martes, 22 de octubre de 2019

EL ARTE DE LA INNOVACIÓN (1897)


Durante los primeros años de vida del cine, se produjo una curiosa fascinación por el movimiento que proporcionaba el atípico traje con el que danzaban las bailarinas de la popular Danza Serpentina. La tela de un enorme vestido prácticamente al vuelo a manos de una joven belleza encandiló a la sociedad estadounidense y europea durante la última década del siglo XIX. Precisamente en ello tuvo mucho que ver una mujer, una pionera de esta danza moderna. La bailarina y coreógrafa de burlesque y vodevil Loie Fuller terminó por convertirse en actriz, en modelo de cartelería, en musa para artistas franceses, pero, sobre todo, en un referente de los orígenes del séptimo arte.

Sin embargo, lo que en un principio surgió para experimentar con la iluminación sobre el escenario del teatro, logrando la fascinación de los asistentes por los diversos focos de luz y las extrañas peripecias cegadoras y formas impensables que emitía una simple tela de gasa; se transformó en un auténtico juego de colores que pasó por las manos de los más importantes cineastas de estos comienzos de la historia del cine. Efectivamente, el invento de Fuller proporcionaba un ensayo cinematográfico sin igual y hasta entonces nunca visto, un ejercicio que fundía los efectos de luz, el trepidante movimiento y las transiciones de colores, casi como si de una carrera o competición entre ellos se tratase.

martes, 15 de octubre de 2019

LOS COLORES DEL OTOÑO (1899)

La palabra momijigari viene a definir la tradicional actividad japonesa de contemplar las hojas de los árboles en otoño y disfrutar de los colores anaranjados y amarillentos que siempre generan un llamativo contraste en el paisaje. Las ciudades de Nikkō, Tochigi y Kyoto siempre han recibido a un gran número de viajeros desde la era de Heian únicamente para continuar con una tradición que busca en todo momento apreciar la belleza de la naturaleza. Pero a parte de esta práctica, Momijigari es una danza japonesa (shosagoto) que combina los encantos del teatro kabuki y el noh, lo que nos lleva a recordar el hasta ahora considerado uno de los primeros metrajes cinematográficos de Japón. Precisamente, la pieza “Momijigari” ha encumbrado la labor histórica realizada tanto por su director, Tsunekichi Shibata, como por su escritor original, el célebre dramaturgo Kanze Nobumitsu.

Rodada en 1899 y considerada como Propiedad Cultural Importante bajo la Ley de Protección de Bienes Culturales de Japón, la obra representa tan solo una escena de la verdadera historia escrita por Nobumitsu, centrada en el viaje de una mujer de alto rango, la princesa Sarashina, para contemplar la belleza del otoño en las montañas de Shinano. Sobre este maravilloso escenario, se producirá su encuentro con el comandante Taira no Koremori entre bailes y alcohol. Debido a su extensión y al año en el que se produjo el rodaje, la pieza sólo escenifica el instante en el que el protagonista lucha contra un demonio que se presenta ante él disfrazado de la joven. Precisamente por este hecho, es considerada como un antecedente de aquel cine clásico que representaba fragmentos propios del teatro kabuki y que discurría sobre la fina línea que siempre se ha establecido entre el documental y la ficción.