martes, 24 de noviembre de 2015

AL SERVICIO DEL PUEBLO (2014)

La teoría nos cuenta que los medios de comunicación deben estar al servicio del ciudadano y no del gobierno y las grandes compañías y, visto así, suena realmente idílico, puesto que son pocos los casos en los que se lleva a la práctica. Quienes deberían estar a cargo de la justicia, denunciando todos los actos de corrupción e ilegalidades para que salgan a la luz, deben lograr que el pueblo sea conocedor de todo lo que sucede a su alrededor. Ya sabemos que el poder tiende a mantenerlos bajo control, que ciertas cuestiones nunca llegan a hacerse públicas y que muchos periodistas ven tambalear su puesto de trabajo por saber más de la cuenta. Entonces, ¿cuál es el papel real de los medios de comunicación?

En 2005, Corea del Sur vio cómo uno de sus científicos más queridos, Hwang Woo-Suk, era investigado por fraude, por un grupo de investigadores, en su tratamiento de las células madre. Éstos hechos, de alguna manera, quedaron reflejados en el largometraje de una de las pocas mujeres directoras del país, Yim Soon-Rye, “The Whistleblower (El Confidente)”, en la que Yoon Min-Cheol (Park Hae-Il), el productor del programa de noticias “PD Chase” de la cadena de televisión NBS, recibe un aviso sobre la Clínica Newman, en donde compran óvulos de forma ilegal que, posteriormente, eran comprados por el científico Lee Jang-Hwan (Lee Kyeong-Yeong), un importante doctor que había conseguido un sinfín de seguidores gracias a su impresionante carisma, su despliegue publicitario y, sobre todo, por las esperanzas de quienes necesitan ser curados o tienen algún familiar que podría mejorar gracias a la búsqueda de la cura de ciertas enfermedades a partir de las células madre. Cuando un exempleado del médico, Shim Min-Ho (Yoo Yeon-Seok) decide llamar a Min-Cheol, se destapa mucho más allá de lo esperado, dejando por tierra todo lo dicho y prometido por el científico, que no durará en enfrentarlos con cualquier contraargumentación y manipular el cariño de quienes han visto la ilusión de un futuro mejor reflejada en él.

El guionista Lee Choon-Hyung hace especial hincapié, a través de los diálogos y de forma inteligente, la diferencia entre la verdad y el interés nacional y cuál de los dos debe tener prioridad frente al otro. También se exploran cuestiones como la reacción de las masas ante la caída de un ídolo, el hecho de no querer escuchar ciertas verdades, la falsificación de la realidad que algunos hacen por interés y la delgada línea que separa la información de la propaganda. “The Whistleblower (El Confidente)” es un thriller intenso, convincente, de excelente ritmo que se vuelca en la avaricia de las grandes compañías y la supeditación de los medios ante éstas, algo que va más allá del territorio surcoreano, por desgracia. Dos entretenidas horas de suspense y crítica social que se centran mayormente en la investigación que realiza el periodista y la joven reportera Kim I-Seul (Song Ha-Yun) y su visión del caso. 

Pese a ser un hecho muy reconocido en Corea del Sur, Soon-Rye se guarda algunos ases en la manga para que el espectador dude de cuál es la verdad hasta el último momento. Los constantes giros, entre los que destaca la intervención del pueblo en contra de los periodistas, y la evolución de los diálogos en casi grandiosos discursos y cuestiones reflexivas dirigidas al público y enfocados a la facilidad con la que pueden ser falsificados datos científicos, haciendo que cada dato sea comprensible para el oyente.

También se destaca el papel del denunciante, el nivel de sufrimiento y falta de credibilidad al que se expone, llegando a ser un gran sacrificio el hecho de denunciar ante los medios las injusticias de los más poderosos. En este caso, Min-Ho es quien realmente sale perdiendo, puesto que, a parte de que su matrimonio se rompa a causa de que se esposa Kim Mi Hyun (Ryu Hyun-Kyung) también trabaje para el científico y su marido no pueda revelarla nada para no ponerla en peligro, ve cómo sus esperanzas son hechas añicos, puesto que él decidió colaborar en el proyecto para curar la enfermedad de su hija. En cierta manera, Soon-Rye guarda un sutil homenaje a este tipo de personas que luchan por evitar corrupciones y que facilitan la labor de los informadores.

El elenco actoral es precisamente sólido. Hae-Il se encarga del papel principal con una interpretación más que perfecta al irradiar la fuerza y el ímpetu necesario del periodista de investigación idílico, que, para colmo, es el encargado de llevar todo el peso y la presión de todos los bandos. Admirablemente tenaz, exhaustivo, dedica el máximo tiempo posible para recopilar todo tipo de pruebas en contra del Dr. Lee, que, en este caso, viene encarnado por el veterano Kyung-Young, que se muestra brillante ante la pantalla, hasta el punto de hacernos dudar de todo lo que sucede en el metraje con su carismático juego de manipulación de conciencias.

La multitud de espacios en los que se desarrolla la acción facilita ese ritmo vibrante de la narración. En este segundo trabajo del director de fotografía Park Young-Joon se potencian las tonalidades azules y grisáceas del mundo urbanita, mientras que los entornos oscurecidos y sombríos acompañan al secretismo que genera el suspense. Es necesario destacar el tratamiento realizado en las escenas del perro clonado fruto de las investigaciones del científico, en las que encontramos a un animal demacrado, al borde de una muerte extremadamente lenta y agonizante y con el que nos concienciamos de la auténtica gravedad de la situación expuesta en “The Whistleblower (El Confidente)”. Y es que a veces parece mentira los niveles de crueldad que una persona puede alcanzar sólo por conseguir el poder. Por eso, ahora más que nunca, es vital la labor de los periodistas que de verdad sirven al pueblo y no a las grandes compañías y sus intereses.

Lo mejor: el trepidante montaje y la fácil inmersión en la acción. Las interpretaciones de Hae-Il y, sobre todo, de Kyung-Young.

Lo peor: el final de una historia que, al estar basada en hechos reales, ya hay conocimiento de ella.



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