viernes, 23 de octubre de 2015

LA MAGIA DE LA LUNA (2011)

La luna es el eje de multitud de leyendas, un recurso sin igual para los relatos fantásticos y, por supuesto, un elemento clásico en el mundo del séptimo arte. Romance, ciencia ficción, aventuras, terror o comedia, es indiferente el género en el que no se haya aprovechado su presencia para dar rienda suelta a historias que nos han atrapado, que nos han trasladado a otros mundos. La compañía Pixar tampoco podía resistirse ante las oportunidades que brinda tan mágica estrella para dar nombre al elogiado cortometraje animado del prestigioso cineasta y artista italiano Enrico Casarosa

Encargado de los storyboards de grandes largometrajes como “Ice Age. La Edad de Hielo” (Chris Wedge y Carlos Saldanha, 2002), “Ratatouille” (Brad Bird, 2007) o la brillante “Up” (Pete Docter y Bob Peterson, 2009), presentó su ópera prima “La Luna” en el Festival Internacional de Cine de Animación de Annecy en 2011 y logró que formara parte de la exhibición en cines de la cinta “Brave (Indomable)” (Mark Andrews, Brenda Chapman y Steve Purcell, 2012), la exitosa coproducción de Pixar y Walt Disney Pictures.

Las nominaciones a los Premios Annie y los Oscars le otorgaron una mayor consideración a esta especie de sencillo cuento de ensoñación, que es protagonizado por un niño que acompaña a trabajar, por primera vez, a su padre y a su abuelo. Surcan el mar en una antigua barca de madera para llegar a descubrir el empleo familiar en el que el pequeño colaborará. Una actividad secreta con la que él saciará su curiosidad y reflexionará sobre cómo deberá enfrentarla, si desde la tradicional forma que llevan a cabo sus parientes o desde su peculiar y moderna visión.

Casarosa mima con cariño su propia pieza para plasmar una cuestión de relevancia de un modo inteligente, original y simple. La edulcorada narración engarza una bella y creativa historia repleta de sensatez, que se mantiene cercana a la infancia, pero siempre pendiente de la madurez, de la etapa en la que llegan las responsabilidades más importantes, en la que los sueños saben a realismo y los deseos empiezan a desinflarse. Un mundo del que a veces nos distanciamos por culpa de una inevitable rutina que nos impide ser nosotros mismos. Tampoco hay que olvidar la idea más evidente: las tradiciones. Esas costumbres que se mantienen generación tras generación y que, de vez en cuando, requieren ser actualizadas sin necesidad de que su esencia se vea afectada. 

Todas estas cuestiones pueden ser extraídas únicamente desde el aspecto visual, puesto que los personajes apenas hablan y, en el momento en el que lo hacen, utilizan una lengua no reconocida. “La Luna” es uno de los cortometrajes más metafóricos de Pixar, que, como era de esperar, posee trabajo técnico a la altura y de una calidad que sólo esta compañía podría proporcionar a su público. Los juegos entre luces y sombras embellecen aún más un metraje que transcurre, durante los casi 7 minutos de duración, bajo la inconfundible batuta del célebre compositor estadounidense Michael Giacchino. Una fantástica labor de equipo que sólo se puede traducir en genialidad. 



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