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martes, 1 de marzo de 2022

LAS VOCES QUE HAN SIDO SILENCIADAS (2020)

La directora y guionista Yukiko Sode inició su andadura con el cortometraje “Cosplayer” (2004), seleccionado por el Festival de PIA. Sin embargo, saltó al panorama internacional a través del Festival de Vancouver gracias a su premiado primer largometraje “Mime-Mime” (2008), un relato que nos introduce en el seno de una familia por medio de las vivencias de Makoto, una joven que necesita experimentar un cambio en su vida tras el segundo matrimonio de su madre, tener una fuerte discusión con su hermana y escuchar los sermones de su cuñado. Esta obra se ha convertido en una pieza clave en su autoría, puesto que, desde el primer momento, Sode comenzó a trabajar con retratos femeninos muy personales que, a su vez, presentan el contexto actual de la mujer japonesa contemporánea. Su segundo cortometraje, “Underwear Affair” (2010), nos puso en la piel de un ama de casa con un hijo de cinco años a cargo que trata de salir adelante tras separarse de su marido. La cineasta se ha volcado cada vez más en retratar ese ancla social con el que deben cargar las mujeres en una sociedad excesivamente conservadora.

Por su parte, su segundo largometraje, “Good Stripes” (2015), indagaba en el camino tomado por una pareja joven dominados por la inercia. En este sentido, es la primera vez que Sode experimenta con la maternidad, aunque, como excepción, no le llevara a recorrer el circuito de festivales. Pero, sin duda, es con “Aristocrats” con la que observamos una mirada más madura de la autora. Este tercer trabajo se divide en las vivencias de dos mujeres unidas por un hombre. Hanako (Mugi Kadowaki) se ha criado en el seno de una familia acomodada. Como mujer, debe casarse antes de perder su juventud, pero sus relaciones no han funcionado. Sus amigas ya celebran sus embarazos cuando tanto ella como su mejor amiga Itsuko (Shizuka Ishibashi) siguen siendo solteras. Por ello, su familia busca al mejor candidato, aquel que provenga de una familia con buena reputación. Sin embargo, Hanako no siente atracción por ninguno de ellos hasta que, por medio de su cuñado, conoce a Koichiro Aoki (Kengo Kôra), un joven que proviene de una larga saga de reputados políticos. Desde el primer momento, Hanako y Koichiro mantienen una buena relación hasta que ella descubre un mensaje de Miki Tokioka (Kiko Mizuhara) en el móvil de su futuro marido.

miércoles, 21 de julio de 2021

LA BÚSQUEDA DE LA ESPIRITUALIDAD ORIENTAL (1975)

El videoartista japonés Toshio Matsumoto se convirtió en uno de los directores de cine experimental más importantes de la región asiática. Comenzó su andadura cinematográfica en 1955 con el cortometraje vanguardista “Silver Ring” (“Ginrin”), cuyo negativo permanece en paradero desconocido. Sin embargo, su carrera fue más notoria a partir de su largometraje “Funeral Parade of Roses” (“Bara no sôretsu”) (1969), a través del cual mostraba una visión muy interesante de los Hostess clubs de la capital por medio de la reinterpretación de “Edipo Rey”. Desde entonces, ha ofrecido al mundo tres largometrajes más, “Pandemonium” (“Shura”) (1971), “War at the Age of Sixteen” (“Juuroku-sai no Sensô”) (1973) y “Dogura Magura” (1988); junto a otras más de 40 obras no narrativas, documentales y otros trabajos relacionados con el teatro, la radio y algunas instalaciones en museos. Cambió el pincel y los lienzos por el cine desde muy temprana edad, llegando a ser un cinéfilo empedernido que no se perdía ni un solo estreno en la cartelera, pero hasta que no se adentró en el cine documental y experimental, no decidió tomar la cámara para adoptar el papel de creador. Es, dentro de la productora nipona Shin Riken Cinema, en donde se presenta su mayor aprendizaje, analizando cada trabajo que la compañía guardaba, observando los procesos que encierra la industria cinematográfica y, en definitiva, viéndose involucrado en el trabajo que, a fin de cuentas, todo profesional debe cumplir.

jueves, 9 de julio de 2020

MAPA DE UNA AMISTAD A PRUEBA (2015)


A caballo entre el documental y la ficción, la filmografía del director y guionista japonés Ryûsuke Hamaguchi ofrece una gran variedad de experiencias cinematográficas, entre las que bien podría destacarse la realización de un arriesgado remake del “Solaris” (1972) del célebre cineasta, actor, poeta y escritor soviético Andrei Tarkovsky. Su propuesta permaneció como una puesta a prueba durante sus años universitarios, pero el primer éxito de su carrera no llegaría hasta el largometraje, “Passion” (2008), un drama romántico sobre la infidelidad y el compromiso en una pareja joven, que le permitió entrar en los Tokyo FILMeX con una nominación. Después de este, llegarían los dramas “The Depths” en 2010 e “Intimacies” (“Shinmitsusa”) en 2012, año en el que también se estrenaría en el terreno documental con “The Sound of Waves” (“Nami no oto”), sobre el terremoto del 11 de marzo de 2011 en Japón y el posterior tsunami que atacó las costas de Tohoku. 

