntimo que ha forjado a la mujer que es hoy Kofmel. Chris es su primo, fallecido en Croacia. Su cuerpo apareció el 7 de enero de 1992, en plena guerra de los Balcanes, con el uniforme de un grupo paramilitar, pero nadie supo las causas por las que fue asesinado. Sus cuadernos de apuntes llegaron a manos de su familia, pero las últimas páginas fueron arrancadas. ¿Qué es lo que le ocurrió a Chris? ¿Qué descubrió y escribió en sus libretas, que con tanto recelo alguien no quiso que publicara? Y, por tanto ¿quién fue su asesino? La cineasta ha crecido rodeada de muchos de estos interrogantes, por lo que el principal objetivo de su primer largometraje es desentrañar todo el secretismo que rodea a los últimos instantes en la vida de su primo. 

martes, 30 de julio de 2019

LA DESESPERACIÓN EN EL DESEO (2018)


Elegir un elenco con acierto es prácticamente una de las grandes claves que pueden ensalzar o hacer naufragar una cinta. De hecho, hay obras que tan sólo por el magnífico trabajo actoral ya es suficiente para encumbrarlas y, sobre todo, para recordarlas durante una larga temporada. Tal es el caso de “Only You”, el primer largometraje del director y guionista británico Harry Wootliff, en la que sus dos protagonistas se convierten en el pilar fundamental de su éxito. Tras su paso por muy escasos festivales como el Atlántida Film Fest, es difícil creer que esta película apenas haya tenido recorrido en el circuito de festivales internacionales y que tan sólo haya obtenido una simple nominación en el Festival de Londres. Sin pena ni gloria, a veces nos cuesta entender cómo un metraje tan puro y limpio puede pasar tan desapercibido y tener tan poca visibilidad. 

Su historia, elaborada entre Wootliff y el productor y guionista Matthieu de Braconier, bien podría ser la de cualquier treinteañero, repleta de responsabilidades, inquietudes, deseos de crecer, de explorar y de sentir. Una especie de contrarreloj autoimpuesto por el que es necesario hacer todo antes de nada. Elena (Laia Costa) es una mujer de 35 años que aún está soltera cuando sus mejores amigos ya comienzan a tener sus primeros hijos. Esa extraña presión permanece latente cada día, pero sirve de motivación entre sus conocidos para presentarle, incluso, algún candidato para abandonar su soledad. Tras la fiesta de nochevieja, Elena termina viéndose forzada a compartir taxi con Jake (Josh O’Connor). Desde ese momento, los dos se preparan para construir una relación con una inesperada rapidez y evitando el clásico obstáculo de la diferencia de edad, puesto que Jake cuenta con 25 años. En poco tiempo, ambos compartirán piso y, en cuestiones de unos meses más, darán un paso mayor, la búsqueda de un hijo. Sin embargo, de nada sirve correr cuando su máximo deseo se resiste, lo que genera un daño que recordarán de por vida.

lunes, 29 de julio de 2019

VIAJE DE RETORNO (2018)


Quienes han tenido que marcharse de sus lugares de origen por supervivencia mantienen una imagen de su país bañada de añoranza, con los consiguientes pensamientos de deseo de regreso prácticamente intactos a lo largo de todo su retiro, casi extensible por años e, incluso, por toda una vida. La memoria histórica mundial ha dejado grabadas millones de historias sobre el exilio, movimientos migratorios forzosos que aún a día de hoy se producen sin que seamos conscientes de ellos. Un gran número de conflictos bélicos abiertos han dejado un rastro de heridas que aparentemente no se ven, pero que dejan huella entre su población. Sobre esta base se desarrolla “Deslembro”, el primer largometraje de ficción de la directora y guionista brasileña Flávia Castro. Una coproducción brasileña-francesa-qatarí que ha ganado varios premios en el Festival de Río de Janeiro, entre otros.

