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martes, 27 de marzo de 2018

VIAJE A LA DESTRUCCIÓN (1984)


Desde occidente, a día de hoy, sólo los más cinéfilos en el género de animación conocen y disfrutan de las grandes obras maestras que nos ha dejado el llamado “Dios del Manga”, el dibujante y director japonés Osamu Tezuka. Su labor por difundir masivamente el consumo popular de la literatura manga, tan indispensable en nuestros días, le llevó a expandir su carrera al mundo televisivo, en donde, con la indudable influencia de la hegemonía de Walt Disney, se convirtió en uno de los pioneros de la animación en su país a través de su propio estudio, Mushi Productions, con sede en Nerima, aunque actualmente se encuentre en el mismísimo Tokio.

Un ejemplo de sus grandes creaciones, recordado por varias generaciones, fue la serie “Astro Boy” (1963), que nos amenizó las mañanas y tardes de nuestra más tierna infancia; y ni qué decir de aquel largometraje de animación que pareciera una maravillosa obra pictórica y que, hasta hace poco, fue, por suerte, recuperado en formato digital, “The Belladonna of Sadness” (1973). Entre sus más famosas producciones, Tezuka también realizó muchas piezas experimentales en las que ponía a prueba su propia creatividad, como “Jumping”, un cortometraje de 7 minutos de duración, que fue presentado en el Festival de Zagreb de 1984 en colaboración con la compañía canadiense ACC Production y con el que fue galardonado con el Gran Premio del certamen.

martes, 25 de julio de 2017

VÍCTIMAS DE LA TRAGEDIA (2016)



Con el transcurso de los años, la mente tiende a desprenderse de ciertos detalles que tarde o temprano acabamos por echar de menos. Sin embargo, siempre permanece en nuestra retina imágenes que nos llegaron a impactar de tal forma que jamás se podrán olvidar. Para muchos de nosotros, el desastre de Chernobyl es imborrable independientemente de la edad que tengamos. Un hecho que marcaría un antes y un después desde 1986, especialmente, por las tremendas consecuencias que acarreó y cuya población sigue arrastrando con el tiempo. Más de 30 años después de aquella histórica catástrofe en la central nuclear de Vladimír llich Lenin, la ciudad de Pripyat, en Ucrania, sigue siendo un paraje fantasmal del que escaparon sus ciudadanos dejando atrás todas sus pertenencias. Considerado como uno de los sucesos más graves de finales del siglo XX, todavía continúan llevándose a cabo medidas de aislamiento de una zona en la que la radiación campa a sus anchas.

El director, productor y guionista Pol Cruchten, natural de Luxemburgo, retrata a las víctimas de tan terrible desgracia en el documental “Voces de Chernobyl”, una producción de apenas 90 minutos basada en el libro homónimo de la Nobel de Literatura del año 2015, Svetlana Alexievich. Familias devastadas que vieron rotas sus vidas quedan plasmadas en boca de actores como Dinara Drukarova, a la que se suman los testimonios de científicos, educadores y periodistas, que colaboran en la narración de una especie de viaje a los infiernos en el que silencio está presente en cada rincón y la muerte prematura se adueña de quienes fueron testigos de tal calamidad. Una crítica mordaz que evidencia más si cabe la gran negligencia del gobierno soviético y la despreocupación que ha mostrado siempre ante los que sufren las consecuencias más espeluznantes.