Solo un año después, en 2013, Hamaguchi recibió un nuevo reconocimiento, el premio Sky Perfect IDEKA del Festival Internacional de Cine Documental de Yamagata con la obra “Storytellers”. Otro año fructífero en el que también pudo ver la luz “Touching the Skin of Eeriness” (“Bukimi na mono no hada ni sawaru”), un drama en forma de mediometraje que versa sobre la pérdida de un ser querido. Y de esta forma, el cineasta ha seguido combinando el documental y la ficción a lo largo de su trayectoria cinematográfica, siendo 2014 un año vital en su andadura. No solo logró terminar el documental “Nami no koe”, dividido en dos partes, “Shinchimachi” y “Kesennuma”, sino que, mientras residía como artista en el Centro KIITO Design and Creative de Kobe, se aventuró a continuar con el rodaje de “Happy Hour” (“Happî awâ”), una cuenta pendiente en su camino tras comenzar a trabajar en esta nueva propuesta un año atrás. La cinta no tardó en entrar en el circuito de festivales internacionales en 2015, revirtiéndole más de una alegría en los Premios Asia Pacífico y los certámenes de Locarno, Nantes y Singapur. 

martes, 15 de octubre de 2019

LOS COLORES DEL OTOÑO (1899)

La palabra momijigari viene a definir la tradicional actividad japonesa de contemplar las hojas de los árboles en otoño y disfrutar de los colores anaranjados y amarillentos que siempre generan un llamativo contraste en el paisaje. Las ciudades de Nikkō, Tochigi y Kyoto siempre han recibido a un gran número de viajeros desde la era de Heian únicamente para continuar con una tradición que busca en todo momento apreciar la belleza de la naturaleza. Pero a parte de esta práctica, Momijigari es una danza japonesa (shosagoto) que combina los encantos del teatro kabuki y el noh, lo que nos lleva a recordar el hasta ahora considerado uno de los primeros metrajes cinematográficos de Japón. Precisamente, la pieza “Momijigari” ha encumbrado la labor histórica realizada tanto por su director, Tsunekichi Shibata, como por su escritor original, el célebre dramaturgo Kanze Nobumitsu.

Rodada en 1899 y considerada como Propiedad Cultural Importante bajo la Ley de Protección de Bienes Culturales de Japón, la obra representa tan solo una escena de la verdadera historia escrita por Nobumitsu, centrada en el viaje de una mujer de alto rango, la princesa Sarashina, para contemplar la belleza del otoño en las montañas de Shinano. Sobre este maravilloso escenario, se producirá su encuentro con el comandante Taira no Koremori entre bailes y alcohol. Debido a su extensión y al año en el que se produjo el rodaje, la pieza sólo escenifica el instante en el que el protagonista lucha contra un demonio que se presenta ante él disfrazado de la joven. Precisamente por este hecho, es considerada como un antecedente de aquel cine clásico que representaba fragmentos propios del teatro kabuki y que discurría sobre la fina línea que siempre se ha establecido entre el documental y la ficción.

martes, 4 de junio de 2019

EL LADO MÁS BIZARRO DE LA INDUSTRIA (2018)


A veces no es necesario crear un producto demasiado elaborado para conquistar a la audiencia. Tal es el caso de la serie de animación para adultos “Back Street Girls” (“Bakku Sutorīto Gāruzu”), una producción japonesa de lo más descabellada, que parte de una premisa suculenta y original. Precedida por el éxito del manga a manos de Jasmine Gyuh a través de la revista Young Magazine desde marzo de 2015, aprovecha cuestiones tan actuales y familiares como las bandas femeninas de música pop en Japón. Esta ficción cuenta también con apoyo estadounidense, un aspecto muy apreciable en las voces de los personajes. Pocas veces tenemos el placer de disfrutar de algo tan irreverente, salvaje, divertido y políticamente incorrecto y, por tanto, es algo de agradecer entre la inmensa oferta existente.

Estamos acostumbrados a ver a la yakuza en otro tipo de circunstancias. Hombres fieles con un brutal código de honor, siempre presentes en la sociedad japonesa de alguna u otra manera. Sin embargo, en esta ocasión, un simple fallo de un miembro no termina de la forma más esperada y que tantas películas y series nos han mostrado. Kentarō Yamamoto, Ryō Tachibana y Kazuhiko Sugihara trabajan para un jefe que no dejará pasar el error que han cometido. Es por eso que, de repente, se ven ante un castigo inimaginable. En un viaje directo a Tailandia, van a ser operados para convertirse en unas idols perfectas, ya que el nuevo negocio del jefe es trabajar como manager de una banda de chicas. Así es como Kentarō será la líder Airi Yamamoto; Ryū, la rubia Mari Tachibana; y Kazuhiko, la jovencita Chika Sugihara. A primera vista, sus cuerpos son de atractivas veinteañeras, pero, en su mente, siguen siendo tres rudos yakuzas muy poco acostumbrados a los formalismos femeninos en Japón.

martes, 22 de enero de 2019

LAS VOCES DEL SUFRIMIENTO (1953)


El mítico director y guionista japonés Kenji Mizoguchi fue descubierto por occidente durante la década de los 50 junto a Akira Kurosawa y Yasujirō Ozu. Cahiers du Cinema se hacía eco de nuevas figuras de lejanas industrias cinematográficas que, a nivel nacional, poseían unas carreras sobradamente consolidadas. Los críticos se lanzaron de lleno a conocer las filmografías disponibles sin comprender del todo unas narrativas que no poseían siquiera subtítulos, lo que evidencia el lenguaje universal que estos tres autores de cine clásico manejaban. Antes de que Mizoguchi comenzara tras las cámaras en 1923 con su ópera prima, “El Día en que Vuelve el Amor”, fue diseñador de kimonos, aprendiz de dibujante, estudiante de pintura, dibujante de anuncios publicitarios en el periódico Matashin-Nippo, poeta, aficionado a la biwa, actor como oyama, interpretando papeles femeninos cuando las mujeres no podían trabajar como actrices; transcriptor de guiones para Osamu Wakayama y ayudante de dirección en los Estudios Nikkatsu para Eizo Tanaka o Tadashi Ono.