En clave casi autobiográfica, la trama de esta obra nos sitúa primero en París, en donde la adolescente Joana (Jeanne Boudier) prepara sus maletas para trasladarse, junto a su familia, a Brasil, el país en el que nació y del que apenas tiene recuerdos. Su madre, Ana (Sara Antunes), tuvo que exiliarse por motivos políticos. Tras perder a su marido Eduardo/Thiago (Jesuíta Barbosa), el padre de Joana, rehizo su vida junto a Luis (Julián Marras) y su hijo, Paco (Arthur Raynaud). Ambos también se vieron forzados al exilio desde Argentina. Ahora que Brasil permanece en calma, es el momento de regresar y empezar la vida que siempre quisieron. A su llegada, Joana disfruta del primer amor en la figura de Leon (Hugo Abranches), mientras conoce a su abuela Lucia (Eliane Giardini), la persona que descubrirá a la joven quién era en verdad su padre.

jueves, 25 de julio de 2019

EL INFIERNO TRAS EL ESCENARIO (2018)


No es la primera vez que un documental nos muestra la cara y la cruz del estrellato, personalidades que triunfan en su campo, que son convertidos en “grandes dioses”, encumbrados en un mundo que parece permitirles no tener límites, pero que también se cobra su precio. Y cuando vemos esta realidad, siempre queda implícita una pregunta: ¿merece la pena? En esta línea trabaja el experimentado director israelí Tomer Heymann a través de la coproducción alemana-israelí “Jonathan Agassi me salvó la vida”, que ha tenido un extenso recorrido en el circuito de festivales internacionales, en donde se ha alzado con diferentes premios en Atlanta y Jerusalén. 

Pero, ¿quién es Jonathan Agassi? Estamos ante una de las estrellas del porno gay más importantes de los últimos años. Nacido en Nueva York, su familia israelí ahora reside en Tel Aviv, lo que le obliga a vivir entre constantes viajes que conectan una de las grandes ciudad de Israel con Berlín, en donde trabaja. Tras una infancia dura en la que su padre trató de “corregir” cruelmente su homosexualidad antes de abandonarle para residir en la capital alemana, Agassi ha logrado tocar la cúspide de su trayectoria profesional convirtiéndose en el mejor actor de porno gay, un galardón que le ha llevado a soñar a lo grande, a formar parte de las películas más célebres en este campo, a moderlar, a ser el más deseado, pero, sobre todo, a reinventarse a sí mismo con la consiguiente pesada carga de las expectativas de sus fans cuando contratan sus servicios como escort. Sin embargo, tras este éxito, tras los excesos, el placer y la diversión, descubrimos a una estrella con un lado oscuro que trata de minarle lentamente y a paso seguro. Su relación con su padre aún implica dolor, trauma y debilidad, lo que se traduce en el peor camino posible, su autodestrucción.

martes, 23 de julio de 2019

REENCUENTRO CON LOS ORÍGENES (2018)


A finales de los 60, la adopción adquirió un matiz transnacional. Parejas estadounidenses y europeas, especialmente de los países nórdicos, acudían a países asiáticos, como Vietnam o Corea del Sur, para poder adoptar a bebés y, así, formar una familia. No tardaron en unirse otros países de la región, como Tailandia, Filipinas, India, Sri Lanka, Indonesia o Bangladesh. Sin embargo, pese a que estos niños se criaron en la cultura nacional desde muy pequeños, no todos eran capaces de adaptarse por completo. El choque entre la raza y la etnia propiciaba el rechazo social desde su infancia, lo que generaba un cúmulo de traumas que, hasta bien entrados en la edad adulta y siempre con asistencia psicológica, no comenzaban a controlar. Quienes deseaban encontrar a su familia biológica, viajaban nuevamente a sus países de origen, sometiéndose a un contraste emocional brutal por lo que muchos terminaban por perder su identidad. Muchos de ellos acababan sintiéndose perdidos en un mundo que les ha rechazado y que les ha generado un sentimiento de no pertenencia a ningún lugar.

Una historia más y no en el peor sentido posible. Así es “El Retorno”, el documental de la directora surcoreana Malene Choi, que se ha alzado con varios premios en festivales como el de Jeonju, Rotterdam o Valladolid. Como si hablara en primera persona, puesto que ella misma fue una niña adoptada por una pareja danesa, el metraje retrata el viaje de Karoline (Karoline Sofie Lee) a Corea del Sur para buscar a su familia biológica. A su llegada al hostal, descubre otras historias similares a la suya, entablando amistad con otras personas adoptadas como Thomas (Thomas Hwan), que cada vez se encuentra más cerca de reencontrarse con su madre. Un viaje único para localizar sus raíces que revela miedos, traumas, necesidades y grandes contrastes.

jueves, 18 de julio de 2019

CONSUMIR, QUEMAR, DESTRUIR (2018)


Crecer es perderse una y otra vez, confundirse, tomar decisiones erróneas y construirse a uno mismo con lo que se va aprendiendo día a día. Muchos nos vemos a la deriva durante una determinada etapa de nuestra vida, que suele ser cuando nos aproximamos a la edad adulta, pero lo importante es salir de ella, de un abismo que siempre está al acecho, reconstruir los pedazos y encarar el presente como buenamente se pueda. Precisamente por esto, por ser algo más común de lo que pensamos, no es tan descabellado ver cómo el cine trata de representar este tipo de cuestiones en los últimos tiempos, aderezada por todas esas generaciones perdidas que tanto han nutrido superfluamente a los medios de comunicación desde la crisis.

