jueves, 5 de noviembre de 2015

EN LAS PROFUNDIDADES DE CHINA (2013)

El cine es una perfecta plataforma para denunciar injusticias, situaciones moralmente inaceptables en lugares que son totalmente desconocidos e ignorados por los medios de comunicación. No sólo cumple su objetivo de entretener, sino que podemos ser testigos casi directos de episodios llenos de crueldad, opresión y miseria adaptados a un espectador que observa desde la lejanía. 

Precisamente, el cineasta chino Jia Zhang Ke aprovecha su trabajo “Un Toque de Violencia” para presentar una pequeña muestra del estado en el que se encuentra su país. El comunismo da sus últimos coletazos ante un capitalismo extremo que arrasa a su paso. La población sobrevive a duras penas con unas condiciones de vida realmente precarias, rodeados de la corrupción que se adueña de las calles y de la tiranía de los más poderosos, que incitan a la alineación de la sociedad. Una situación inestable a la que el resto del mundo da la espalda y que el autor intenta plasmar de la forma más realista posible. 

Más de dos horas y media de metraje divididas en cuatro historias, cuatro personajes principales que se ven afectados por un denominador común: la violencia. Dahai (Jiang Wu) es un minero que decide tomarse la justicia por su mano cuando ve que sus reclamaciones son totalmente ignoradas por los altos cargos y su pueblo es tratado injustamente. San’er (Baoqiang Wang) viaja armado y sin rumbo fijo, dejando atrás a su familia. Xiaoyu (Tao Zhao) es una joven que busca una relación de pareja en alguien que ya está casado, mientras su trabajo como recepcionista de sauna la obliga a soportar el acoso de los clientes. Por último, Xiaohui (Lanshan Luo) consigue un empleo como camarero en un gran hotel hasta que una prostituta entra en su vida. 

Los cuatro relatos son ampliamente conocidos en la sociedad china gracias a las redes sociales, un medio del que Zhang Ke hace uso para nutrir una trama basada, principalmente, en cómo las personas más atormentadas son llevadas al límite de lo racional por culpa de un país que ha experimentado un crecimiento sin control en los últimos años. Desde el inicio del largometraje, el autor no deja respiro con escenas de gran crueldad y violencia explícita. Los dos actores más veteranos, Jiang Wu y Baoqiang Wang, protagonizan las secuencias más interesantes. Su amplia experiencia, dentro del cine oriental, les lleva a desplegar todo su talento natural con unas actuaciones perfectas en las que sus personajes pasan de un extremo a otro a la menor oportunidad, desde la impotencia ante la lucha hasta la cólera exteriorizada de una forma incontrolable.  

No obstante, a mitad de cinta, la narración comienza a experimentar ciertos toques de emotividad y dramatismo en detrimento de la violencia. Su ritmo se muestra algo más pausado en un guion que revela alguna que otra debilidad con respecto a lo que prometía en sus inicios. Las historias de Xiaoyu y Xiaohui se desarrollan, en gran medida, de forma inverosímil e irracional en comparación con sus otras dos antecesoras. A pesar de este tipo de altibajos en la acción, el mayor impulso viene a manos de los diálogos, cargados de un brillante ingenio y una elegante ironía para lograr atraparnos de principio a fin. Un trabajo que recibió su recompensa en el Festival de Cannes de 2013 con el premio al Mejor Guion. 

Zhang Ke vuelve a contar con su indispensable director de fotografía Nelson Yu Lik-Wai, a quien también vimos en todo su esplendor con la emotiva cinta de Ann Hui, “Una Vida Sencilla” (2011). Esa alienación de los personajes queda refleja en el grisáceo, lúgubre e invernal ambiente, impactando en cada escena al otorgar una especial importancia al industrial paisaje que se nos muestra. Una atmósfera desoladora y llena de suciedad en la que la muerte permanece al acecho en cada rincón y en donde la esperanza es incapaz de anidar. El escenario que nos presenta el autor choca totalmente con la imagen que proyecta China a nivel internacional, que siempre trata de explotar la belleza de la naturaleza y el intenso baño de color que brindan sus tradicionales festividades.

“Un Toque de Violencia” nos invita a explorar el otro lado de un país que experimenta todo tipo de cambios, que se desarrolla de forma trepidante y no precisamente para procurar un porvenir a sus ciudadanos. Como buen cine oriental, puede que peque de cierta lentitud en su narración, pero Zhang Ke consigue llevar nuestra sensibilidad a límites desconocidos con toda clase de violencia explícita, incluso en animales. Todo un ejemplo de cómo la población puede llegar a destruir a sus iguales a través del odio y el miedo, de las barbaries y la crueldad.

Lo mejor: las fantásticas actuaciones de Jiang Wu y Baoqiang Wang. La presentación de una China totalmente irreconocible.

Lo peor: los altibajos en su trama al desarrollar cuatro historias diferentes.



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