En su primera etapa de director, llegó a rodar más de una decena de películas en pleno proceso de aprendizaje y de búsqueda de su propio estilo, que encontraría pocos años después, cuando a sus espaldas cargaba ya con casi 50 películas rodadas. La vida personal del autor estuvo fuertemente marcada por la gran presencia de las mujeres que le rodearon, un aspecto que trasladó a su cine y que le valió el pase directo a la historia del séptimo arte mundial como un cineasta feminista, aunque no fue la única cuestión que trataría en sus obras. Curiosamente, las influencias que recibió de occidente a nivel artístico forjarían también parte de una creatividad que, a su vez, terminaría salpicando a otros autores asiáticos. 

martes, 9 de octubre de 2018

UN HOMENAJE AL CELULOIDE (1985)


Pocas veces es tan divertido que una proyección deje de funcionar correctamente como sucede en “Una Película Estropeada” (“Onboro Filmu” / “Broken Down Film”). El director y guionista japonés Osamu Tezuka era considerado el “Dios del Manga” y precisamente esta pieza es una más de sus tantas obras que demuestran el precoz talento que poseía para la animación. En esta ocasión, el autor realiza un claro homenaje a las primeras etapas del séptimo arte. Un cortometraje mudo, en blanco y negro (salvo unos pocos segundos de ensoñación, en donde regresa el color), con granulado y suciedad que, además, se centra por completo en el género del western desde un punto de vista paródico y paradójico cuanto menos, puesto que no deja de ser un escenario occidental bajo la mano de un oriental, creando así una fusión de influencias recíprocas.

Esta coproducción japonesa y canadiense fue presentada en la primera edición del Festival Internacional de Hiroshima de 1985, alzándose con el gran premio, y no es para menos. La simpatía que despierta no es interrumpida por ese matiz experimental que posee. Al contrario, son los extraños cortes, los reencuadres, interrumpciones y efectos creados por la proyección del rollo los que aportan la diversión ante la loable pretensión de un vaquero por rescatar a la típica damisela en apuros, que se encuentra atada a las vías del tren. Nuestro héroe descubre que, a parte de tener que salvarla, también debe plantar cara al bandido y sortear los obstáculos que crea la dichosa película estropeada con todos los curiosos recursos que tiene a mano.

martes, 22 de mayo de 2018

LA ERA DEL VAPOR (2004)


Katsuhiro Ôtomo es uno de los dibujantes de manga y directores y guionistas de anime más célebres que tenemos. Pudimos disfrutar de su talento gracias a una de las obras de animación más importantes y toda una cinta de culto, "Akira" (1988), con una historia futurista de lo más apocalíptica. Tras la presentación de ésta, la que fuera su tercera película, el cineasta quiso experimentar con el cine de ficción "de carne y hueso", creando "World Apartment Horror" (1991), en la que fusionaba la presencia de la yakuza con el terror sobrenatural e, incluso, ciertos toques de comicidad. Sin embargo, tras esta experiencia, regresó a su zona de confort para ofrecernos más animación a través de pequeños cortometrajes de gran esencia, como "Carne de Cañón" (1995), incluido en "Memories" (1995), una colaboración en la que también participaban los directores Koji Morimoto y Tensai Okamura.

Algunos cortometrajes más engrosaron una filmografía por la que el tiempo transcurría a la espera de uno de sus célebres largometrajes. Es entonces cuando, en 2004, vería la luz "Steamboy" a modo de desfile visual de hipnótica belleza. Dando lo máximo de sí mismo, Ôtomo se lanzaba de lleno en un proyecto del que resultaría una labor técnica tan apabullante y magnífica que su narración quedaría en un segundo plano. Tanto es así que cada minucioso detalle queda plasmado de forma asombrosa en la que supone, todavía a día de hoy, una cinta indispensable para todo amante del género que se precie. De pasmosa complejidad, el imaginario que el autor concibe es cada vez más infinito, con una perfección pocas veces vista para un espectador que, a ciencia cierta, se asombrará del impactante trabajo de todo un artesano de la animación.

Contextualizada en plena Inglaterra victoriana, la historia nos presenta a un joven inventor, Ray. Su abuelo, Lloyd, un gran científico, le entrega una misteriosa bola metálica que conducirá a Ray a emprender la aventura más excitante de su vida. El valor del regalo que le ha dado su abuelo esconde profundos secretos que despertarán la codicia de ciertas organizaciones que poseen un gran poder, tanto para bien como para mal, por lo que el protagonista debe discernir quiénes son de fiar en una extensa batalla que se desarrollará en todos los ámbitos, tierra, mar y aire, convirtiéndose finalmente en un arriesgado camino a la madurez y al descubrimiento de uno mismo.

miércoles, 16 de mayo de 2018

EL ARTE DE LO HÚMEDO (2001)

Dirigida por el veterano director y guionista japonés Shôei Imamura, el argumento nos traslada a una situación actual en la que podemos creer que nos están llevando a un drama más que masticado y deglutido una y otra vez, pero nada más lejos de la realidad. Su autor ya nos trajo hace bastante tiempo la maravillosa “Dr. Akagi” (1998), cinta con la que guarda alguna que otra similitud. “Agua Tibia Bajo Un Puente Rojo” apenas obtuvo la atención del circuito de festivales internacionales. De hecho, aunque logró formar parte de la sección oficial del Festival de Cannes, se alzó con un único premio en el Festival de Chicago gracias a la labor interpretativa del popular actor Kôji Yakusho, que encarna a uno de los dos intensos personajes que protagonizan esta obra.

