miércoles, 1 de abril de 2015

UN CUENTO EXCESIVAMENTE DULCE (2015)



A estas alturas, es raro que alguien no conozca mínimamente la historia de “Cenicienta”. El clásico de Disney cobra vida (como muchos otros) de la mano del respetado director irlandés Kenneth Branagh, un amante del cine y el teatro a partes iguales y es que sólo hay que ver su filmografía para darnos cuenta de que al autor le apasionan los grandes literatos. Como cabía esperar, el famoso cuento viene cargado por un exceso de dramatismo que pone histérico al más calmado.

Con alguna que otra variación con respecto a la trama de dibujos animados, encontramos ciertos detalles que nos evocan a otras películas de la compañía, como “La Bella Durmiente”. Unos pequeños guiños que refrescan la archiconocida vida de la protagonista y que, al menos, consiguen mantener el hilo de una narración que aprueba por los pelos. La princesa, que había sido olvidada por las nuevas generaciones con corona, tiene una imagen más fresca y renovada gracias a la interpretación de una cándida Lily James, Ella, que cumple con el arquetipo de belleza y con el papel de mujer con excesiva fragilidad psicológica que se rige por valores idealistas de bondad y valor, aunque la última cualidad no salga a relucir hasta los últimos minutos. Igualmente, su facilidad para perdonar (en cuestión de segundos), nos hace mostrar una extraña mueca que no dejaríamos pasar en otros trabajos, pero que, en esta ocasión, teniendo en cuenta que se trata de una producción de corte infantil, no nos queda más remedio que aceptar.

Inigualable es, sin duda, la actuación de una Cate Blanchett malvada como pocas y que resulta ser todo un acierto en cuanto al casting escogido. Por otro lado, una edulcorada Helena Bonham Carter como Hada Madrina choca en demasía con las anteriores facetas adoptadas a lo largo de su carrera. Más bien, nos recordaría a sus comienzos con aquellos papeles de época de una jovencísima e inocente actriz. Por su parte, poco queda por decir de un correcto Richard Madden encarnando al típico príncipe ideal que busca el amor verdadero y no un matrimonio concertado (el eterno dilema de siempre).

No obstante, si por algo tiene un gran mérito el largometraje, es por su excelente vestuario a manos de la diseñadora británica Sandy Powell, que ya es indispensable en el equipo de Martin Scorsese. La espectacularidad de los trajes con brocados, sedas y colores chillones; y el derroche de los decorados tan barrocos deslumbran en todo momento. Una sobresaliente labor fotográfica por parte del cineasta chipriota Haris Zambarloukos que consigue dar en el blanco al crear ese halo mágico de todo mundo imaginario.

Como producción para el público infantil, “Cenicienta” es una película sensacional para que los más pequeños puedan disfrutar y sorprenderse con cada detalle, pero, quitando este aspecto, nos quedamos simplemente con poco mas de hora y media de entretenimiento dulcificado con los típicos personajes fantásticos y la clásica historia de cuento que, a excepción de ciertos aspectos técnicos, no innova en absoluto.

Lo mejor: su fantástico vestuario de época y la fotografía recargada de la que hace gala. La interpretación de Blanchett es superior a la del resto de sus compañeros.

Lo peor: es el cuento de siempre.


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