“Acid” es una más de ese inmenso montón. El director y actor ruso Aleksandr Gorchilin profundiza en sí mismo para traer frente a nuestra mirada la desorientación de su generación, una más que marcha a la deriva en la construcción de su identidad. En esta búsqueda del sentido de la vida aparecen Sasha (Filipp Avdeev) y Petya (Aleksandr Kuznetsov), dos amigos que comparten fiestas, excesos, vicios, pero también inseguridades, miedos y traumas que poco a poco acaban dominando su presente. Procedentes de familias desestructuradas, han entrado en una etapa de nuevas experiencias en las que el sexo y las drogas son los grandes protagonistas. Por un lado, la madre de Sasha (Aleksandra Rebenok) acaba de llegar tras un gran tiempo de ausencia, un aspecto que su hijo no puede perdonar y que muestra a través de la incomunicación. Esto le ha llevado a rechazar el contacto, aunque busque cierta atención en mujeres maduras, como en el caso de Ljubochka (Anastasiya Evgrafova). Sin embargo, todo cambia cuando comienza a acercarse a la hija de ésta, una adolescente gimnasta (Evgeniya Sheveleva) que, de repente, supone un mayor atractivo. Por su parte, Petya permanece errante en su realidad. Tras haber vivido en casa de Sasha y de haber cometido un acto involutario, ahora se ve obligado a moverse constantemente de un lado para otro con tal de no regresar a su casa nunca más.

lunes, 15 de julio de 2019

LAS ILUSIONES PERDIDAS (2018)


No deja de ser ciertamente atractivo cuando el cine trabaja la evolución de las identidades de sus personajes, debido, sobre todo, por la gran cercanía que supone tener frente a frente historias en las que inevitablemente nos sentimos identificados. En ese camino hacia el autodescubrimiento siempre existen similitudes, pero su encanto reside en la forma en la que los personajes se enfrentan a cada bache en su camino. A este tipo de narrativas se suma “A Paris Education” (“Mes Provinciales”), el largometraje del director y guionista francés Jean-Paul Civeyrac, que formó parte de la sección Panorama de la 68ª edición del Festival de Berlín y recibió varias nominaciones en otros certámenes internacionales.

Étienne (Andranic Manet) es un joven provinciano que se traslada a París para estudiar cine en la universidad. Atrás deja a su novia, Lucie (Diane Rouxel), y a sus padres (Christine Brücher y Grigori Manoukov) para encarar una nueva etapa en su vida después de haber estudiado la carrera de filosofía. En la capital conoce a Barbara (Valentine Catzéflis), su vivaz compañera de piso; y a sus nuevas amistades, Jean-Noël (Gonzague Van Bervesseles) y Mathias (Corentin Fila). No tarda en acostumbrarse a la rutina universitaria, en experimentar nuevas exigencias de la mente crítica de Mathias, una nueva dependencia al positivismo de Jean-Noël o una nueva atracción sexual en la figura de Barbara. Es el comienzo de un primer año de estudios que se transforma lentamente en un viaje exploratorio en el que su identidad juvenil se deconstruye hasta acabar irremediablemente en la nada. Sólo así Étienne puede dar paso a un nuevo ser más real, exigente, sufrido y reflexivo. Una nueva persona que jamás podrá regresar a ser el chico prinviciano que a principios del curso llegaba a la gran ciudad con paso firme y repleto de ilusiones.

martes, 9 de julio de 2019

ENTRE LA VIDA Y LA MUERTE (2019)


Hay ciertas profesiones que no todo el mundo puede ejercer, puesto que requieren de una sensibilidad especial. Personas como el celador de mortuorio, el tanatopractor, el personal de seguridad, jardinería y mantenimiento de un cementerio o el agente comercial de una funeraria forman parte de aquellos que más cercan ven la muerte a diario. Permanentemente en las sombras, son quienes se encargan de nuestros familiares en los peores momentos. Sin embargo, precisamente porque nos vemos en una situación delicada, no solemos prestar atención a sus servicios y trato. Es por eso que “Ciudad de los Muertos”, el documental realizado por el director, productor, guionista y editor madrileño Miguel Eek, resulta un claro homenaje no sólo a la muerte, sino también a todos los trabajadores que deben enfrentarse con este tema durante su rutina. Esta convivencia entre vivos y muertos, que se estrena a través del Atlántida Film Fest, es la clave para comprender el funcionamiento de esta sosegada urbe tan diferente.