Yosuke Sasano (Kôji Yakusho) tiene 40 años. Es un hombre humilde cuyo destino cambia al perder su trabajo y ser abandonado por su esposa. Toda su seguridad y su vida caen en lo más profundo de un pozo. Un día, un vagabundo le cuenta una vieja historia en la que revela que mantiene escondido un Buda de oro que robó de un templo situado en Kioto. Sin pensarlo demasiado, Yosuke marcha en busca de ese valioso objeto hasta llegar a una lejana casa al lado de un puente rojo. En su aventura, no encuentra rastro alguno de ese Buda, pero si aparece ante él Saeko Aizawa (Misa Shimizu), una atractiva y enigmática mujer que posee la habilidad de hacer crecer a las flores. Por su cuerpo es capaz de correr el agua, pero también inyecta esperanza en la vida de Yosuke.

Una historia de amor única, lírica, diferente, intensa, sexual, atrevida. Siguiendo la esencia de este tipo de cinematografías, Imamura se centra en explorar su propia narración con la máxima profundidad posible a través de metáforas, creando, en definitiva, pura poesía convertida en imágenes hipnóticas. Con cierto aire semidocumental, el metraje, de dos horas de duración, se transforma en un auténtico sueño de gran belleza marítima en forma de un cálido letargo casi invernal. Por supuesto, los espacios naturales adornan con gran acierto una narración colmada de sentimientos, emociones que, en alguna ocasión, se transforman en violencia e intensa sexualidad entre sus misteriosos personajes.

lunes, 7 de mayo de 2018

TECNOLOGÍA PARA EL BIENESTAR (1991)

No solo "Los Simpsons" predicen el futuro. Llegada a nuestro país gracias a Manga Video, esta cinta nos muestra una situación que nunca ha podido ser más veraz, sincera y humana. "Roujin-Z" la obra del director Hiroyuki Kitakubo, no es el clásico telefilm dramático-social de la hora del café ni pretende sacarle la lágrima fácil a nadie. Es una excelente mezcla de drama y comedia, con mucha acción y un ritmo trepidante a medida que arranca la trama. El guionista japonés Katsuhiro Ôtomo realiza una mordiente crítica a la sociedad, centrada en dos aspectos. Por un lado, la dejadez de las familias y el gobierno hacia la tercera edad, siendo los abuelos vistos como un estorbo, sin apreciar todo aquello que la cultura tradicional (en este caso, la nipona) veneraba en las personas mayores; por otro, la escalada tecnológica que, con el pretexto de facilitar la vida de sus ciudadanos mediante la tecnología y la robótica, no hace sino alejar a las personas, obligándolas cada vez más a necesitar de un medio tecnológico para comunicarse con otra gente o simplemente dejándolas a merced de máquinas.

Durante sus escasos 80 minutos de metraje, asistimos a una historia protagonizada por el señor Takazawa, un anciano que desconoce totalmente que ha sido reclutado por el Ministerio de Sanidad. La finalidad de esta acción es la de formar parte de un experimento que, supuestamente, busca el bienestar de la tercera edad y mejores en su asistencia. Para ello, se crea el proyecto Z-001, una cama mecánica que viene equipada por una supercomputadora gubernamental y que debe conectarse al cerebro del paciente para conocer cuáles son sus necesidades. De tal forma que, con esta información, pueda proporcionarle todo lo que requiera al momento. Todo un revolucionario sistema que ha terminado por conquistar a la sociedad, pero del que, en cambio, desconfía Haruko, la enfermera del señor Takazawa.

martes, 27 de marzo de 2018

VIAJE A LA DESTRUCCIÓN (1984)


Desde occidente, a día de hoy, sólo los más cinéfilos en el género de animación conocen y disfrutan de las grandes obras maestras que nos ha dejado el llamado “Dios del Manga”, el dibujante y director japonés Osamu Tezuka. Su labor por difundir masivamente el consumo popular de la literatura manga, tan indispensable en nuestros días, le llevó a expandir su carrera al mundo televisivo, en donde, con la indudable influencia de la hegemonía de Walt Disney, se convirtió en uno de los pioneros de la animación en su país a través de su propio estudio, Mushi Productions, con sede en Nerima, aunque actualmente se encuentre en el mismísimo Tokio.

Un ejemplo de sus grandes creaciones, recordado por varias generaciones, fue la serie “Astro Boy” (1963), que nos amenizó las mañanas y tardes de nuestra más tierna infancia; y ni qué decir de aquel largometraje de animación que pareciera una maravillosa obra pictórica y que, hasta hace poco, fue, por suerte, recuperado en formato digital, “The Belladonna of Sadness” (1973). Entre sus más famosas producciones, Tezuka también realizó muchas piezas experimentales en las que ponía a prueba su propia creatividad, como “Jumping”, un cortometraje de 7 minutos de duración, que fue presentado en el Festival de Zagreb de 1984 en colaboración con la compañía canadiense ACC Production y con el que fue galardonado con el Gran Premio del certamen.

viernes, 10 de noviembre de 2017

LA FUGACIDAD DE LO COTIDIANO (1949)



Tradicionalmente, el cine japonés se ha distanciado, en parte, de los géneros cinematográficos que Hollywood desarrolló a principios de siglo XX ya desde su etapa más temprana. Sin embargo, su conocimiento en Occidente no llegaría hasta los años 50, momento en el que maestros del “clasicismo”, como Akira Kurosawa, Kenji Mizoguchi o Yasujiro Ozu, eclipsaron al cine mundial por, contrariamente, su modernismo en el séptimo arte.  Su novedosa visión artística plasmada en la gran pantalla provocó que, desde entonces, muchos autores se vieran totalmente influidos por esta cinematografía, un aspecto que evidentemente sigue ocurriendo a día de hoy. 

