miércoles, 27 de mayo de 2020

EN LAS REDES DEL MAR (2014)


Ciertas cinematografías suelen colapsar nuestra agenda casi de forma irremediable, nublando nuestra vista sin posibilidad de mirar más allá de los límites. Por suerte, en estos días que vivimos, Internet nos ofrece un mundo de posibilidades que explorar. Ahora más que nunca, las distancias se acortan para disfrutar de cinematografías que con anterioridad eran prácticamente inaccesibles, tan solo por vías tradicionales como la red internacional de festivales de cine. Ya no hay excusas frente a ello, por lo que si uno no ha descubierto nuevos parajes es por falta de curiosidad o apetencia. Tomando un caso concreto, en pocas ocasiones hemos podido disfrutar en nuestra cartelera de algún ejemplar de cine maltés, pese a que los certámenes se encargan de difundir algunas de sus producciones más reseñables. 

Nada menos que doce premios se llevó la directora y guionista maltesa Rebecca Cremona con su primer largometraje, “Simshar”. Chipre, Edmonton, Nápoles o California recibieron en sus respectivas programaciones este drama social basado en hechos reales, concretamente, en el incidente que tuvo lugar el 11 de julio de 2008 en la costa oriental de Malta. La historia parte de la dificultad que supone tener los papeles en regla para que los pescadores puedan salir a navegar. De hecho, no todos se atreven, pero Simon (Lotfi Abdelli) decide embarcar en el Simshar dejando atrás a su mujer Sharin (Clare Agius). Su única compañía será la de su hijo mayor Theo (Adrian Farrugia), su suegro Karmenu (Jimi Busuttil) y Moussa (Sékouba Doucouré), un inmigrante africano que suele trabajar con ellos. A poca distancia de su embarcación se encuentra un carguero de mercancías que transporta a un grupo de inmigrantes africanos, confinados para evitar ser vistos por las autoridades. Una tragedia humanitaria sucede al mismo tiempo que el barco de Simon se incendia para dejarlos a la deriva.

miércoles, 13 de mayo de 2020

LA ESCLAVITUD DEL DINERO (1909)


David Wark Griffith fue uno de los primeros directores y guionistas que siempre sembraba controversia con cada uno de sus trabajos. A lo largo de la historia del cine, siempre le han acompañado términos como racismo, xenofobia o misoginia, pero, a pesar de ello, sus obras se han convertido en piezas indispensables en la evolución del séptimo arte. 

Independientemente de sus obras más reconocidas, como “El Nacimiento de una Nación” (1915) y su elegante montaje paralelo, “Intolerancia” (1916) y la injusticia religiosa y social o “Lirios Rojos” (1919) y el trágico romance entre un inmigrante chino y una inocente joven maltratada; nos queda un valioso legado con un gran número de pequeños metrajes que desarrolló a lo largo de su fulgurante carrera, entre los que cabe recordar “Los Mosqueteros de Pig Alley” (1912), considerada a día de hoy como una de las primeras piezas de cine de gángsteres; “La Telegrafista de Lonedale” (1911), el perfecto ejemplo de cine narrativo primitivo; o “El Valor del Trigo” (1909), un drama especialmente crítico con las diferencias entre las clases sociales.

En este último caso, encontramos la adaptación de la novela “The Pit” (1903), escrita por el novelista estadounidense Frank Norris. Griffith y Frank E. Woods construyen una narración que viene iniciada por un agricultor (James Kirkwood) que trabaja en el campo realizando sus labores de siembra. Aún no es consciente de la estrategia que tiene pensado llevar a cabo “el rey del trigo” (Frank Powell). El pueblo disfruta de los bajos precios del trigo hasta que decide subir el coste a su antojo, provocando que muchos de ellos ni siquiera puedan adquirir una barra de pan para comer. Es curioso que la crítica que inserta Griffith en su obra sigue estando de plena actualidad. De hecho, su ambientación corresponde a décadas anteriores, aunque su trama parezca un reflejo de nuestra actualidad en el ámbito de la agricultura, por lo que bien se podría decir que estamos ante una pequeña aproximación a una situación perpetuada en el tiempo.