En el cementerio y tanatorio de Palma trabajan Gabi, el vigilante; José, el agente comercial; David y Sergio, los tanatopractores; Jaume y Mohammed, los jardineros; José Luis, encargado del horno del crematorio; y Manuela, la señora de la limpieza. Todos ellos parecen vivir en un mundo muy diferente en el que la muerte no es un extraño tabú, sino que, a través de sus relaciones, asistimos a diferentes visiones de esta cuestión. Unos miran al futuro con esperanza, otros se enfrentan a tan duro momento con la comicidad, con el silencio, con el respecto o con la reflexión. Cada punto de vista es valioso mientras descubrimos sus historias personales, sus preferencias para cuando llegue la hora o las memorias que se guardan como un tesoro preciado tras las lágrimas.

martes, 18 de junio de 2019

LA DISTORSIÓN DE LA EXPRESIÓN CORPÓREA (1947)

El cine no narrativo sobrevive en los márgenes relegado a viejos clichés que restan su interés entre la audiencia general. Una alternativa infravalorada que siempre guarda sorpresas en su interior y que aporta experiencias únicas en su visionado, pero que, al igual que sucede en la historia del cine mundial, ha dejado en el olvido nombres que en los últimos años se han tratado de reivindicar, especialmente aquellas cineastas que han aportado una importante contribución al cine experimental, como fueron Shirley Clarke, Storm de Hirsch o Marie Menken, entre otras muchas que, con el transcurso del tiempo, la historia les otorgará su lugar.

Así sucedió también con la artista y directora norteamericana Sara Kathryn Arledge, tristemente olvidada entre las vanguardias cinematográficas y hasta incluso ensombrecida por la figura de Maya Deren, cineasta con la que coincide temporalmente y que recobró su fama gracias a la gran influencia de sus obras en la filmografía de David Lynch. Formada en pintura y baile, es fácil observar que su mayor interés residía en la representación del cuerpo humano en movimiento, precisamente a través de la danza y el esteticismo. Es en “Introspection” (1947) en donde se puede apreciar estas inquietudes desde diversas perspectivas y ángulos. Este cine-dance, del que es considerada pionera junto a Deren, combina diversos matices entre láminas de gel de colores vivos a modo de filtros y superposiciones que envuelven los cuerpos entre telas y los rostros maquillados sobre un fondo eternamente oscuro e infinito. Una distorsión hipnótica que canaliza la expresión corpórea más poética y simbólica.

martes, 4 de junio de 2019

EL LADO MÁS BIZARRO DE LA INDUSTRIA (2018)


A veces no es necesario crear un producto demasiado elaborado para conquistar a la audiencia. Tal es el caso de la serie de animación para adultos “Back Street Girls” (“Bakku Sutorīto Gāruzu”), una producción japonesa de lo más descabellada, que parte de una premisa suculenta y original. Precedida por el éxito del manga a manos de Jasmine Gyuh a través de la revista Young Magazine desde marzo de 2015, aprovecha cuestiones tan actuales y familiares como las bandas femeninas de música pop en Japón. Esta ficción cuenta también con apoyo estadounidense, un aspecto muy apreciable en las voces de los personajes. Pocas veces tenemos el placer de disfrutar de algo tan irreverente, salvaje, divertido y políticamente incorrecto y, por tanto, es algo de agradecer entre la inmensa oferta existente.