A diferencia de Kurosawa o Mizoguchi, Ozu dedicó su trayectoria a plasmar lo cotidiano. Sus películas, de ambientación contemporánea, suelen narrar la rutina y los problemas domésticos de las familias japonesas, poniendo sumo cuidado en los pequeños detalles, los cuales también dieron nombre a algunas de sus magníficas obras, como “El Sabor del Té Verde con Arroz” (1952) o “El Sabor del Sake” (1962), aunque indudablemente siempre será recordado por la obra maestra “Cuentos de Tokio” (1953). Por su parte, el transcurso del tiempo a través de los días y las estaciones del año también adquirió gran importancia a lo largo de su carrera. Primero fue “Primavera Tardía” (1949) para poco después continuar con “El Comienzo del Verano” (1951), “Primavera Precoz” (1956), “Crepúsculo en Tokio” (1957), “Flores de Equinoccio” (1958), “Otoño Tardío” (1960) y, finalmente, “El Último Verano” (1961).

De su éxito también disfrutó la famosa actriz japonesa Setsuko Hara, que acabó desempeñando el papel de musa de Ozu durante una larga temporada. Tal oportunidad llegaría con “Primavera Tardía”, en la que encarna a Noriko Somiya, una joven veinteañera que se encarga de cuidar de su padre, Shukichi Somiya (Chishû Ryû). El hombre, que quedó viudo hace varios años, empieza a plantearse la posibilidad de que su hija contraiga matrimonio y siga con su vida. Shôishi Hattori (Jun Usami), amigo de la familia, es un perfecto candidato con el que, incluso, Noriko mantiene una estrecha relación, pero éste tiene planes para casarse con la mejor amiga de ella. Al mismo tiempo, la tía Masa (Haruko Sugimura) busca un buen partido para su sobrina, mientras que piensa una solución para combatir la futura soledad de su hermano Shukichi.

jueves, 5 de octubre de 2017

UN LABERINTO SIN SALIDA (1989)



Que el famoso actor japonés Takeshi Kitano llegara a situarse tras las cámaras, en realidad, fue resultado de un gran cúmulo de casualidades. Precisamente, “Violent Cop” fue la obra con la que se estrenaría en esta nueva faceta de su carrera, pero, sin embargo, el plan inicial no era éste. El cineasta Kinji Fukasaku, autor de cintas de culto como “Tora! Tora! Tora!” (1970), que recibió cinco nominaciones a los Oscar, alzándose finalmente con el premio a mejores efectos visuales; o la siniestra “Battle Royale” (2000); iba a encargarse de dirigir el largometraje que protagonizaría Kitano, pero una enfermedad le llevó a desistir en su empeño y ceder su batuta a quien iniciaría una de las trayectorias más destacadas del thriller asiático de los 90. Ciertamente, su autoría se ve reflejada desde su inesperado debut, aunque posteriormente se desarrollaría a conciencia en “Hana-Bi: Flores de Fuego” (1997) o “Brother” (2000), entre otras.

Azuma (Takeshi Kitano) es un policía que se deja llevar por sus impulsos de agresividad en el trabajo. Centrado en algunos casos relacionados con el narcotráfico, descubre que uno de sus compañeros, Iwaki (Sei Hiraizumi), da salida en el mercado negro a ciertas sustancias confiscadas en la comisaría. Sin darse cuenta, un pequeño suceso provoca que se enfrente a la yakuza, poniendo en peligro, incluso, la vida de su hermana, Akari (Maiko Kawakami). Algunos retoques en el texto del guionista Hisashi Nozawa, a quien hemos visto más en el mundo televisivo durante los últimos años, provocaron que la película adquiriera esos matices tan particulares del universo Kitano, otorgando un mayor peso a la violencia no sólo en el comportamiento de sus personajes, sino también en su difícil contexto.

El cine asiático comenzó a poner en tela de juicio el discurso universal propio del thriller durante la década de los 90, proyectando una fuerte ambivalencia, especialmente, en la psicología de los personajes, los cuales se mantienen entre los límites del bien y del mal como muy bien se puede apreciar en el cine hongkonés de la época y que sirvió de referente para las futuras cinematografías de Japón y Corea del Sur. Sin embargo, la filmografía de Kitano es una de esas pequeñas excepciones, una joya en bruto que sirvió para ganarse miles de seguidores por todo el mundo a partir de sus posteriores obras, puesto que “Violent Cop”, por desgracia, llegó a Occidente con más retraso.

jueves, 20 de octubre de 2016

UN RECUERDO ENTRE EL OLVIDO (1998)



La muerte sigue siendo una de las mayores incógnitas a las que debe enfrentarse el ser humano. Independientemente de cómo sea plasmada a nivel científico o religioso, esta cuestión siempre ha estado presente en las artes y cada autor tiene su punto de vista a la eterna pregunta, ¿qué hay después de la muerte? El aclamado director y guionista japonés Hirokazu Kore-eda es uno de esos cineastas que son capaces de arriesgar y mirar más allá de lo que a simple vista se nos presenta. Considerado prácticamente un poeta cinematográfico, su inquietud por ver la esencia de sus personajes, el interior de su alma, le ha llevado a ser uno de los cineastas más indispensables no sólo del séptimo arte nipón, sino también del este asiático. Con un gusto exquisito a la hora de expresar la intimidad del hombre, aun en su vertiente más cruel, Kore-eda realizó una de las obras más indispensables en su filmografía, “After Life” (“Wandafuru Raifu”), a través de la cual lanza una simple pregunta al espectador: ¿qué único recuerdo de tu vida te llevarías al cielo?

En la cinta, se plantea la existencia del cielo, ese “más allá” que al que supuestamente nos desplazamos tras haber conocido la muerte, pero antes de disfrutar de esta estancia, todos deben pasar por una especie de “limbo” en el que cada alma es entrevistada por los guías durante tres días. El recién llegado debe reflexionar sobre su vida, examinar los instantes más importantes y escoger un único recuerdo que desee llevarse a su eterno descanso. Una vez tomada la decisión, estos guías se encargan de grabarlo en forma de una película para que el fallecido pueda revisionarla en todo momento. Las dudas, los fallos de memoria y la indecisión inundan la ardua tarea de tener que seleccionar un solo un capítulo de su estancia en la tierra.

jueves, 4 de agosto de 2016

SENSUALIDAD CONTENIDA (2014)



No hay nada como lograr impactar al público sin necesidad de grandes recursos, a pesar de que muchos sigan insistiendo en que el cine ya ha reflejado todo tipo de realidades y que pocos trabajos ofrecen algo nuevo. Y aunque en muchos casos esto se cumple, por desgracia, a rajatabla, aún es posible formar parte de la memoria de un espectador, grabar en sus retinas una escena enfocada de una manera muy diferente o un diálogo que consiga calar más allá del visionado. El director japonés Ryuichi Hiroki arriesgó dentro de la sencillez de “Her Granddaughter” y logró atraer a sus conciudadanos con lo que pareciera una nimiedad en occidente. Lamer un pie le trajo consigo un aumento de su popularidad con innumerables críticas de su obra, tanto negativas como positivas. Casi pareciera un efecto inesperado, pero el autor no dudó en incluir un suculento fotograma de ese instante en el propio cartel de la película y, obviamente, alcanzó el objetivo esperado, que la gente hable de su trabajo.

Con más de 20 años de trayectoria, el autor vuelve a volcarse en la profundidad de sus personajes a través de la historia de Tsugumi Dozomo (Nana Eikura), una treintañera que decide tomarse un año sabático de su trabajo para ir a su pueblo natal, Tsurumi, una pequeña localidad de Kagoshima, al sur de la prefectura de Kyushu. Con el fallecimiento de su querida abuela Towa Shimoyashiki (Chiharu Konno), trata de permanecer en la casa que tantos recuerdos de su familia guarda para dejar atrás no sólo su empleo, sino también a su antiguo amor, Toshio Nakagawa (Osamu Mukai). El silencio y la soledad inundan un espacio que utiliza para reflexionar sobre su vida, pero que pronto recibe la visita de un misterioso hombre de 52 años, Jun Kaieda (Etsushi Toyokawa), que dice ser profesor de filosofía en la universidad y un conocido de su abuela, por lo que posee una copia de la llave de la casa y, por tanto, el derecho a quedarse en ella. Tsugumi se verá obligada a compartir la vivienda, mientras intenta averiguar quién es realmente Kaieda.

viernes, 1 de julio de 2016

YAKUZAS, VIOLENCIA Y CINTAS DE VIDEO (2013)


Bien es sabido que el cine asiático siempre nos ha mostrado algo diferente. Ese toque de bella rareza que hace pensar que no sabes si estás viendo una comedia, un drama o gore. El famoso director japonés Sion Sono resulta ser de esos viejos cineastas que hace lo que les da la real gana independientemente del género en el que se embarque y, a pesar de ello, consigue valiosos premios y una gran atención. Después de todo, ¿quién no ha tenido la tentación de tomar una cámara y hacer películas, tal y como hacen los protagonistas de "Why Don't You Play In Hell?", trabajo con el que el autor logró alzarse con el premio del público en el Festival de Toronto.

Desde hace muchos años existe una gran rivalidad entre Ikegami (Sinichi Tsutsumi) y Muto (Jun Kunimura), pero todo se complica aún más desde que Ikegami se enamoró de la hija de su enemigo, Himizu (Fumi Nikaido). El enredo no se hace esperar, viéndose involucrados el tímido Kouji (Gen Hochino) y Hirata (Hiroki Hasegawa), un director de cine bastante peculiar. Un simple entretenimiento que, con grandes dosis de humor, contiene una mordaz crítica a la industria cinematográfica independiente y todo lo que gira a su alrededor. El autor, que ha tardado nada menos que 20 años en llevar a cabo este proyecto, inicia esta historia con un anuncio publicitario para preparar una premisa trepidante que gira en torno a la comedia, el drama y el romance, pero que contiene litros y litros de sangre y emocionantes peleas con pistolas y katanas en mano que, cómo no, recuerdan al cine ligero de épocas anteriores. 