Estamos acostumbrados a ver a la yakuza en otro tipo de circunstancias. Hombres fieles con un brutal código de honor, siempre presentes en la sociedad japonesa de alguna u otra manera. Sin embargo, en esta ocasión, un simple fallo de un miembro no termina de la forma más esperada y que tantas películas y series nos han mostrado. Kentarō Yamamoto, Ryō Tachibana y Kazuhiko Sugihara trabajan para un jefe que no dejará pasar el error que han cometido. Es por eso que, de repente, se ven ante un castigo inimaginable. En un viaje directo a Tailandia, van a ser operados para convertirse en unas idols perfectas, ya que el nuevo negocio del jefe es trabajar como manager de una banda de chicas. Así es como Kentarō será la líder Airi Yamamoto; Ryū, la rubia Mari Tachibana; y Kazuhiko, la jovencita Chika Sugihara. A primera vista, sus cuerpos son de atractivas veinteañeras, pero, en su mente, siguen siendo tres rudos yakuzas muy poco acostumbrados a los formalismos femeninos en Japón.

martes, 21 de mayo de 2019

LA ESPIRITUALIDAD DE LA BELLEZA (1928)


El artista estadounidense Man Ray nos dejó como herencia importantes metrajes que han pasado a ser indispensables para la composición de un retrato histórico del séptimo arte. “Retorno a la Razón” (1923), “Emak-Bakia” (1926) o “La Estrella de Mar” (1928) han quedado para el recuerdo por su contribución a las vanguardias clásicas, como el surrealismo. Precisamente, esta última pieza, surgida a partir de un poema del escritor parisino Robert Desnos que tomó como inspiración y que, además, figuraría en este trabajo; se convirtió en una de sus obras más populares tras su exhibición en el Cinema des Ursulines el 28 de septiembre de 1928. 

En esa carrera basada en la experimentación con la transfiguración de las imágenes en la que su fascinación por la fotografía le llevó a buscar el movimiento en sus creaciones, Ray construye el encuentro entre un hombre (André de la Rivière) y una mujer (Kiki de Montparnasse) en una estampa romántica que, incluso, adquiere ciertos tintes eróticos, mientras el tiempo y el espacio se introducen en una ensoñación claramente distorsionada. Una estrella de mar, un tubo de vidrio, unas escaleras, hojas de un periódico al vuelo, un cuchillo en alza, las líneas de la mano, un lugar solitario o una ventana componen un metraje sin historia, una aventura observada desde un latente y obligado vouyerismo que se tambalea entre las rendijas de una cinta que se escapa de cualquier convención y que nos invita a asomarnos a lo irracional.

martes, 7 de mayo de 2019

LA IRREALIDAD DE LOS DÍAS FUTUROS (2013)


El director, guionista y compositor israelí Ari Folman llamó la atención en 2008 con "Vals con Bashir", por la que obtuvo un Globo de Oro a mejor película de habla no inglesa, aunque en los Oscars sólo pudiera conformarse con la nominación. Esta entrada por la puerta grande al panorama del cine mundial fue gracias a esa peculiar fusión de géneros cinematográficos, que convierte a sus obras en llamativos híbridos en los que el documental, la animación, la denuncia política y el ensayo autobiográfico se combinan con maestría en lo que ya supone una parte muy importante de su autoría. Es cierto que no es la primera cinta que utiliza técnicas realidad/animación y, obviamente, tampoco será la última, pues este tipo de contrastes siempre captan la atención del espectador.

Cinco años después de este claro triunfo, nos haría llegar su siguiente cinta, la coproducción franco-israelí  "El Congreso". Dos horas de metraje que se inician con la actriz Robin Wright interpretándose a sí misma. Ante nosotros aparece llorando, siendo prácticamente maltratada de forma verbal por su agente Al (Harvey Keitel) en una escena que define parte de su personalidad, esa inestabilidad emocional en la que veremos a la aztriz desenvolverse. La falta de dinero le ha llevado a firmar un acuerdo con los estudios para realizar una copia de sí misma con el fin de que su cuerpo sea utilizado para su explotación. Transcurridos 20 años, en su regreso a los escenarios, será invitada a un congreso en donde la realidad se ha convertido en irrealidad con la presentación de una nueva tecnología. En el plano personal, Wright posee una vida privada alejada del estrellato, con una hija adolescente, Sarah (Sami Gayle) y un hijo, Aaron (Kodi Smit-McPhee), que posee un extraño síndrome diagnosticado por el doctor Barker (Paul Giamatti) por el que, poco a poco y sin remedio, el joven pierde visión y audición.

martes, 23 de abril de 2019

ESCAPANDO DE LA VIDA (2017)