Son infundadas las comparaciones con otros cineastas contemporáneos como Quentin Tarantino o Takashi Miike porque los trabajos de Sono hace tiempo que tienen un estilo original y eso se aprecia claramente en esos diálogos tan inteligentes en situaciones irreales, con los cuales es imposible no reír. Aunque en algunos momentos no lo parezca, ésta no es una tragedia, porque hacer cine nunca debe de ser un sufrimiento. "Why Don't You Play In Hell?" es un sentido homenaje al séptimo arte por parte de un director imprescindible que es capaz de recrear diferentes texturas, generar vueltas de tuerca constantemente y plasmar los delirios del gore más desenfrenado. 

martes, 28 de junio de 2016

LA DULZURA DEL TALENTO (2013)



La popular figura del samurái siempre ha estado relacionada con historias en las que el honor es el eje principal y lo que subsiste por encima de cualquier aspecto de su vida. No obstante, es realmente curioso ver la gran variedad de guerreros que existían durante la época feudal de Japón. A través del cine, hemos podido disfrutar de su vertiente más dramática para, posteriormente, ser el protagonista de miles de cintas de acción con personajes que mostraban un matiz mucho menos humano y más cruel. La violencia insertada en este tipo de películas acabó por estilizar a los personajes, llegando, incluso, hasta la exageración. Resulta inevitable pensar en el mítico director nipón Akira Kurosawa como uno de los grandes cineastas que, a lo largo de su extensa trayectoria, retrataron con mayor cercanía a estos luchadores. La inquietud que despierta se extiende hasta nuestros días sin pronóstico de agotarse, pero también surgen otro tipo de obras que se centran en otros aspectos menos conocidos, como es el caso de “A Tale of Samurai Cooking: A True Love Story” (“Bushi No Kondate”), el largometraje del realizador Yuzo Asahara que, a pesar de haber pasado desapercibido tras su paso por festivales internacionales como el de Berlín, Hawai y su estreno mundial en el de San Sebastián, desata cuanto menos la curiosidad de quien se encuentra con él.

Junto al guionista Michio Kashiwada, el autor crea una narración que nos traslada al Japón feudal del siglo XVIII. Haru (Aya Ueto) es una joven sirvienta con un don especial para la cocina, que, tras un matrimonio fallido que tan sólo duro apenas un año, recibe la visita de un chef samurái que proviene de una importante saga familiar en la región de Kaga. Sin dudarlo ni un momento, el hombre le propone matrimonio en nombre de su hijo, Yasunobu Funaki (Kengo Kôra), de quien espera que reflexione y ocupe el lugar de su hermano mayor al hacerse cargo del legado en lugar de continuar su carrera luchando como samurái. Considerada como secuela de la historia creada por Michifumi Isoda y el propio Michio Kashiwada para el director Yoshimitsu Morita, “El Ábaco y la Espada” (“Bushi No Kakeibo”, 2010), en el que un guerrero reflexiona sobre la razón trascendental de su existencia, la cinta de Ashara se refugia en un romance aparentemente imposible y en el sacrificio que acarrea su éxito para desvelar la rigidez de antiguas costumbres sociales que, incluso, en más de un caso, se han mantenido en la actualidad.

jueves, 7 de abril de 2016

MIEDO A LA ESPERANZA (1995)



El japonés Hayao Miyazaki es uno de esos directores inolvidables que ha sabido calar hondo en generaciones de amantes de la animación. Seguidores acérrimos de un cineasta que nunca decepciona, creador del famoso Studio Ghibli y autor de series míticas como “Lupin” (1971) o “Sherlock Holmes” (1984), que forman parte de la infancia de muchos; y cintas indispensables como “Nausicaä del Valle del Viento” (1984), “Mi Vecino Totoro” (1988), “La princesa Mononoke” (1997), “El Viaje de Chihiro” (2001), “El Castillo Ambulante” (2004) y “Ponyo en el Acantilado” (2008), entre otros muchos títulos de su imparable carrera.

“On Your Mark” se estrenó a la vez que otra de las producciones del estudio, “Susurros del Corazón” (Yoshifumi Kondo, 1995). Miyazaki no dudó en realizar un videoclip para el mítico dúo nipón de pop-rock Chage & Aska, de tal forma que, en poco menos de 7 minutos, recogió la esencia de su estilo tan único con un toque experimental, puesto que era la primera vez que utilizaban la animación por ordenador. El metraje se inspira en el fatídico incidente que tuvo lugar en Chernobyl (Ucrania) en 1986. En un mundo futurista, una niña con alas es perseguida y atrapada por unos científicos, que, supuestamente, pretenden investigar su anomalía. Sin embargo, dos agentes de policía tratarán de ayudar a la joven para sacarla del laboratorio en el que se ha visto recluida.

La imagen del idílico paisaje se rompe con una enorme estructura a modo de cementerio nuclear. Un contraste que nos advierte de que el mundo está tratando de curar sus heridas, de restablecer su propio orden tras una catástrofe que ha contaminado todo. Algunas señales dejan claras las consecuencias de tal desgracia, en la que la supervivencia todavía no es segura. Sin duda, no es más que una crítica directa al ser humano, a sus temerarias ambiciones, pero, en todo momento, se respira un pequeño vestigio de esperanza pese a tan crudas circunstancias. La búsqueda de una liberación, de olvidar los miedos que se han impuesto en la sociedad y soltar las riendas de la manipulación hacen que los personajes se den cuenta de que son esclavos de su destino. La amistad entre la niña y los dos policías es lo más sincero de cuanto se ven rodeados, puesto que ellos mismos saben que pueden ser detenidos por el simple hecho de ayudarla a volar. Exponen sus vidas por el bien de otra que es aparentemente indefensa, dejando atrás la rutina impuesta en sus días.

lunes, 4 de abril de 2016

HERIDAS DEL PASADO (2015)

Cualquier obra del director y guionista japonés Hirokazu Kore-eda consigue quedarse en nuestras retinas de forma indefinida. Tal vez sea por la cercanía con la que relata la cotidianidad de una cultura que nos es lejana, pero que aún sigue asombrándonos; o bien por la pasmosa sencillez con la que construye historias que nos permiten reflexionar sobre nuestras propias vidas y experiencias. Todo ello le ha llevado a ser considerado el perfecto heredero del maestro Yasujirō Ozu y uno de los grandes poetas cinematográficos de nuestro tiempo. El cineasta continúa explorando en cuestiones como la soledad, el amor, los lazos familiares, la vida y la muerte como si se tratase de una tesis sobre lo más profundo del ser humano.