Desde los años 90, es bastante común encontrar obras independientes en las que principalmente se trata la deriva que muchas veces caracteriza tanto a nuestra sociedad actual. Ese retrato del mal-estar tan generalizado que rebusca en el existencialismo para desnudar y que obliga a confrontarse con uno mismo sin defensa alguna. Aún a día de hoy sigue siendo un tema recurrente que despierta una inevitable empatía entre los espectadores y que descubre realidades urbanas que, de alguna u otra manera, resultan irremediablemente cercanas. A este tipo de narrativas, en las que todo parece evanescente entre no lugares e impedimentos para vivir, se suma el primer largometraje de la directora, productora y guionista Cati González. “Ekaj”, proyectado en un gran número de festivales, logró alzarse con varios premios principales que funcionan a modo de sello de calidad cuanto menos. Pero, ¿quién es la persona que da título a esta obra?

Ekaj (Jake Mestre) es un joven inocente y solitario, forzado a vagar por las calles debido a que su padre no ha sido capaz de aceptar su homosexualidad. Perdido entre la muchedumbre de Nueva York, es víctima de múltiples infortunios hasta que conoce a Mecca (Badd Idea), con el que termina compartiendo un cigarro. Su nueva amistad le protege, divierte, aconseja y apoya. Es una persona especial entre todo lo que le rodea. Él le enseña a robar, a prostituirse, a ser independiente, a mantenerse en una vida de constantes tropiezos. Ambos salen a trabajar por la noche, mientras que, por el día, se cuelan en el piso del primo de Mecca o buscan refugio entre extraños conocidos. Ekaj crece, descubre un amor erróneo, un negocio para el que sirve, una nueva excusa para consumir drogas que le hagan soportar su día a día. Sin embargo, la salud de Mecca se deteriora demasiado rápido. El SIDA pretende interponerse entre lo más verdadero que tiene Ekaj, su amistad con Mecca.

martes, 9 de abril de 2019

CON EL TIEMPO EN CONTRA (1962)


La directora francesa Agnès Varda nos dejaba en un año de máxima reivindicación feminista. Una mujer que siempre ha permanecido a la sombra de importantes cineastas de la Nouvelle Vague, como Jean-Luc Godard, François Truffaut o Claude Chabrol, entre otros. A pesar de su reconocimiento nacional, es cierto que la historia del cine mundial obvió por completo su papel dentro de este movimiento, tan crucial como otros autores que ayudaron a romper con el clasicismo cinematográfico. Sin embargo, el presente parece tener intenciones de otorgarle el lugar que se merece, aunque hayan transcurrido demasiadas décadas para lograrlo. Toda una pionera desde sus inicios con la ópera prima “La Pointe-Courte” (1955), una película compuesta por dos episodios que mostraban la cotidianidad desde diversos ángulos y que ya dejaba entrever la sofisticación por la que más tarde destacó su autoría.

No sería hasta 1962 cuando Varda suscitó un gran interés con la que es considerada a día de hoy su obra maestra, “Cléo de 5 a 7”. Tras varios cortometrajes de corte documental, la directora regresaba al mundo de la ficción con una narración escrita por ella misma, que fue recompensada con una nominación en el Festival de Cannes de ese mismo año y un premio a mejor película por el Sindicato de Críticos de Cine de Francia. Estamos ante un poético relato de una joven cantante en plena crisis. Cléo (Corinne Marchand) se encuentra a la espera de recibir los resultados de una prueba médica, pero, en su desesperación, visita a una adivina para que le anticipe la noticia. Según ésta, el final de Cléo es terrible, puesto que tiene cáncer. La inquietud de la protagonista por saber su realidad se incrementa con el paso de las horas. Su ayudante, Angèle (Dominique Davray), sus amigos y compañeros de trabajo e, incluso, su amante (José Luis de Vilallonga) no son capaces de consolarla, por lo que Cléo, agobiada por la situación, decide marcharse en soledad, momento en el que, por casualidad, conoce a Antoine (Antoine Bourseiller), un joven soldado que debe marcharse al terminar el día, pero que, eclipsado totalmente por ella, decide acompañarla en tan terrible espera.

martes, 2 de abril de 2019

EL VIBRANTE EXPRESIONISMO ABSTRACTO (1958)


La directora estadounidense de cine independiente y experimental Shirley Clarke bien podría haber sido recordada como una de las precursoras del videoclip contemporáneo, como sucede con Kenneth Anger y su tan célebre “Scorpio Rising”. Más recordada por otras de sus labores, como sus metrajes dedicados a la danza, que tanto conquistaron a la crítica; y su cargo dentro de Unicef y la televisión pública norteamericana; Clarke nunca planeó dedicar su vida al séptimo arte, aunque la influencia de compañeros de estudios, como Hans Richter, o sus más cercanas amistades, entre las que destacaban nombres como Maya Deren, Stan Brakhage o Jonas Mekas; que pudieron tener parte de culpa.

Precisamente, un ejemplo de las influencias que llegaron a su vida fue su cortometraje “Bridges-Go-Round”, que recoge una mirada muy especial de los espectaculares y emblemáticos puentes que atraviesan el puerto de Nueva York. Realizado a partir de grabaciones sobrantes de algunos proyectos anteriores, la pieza transmite una ensoñación rítmica a partir de abstracciones reveladas al son de la música. La historia ha permitido recordar esta obra como un perfecto ejercicio de expresionismo abstracto que contaba con dos bandas sonoras: la primera, una base electrónica a cargo de los pioneros Louis y Bebe Barron; y la segunda, muy diferente, una composición de jazz creada por el compositor Teo Macero. Esto bien pudiera deberse a caprichos de la cineasta o a favores por amistad, pero, en realidad, los posibles problemas con los derechos de autor obligaron a Clarke a contar con una segunda opción como reemplazo. Curiosamente, nunca se produjo tal conflicto, por lo que se pudo exhibir el metraje con ambas piezas, sumergiendo al espectador en dos experiencias que parecen totalmente distintas.

miércoles, 27 de marzo de 2019

LA MIRADA ROMÁNTICA DEL MOVIMIENTO (1923)


Las obras fotográficas de Man Ray son inolvidables. Cómo ignorar la sensual espalda de, por aquellos entonces, su amante, Kiki de Montparnasse, y las efes del violonchelo que dibujó para su “Le violón d’lngres” o las perfectas lágrimas de cristal que mostraban una tristeza irreal y romántica en “Les Larmes”. Su delicada y elegante composición forjaron su popularidad y un hueco en la historia del arte mundial, dejando una huella imborrable en las vanguardias parisinas de principios del siglo XX. Esa sensibilidad que caracterizaba a su propio universo poético le llevó a extender su talento e inquietud a la pintura o el cine, formando parte de corrientes clásicas como el dadaísmo o el surrealismo. 

Entre la década de los 20 y los 40, Man Ray aportó vida a sus magníficas obras. Precisamente, ese movimiento por el que el hombre quedó fascinado con aquel artilugio cinematográfico que se acercaba cada vez más a los sueños. En la retina de los más afortunados quedaría el curioso experimento de “Retorno a la Razón”, una pieza que rompe con los límites del momento, que supone una explosión visual de formas entre un aparente caos estético y que surgió de manera improvisada. El mismo poeta y ensayista rumano Tristan Tzara le encargó un trabajo como parte de “La Soirée duCoeur à barbe”, un programa centrado en cine, música y poesía, que se celebraba en el Théâtre Michel de París el 6 de julio de 1923 y que no estuvo exento de varios imprevistos que pudieron haber destruído el metraje ante un público que, supuestamente, no tuvo tiempo de reaccionar a esta inesperada novedad sin sentido, cuya segunda exhibición fue cancelada junto al resto de las actividades del programa. Sin duda, está claro que nadie quedó indiferente frente a un evento demasiado moderno para su época.

martes, 19 de marzo de 2019

EN EL LABERINTO DE LA CREATIVIDAD (2016)


Hay ciertos directores que han pasado a la historia del cine por su innegable toque de originalidad en unas filmografías que son, cuanto menos, indispensables. Precisamente, uno de ellos es el afamado cineasta estadounidense David Lynch. Hombre enigmático por culpa de una mente inquieta a nivel artístico, es considerado como uno de los grandes maestros de la cámara que ha aglutinado un sinfín de fervientes seguidores. Está claro que o sabes apreciar su trayectoria o detestas su mirada tan personal, pero lo cierto es que nunca pasa indiferente entre los espectadores, especialmente por sus intrincadas narrativas, que a más de uno le sumerge en la máxima incomprensión ante la exigencia de un alto nivel de atención. Sin embargo, el autor no sólo experimenta en el mundo cinematográfico, sino que este loco genio guarda para sí mismo otras facetas desconocidas, aunque, a estas alturas, no resulten tan sorprendentes viniendo de él, puesto que sus primeros cortometrajes ya desvelaban una mente inquieta con ansias de explorar el mundo artístico en todas sus vertientes.