Indispensable en los festivales internacionales más importantes, Kore-eda se ha convertido en uno de los autores nipones más populares. Ya desde sus comienzos con “Maborosi” (1995) logró deslizarse en sus programaciones, alzándose inesperadamente con el León de Plata en el Festival de Venecia. Tan sólo fue el primer paso para ganarse unos fieles seguidores que, sin duda, quedaron atrapados en el curioso universo de “After Life” (“Wandafuru Raifu”, 1998). Desde entonces su carrera ha sido imparable y no es que posea un sinfín de títulos que resuman sus altibajos a nivel profesional, sino que, en su lugar, encontramos pocas cintas, pero todas ellas de una inmensa calidad.

Con los años, el director parece haber perdonado ciertas luchas internas para reconciliarse con su propia mente. “Nuestra Hermana Pequeña” (“Umimachi Diary”) supone cierta dulcificación en sus reflexiones con una historia sumamente agradable y cálida. La película, que recibió el Premio del Público en la 63ª edición del Festival de San Sebastián, se suma al resto de trabajos del director en cuanto al retrato de la familia que éste desarrolla en ellos. Resulta inevitable recordar el drama social “Nobody Knows” (“Dare Mo Shiranai”, 2004), cuyos jóvenes protagonistas forman parte de una familia totalmente desestructurada; o “Milagro” (“Kiseki”, 2011), en donde se mantiene esa jovialidad desde un punto de vista cómico y esperanzador. Kore-eda disfruta profundizando en los lazos parentales, en los cambios que llevan a la inestabilidad psicológica de una casa y en cómo se desenvuelven sus personajes ante un contratiempo de gran magnitud, tal y como ocurría en “De Tal Padre, Tal Hijo” (“Soshite Chichi Ni Naru”, 2013), en la que unos padres se enteraban de cómo su hijo había sido intercambiado al nacer por un error del hospital; o, principalmente, por causa de la muerte de algún familiar, como en el caso de “Still Waiting” (“Aruitemo, Aruitemo”, 2008). Una cuestión que ahora retoma, de nuevo, como excusa, no para el distanciamiento entre quienes se quieren, sino para unir a quienes no han establecido una relación aún, pero comparten un punto en común, como la presencia del mismo padre en sus vidas.

lunes, 21 de diciembre de 2015

LA DISTANCIA EN EL TIEMPO (2007)


Desde mediados de la segunda mitad del siglo XX, la percepción temporal de los seres humanos ha sido motivo de gran número de investigaciones en el plano de la psicología. Relojes internos, influencias externas como la luz del sol y la no-luz de la luna, y un sinfín más de teorías con las que únicamente se ha construido una Torre de Babel bastante confusa. Lo que nos queda claro es que lo que nos rodea es sensible al tiempo, y que, precisamente, el tiempo es el que provoca cambios en dichas cosas. “5 Centímetros Por Segundo: Una Serie de Historias Cortas Sobre La Distancia”, del director  y guionista japonés Makoto Shinkai, trata de eso, de cómo afecta el paso del tiempo a nuestro alrededor.

En, aproximadamente, una sola hora dividida en tres capítulos, se recoge la vida de dos estudiantes japoneses asociales y marginales, Akari y Takaki, que encuentran su propio mundo en lo que parece la amistad entre ambos. La palabra “siempre” se repite en sus mentes al pensar el uno en el otro. Sin embargo, el destino les distanciará debido a que sus familias deciden mudarse. La espera y el transcurso de los años se vuelven constantes en la vida de los dos jóvenes. Se mandan cartas, pues aún Internet no se había popularizado como lo haría años más tarde y la correspondencia era el medio más sencillo, y quizás, el más romántico, que estos dos jóvenes pudieron encontrar.

La historia que nos plantea Shinkai en esta obra guarda un sinfín de similitudes con otras producciones suyas, ya que se repiten una serie de recursos: personajes normalmente jóvenes junto a una voz en off que nos acompaña y reflexiona durante todo el metraje. La película aborda otros temas aparte del distanciamiento, que pueden pasar inadvertidos, puesto que el autor consigue que sean interiorizados rápidamente y sin que nos demos cuenta. Tal es el caso de la relación de los avances tecnológicos respecto a las relaciones sociales y personales y la contraposición tecnológica y social de una década frente a otra. En un principio, el contacto entre las personas se nos presenta más lenta en el tiempo, con unas largas esperas debidas a los límites de los medios de transportes y de comunicación de los años 90 frente a la década del 2000, que nos trajo la incorporación general de Internet, telefonía móvil, avances en el transporte, etc. El ritmo de la película se ve claramente influenciado por estas dos premisas, ya que los dos primeros capítulos del filme parecen desarrollarse de manera pausada y reflexiva, para luego desembocar en un clímax de mayor vigor a lo largo del último y tercer capitulo.