Los directores Jon Nguyen, Rick Barnes y Olivia Neergaard-Holm debutaban tras las cámaras con un documental que trata de esclarecer la identidad más íntima del cineasta, dejando a un lado su perfil de celebridad. Con dos nominaciones en los festivales de Londres y Venecia, “David Lynch: The Art Life” es una obra que rinde homenaje también a sus seguidores y a los espectadores más cinéfilos. Un acercamiento de apenas 90 minutos que supone un viaje a las profundidades en compañía del mismísimo Lynch. Esta coproducción británica-danesa indaga con cuidado en el interior del alma, observa el pincel en movimiento para desvelar, con el tiempo, una más de sus curiosas creaciones, pero evita en todo momento deconstruir por ansias de curiosidad. La cinta enlaza con gran elegancia los diferentes episodios en la vida de Lynch, formando un retrato de su verdadera identidad. 

martes, 5 de marzo de 2019

EN EL ABISMO DEL TRAUMA (2015)


A veces, el colapso de los blockbusters en la cartelera ensombrecen pequeñas, pero muy prometedoras obras que necesitan de una mayor atención. Nuevos talentos que nutren los festivales de cine en busca de una oportunidad, financiación, visibilidad y, en definitiva, abrirse camino en un mundo que parece siempre inalcanzable. Sin ir más lejos, este es el caso de “Moon Young”, un mediometraje de bajo presupuesto realizado por Kim So-Yeon, que formó parte del programa del Festival de Cine Independiente de Seúl en su edición de 2013 y del Indie Forum de 2016 en una primera versión de 43 minutos. Una presentación que pasó totalmente desapercibida, pero que, en cambio, permitió su estreno en la cartelera surcoreana en 2017 con una segunda versión más extendida, llegando a alcanzar los 64 minutos. Tan sólo poco más de 8.000 personas pudieron disfrutar de este trabajo, que, a pesar de ser proyectado en apenas 23 cines del país, logró recaudar 50.768 dólares.

Kim dedica su primera obra a Moon Young (Kim Tae-Ri), una chica muda que siempre carga con una pequeña videocámara para recoger imágenes de todo lo que le rodea. Con ella, filma en secreto a los transeúntes anónimos que pasan a su lado para que el día transcurra más rápido. Por la noche, regresa a su casa, en donde su padre (Park Wan-Gyu) espera borracho y con ganas de discutir por cualquier cosa. Cansada de esta situación, vuelve a coger su cámara y se marcha del apartamento para pasear por las oscuras calles de la ciudad. Sin embargo, un tremendo revuelo le espera a la vuelta de la esquina. Es una pareja discutiendo a voces. Moon Young les espía en silencio hasta que es descubierta por Hee-Soo (Jung Hyun), mientras que su novio Kwon Hyuk-Chul (Park Jung-Sik) trata de escapar de la situación.

lunes, 25 de febrero de 2019

LA VIVEZA DEL COLOR (1965)


Gracias a la labor que llevó a cabo el New American Cinema Group (NACG), la distribución de los metrajes de aquellas vanguardias modernas estadounidenses fueron un hecho. Precisamente por esto, hoy en día podemos tener acceso a muchas piezas indispensables para comprender una época de la historia del cine de lo más creativa. El 14 de julio de 1961, en Nueva York, 22 artistas, entre los que destacan Jonas Mekas, Shirley Clarke, Ken y Flo Jacobs, Andy Warhol o Jack Smith, se reunieron para formar esta cooperativa que aún sigue en activo. Entre aquellos grandes visionarios se encontraba la poeta y cineasta Storm de Hirsch, una mujer que ha sido totalmente ignorada por los historiadores a pesar de su enorme contribución al cine underground y experimental.

Sus palabras se transformaron en imágenes durante los años 60, tal vez empujada por sus propias inquietudes y su ánimo de trabajar con otras artes o por su círculo más cercano, activos en la producción de películas fuera del circuito comercial. Sin una cámara propia, De Hirsch se centró en la improvisación en sus primeros años de trayectoria cinematográfica hasta que, en 1965, creó una de sus obras más emblemáticas, “Peyote Queen”. Influida claramente por esa base poética sobre la que tenía una mayor experiencia y que nunca abandonó, el color se promulga como un claro protagonista de la que supone una segunda parte de la trilogía compuesta también por “Divinations” (1964) y “Shaman” (1966).