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martes, 7 de mayo de 2019

LA IRREALIDAD DE LOS DÍAS FUTUROS (2013)


El director, guionista y compositor israelí Ari Folman llamó la atención en 2008 con "Vals con Bashir", por la que obtuvo un Globo de Oro a mejor película de habla no inglesa, aunque en los Oscars sólo pudiera conformarse con la nominación. Esta entrada por la puerta grande al panorama del cine mundial fue gracias a esa peculiar fusión de géneros cinematográficos, que convierte a sus obras en llamativos híbridos en los que el documental, la animación, la denuncia política y el ensayo autobiográfico se combinan con maestría en lo que ya supone una parte muy importante de su autoría. Es cierto que no es la primera cinta que utiliza técnicas realidad/animación y, obviamente, tampoco será la última, pues este tipo de contrastes siempre captan la atención del espectador.

Cinco años después de este claro triunfo, nos haría llegar su siguiente cinta, la coproducción franco-israelí  "El Congreso". Dos horas de metraje que se inician con la actriz Robin Wright interpretándose a sí misma. Ante nosotros aparece llorando, siendo prácticamente maltratada de forma verbal por su agente Al (Harvey Keitel) en una escena que define parte de su personalidad, esa inestabilidad emocional en la que veremos a la aztriz desenvolverse. La falta de dinero le ha llevado a firmar un acuerdo con los estudios para realizar una copia de sí misma con el fin de que su cuerpo sea utilizado para su explotación. Transcurridos 20 años, en su regreso a los escenarios, será invitada a un congreso en donde la realidad se ha convertido en irrealidad con la presentación de una nueva tecnología. En el plano personal, Wright posee una vida privada alejada del estrellato, con una hija adolescente, Sarah (Sami Gayle) y un hijo, Aaron (Kodi Smit-McPhee), que posee un extraño síndrome diagnosticado por el doctor Barker (Paul Giamatti) por el que, poco a poco y sin remedio, el joven pierde visión y audición.

lunes, 2 de octubre de 2017

EL CAMINO A LA LOCURA (2015)



Mirar desde lejos cómo la escasez del agua domina al hombre en ciertas partes del planeta es la postura más cómoda posible hasta que, de repente, se nos presenta un escenario demasiado cercano y nada descabellado. Precisamente, es la ópera prima de la directora libanesa Joyce A. Nashawati un perfecto ejemplo de ello. “Blind Sun” nos aproxima a un paraje tan apocalíptico como familiar, generando un resultado de lo más inquietante y, por supuesto, reseñable sin necesidad de grandes presupuesto ni alardes de ningún tipo. Tal es así que los festivales de Atenas, Bruselas, Fantasporto, Tesalónica y Toronto se rindieron a los encantos de esta producción francesa a la que recibieron con premios realmente merecidos.

Tras realizar tres cortometrajes de suspense, “Le Parasol” (2008), “La Morsure” (2009) y “La Permission” (2013), siendo el segundo el que más rodó entre certámenes internacionales, entre ellos, el de Sitges; la autora decidió dar un paso al frente con un trabajo que presenta un futuro en el que la tremenda sequía está provocando la mayoría de los conflictos sociales. A pesar de las extremas medidas gubernamentales, Grecia se ha convertido en un paraje árido y desértico que dista mucho de la imagen tan idílica de sus paisajes. Ashraf Idriss (Ziad Bakri) es un inmigrante árabe que ha sido contratado por una pareja francesa, Gilles (Louis-Do de Lencquesaing) y Katerina (Mimi Denisi), para cuidar su finca en su ausencia. Sin embargo, antes de llegar hasta la casa, Ashraf es registrado por un policía (Yannis Stankoglou), el cual le roba los papeles. Esta situación de irregularidad le lleva a tener que desplazarse hasta la comisaría del pueblo más cercano constantemente, debido a la ineptitud de los agentes de seguridad. De repente, esta preocupación pasa a un segundo plano cuando advierte que no sólo está siendo vigilado, sino que, además, alguien ha entrado en la casa sin haberse percatado de ello.

jueves, 25 de mayo de 2017

LA PRISIÓN DEL CONTROL (2015)



El director y guionista griego Yorgos Lanthimos es conocido popularmente por crear trabajos con historias de lo más retorcidas que logran perturbar a todo espectador. Pese a que su debut en largometraje con “My Best Friend” (2001) arrancó por el camino más cómico, pronto se evidenció un tremendo giro que partiría de los toques experimentales de su siguiente obra, “Kinetta” (2005), para desembocar en una de las cintas más inquietantes de este nuevo siglo, “Canino” (2009), una historia un tanto bizarra que era presentada de forma sencilla, pero sumamente claustrofóbica. Utilizando una de las claves de su autoría como es la distopía cercana, el cineasta encerraba literalmente a una familia dentro de los muros de una casa de campo para reflejar una especie de gueto, por un lado, patriarcal, generando un mundo de absoluto control; y, por otro lado, matriarcal, como fórmula para la mediación del lenguaje, el cual es alterado a partir de los tabús en los que los protagonistas evitan caer a toda costa. La extrañeza y aspereza que transmitía, le llevó a recibir el premio “Un certain regard” del Festival de Cannes y una nominación a los Oscar, pero también expandió su fama, que no hizo sino acrecentar las expectativas de sus siguientes proyectos.

Desde “Canino”, la filmografía de Lanthimos ha causado un furor totalmente justificable, que sólo decayó mínimamente con “Alps” (2011), pero que volvió a ser recuperado con la desconcertante “Langosta”, por la que el autor recibió un gran número de nominaciones y galardones en los Premios del Cine Europeo, los Premios Gaudí, Satellite Awards, BAFTA, British Independent Film Awards, los Globos de Oro y nuevamente tanto en el Festival de Cannes como en los Oscar. Este largometraje deja a un lado la exploración de la familia o la pérdida del ser querido para adentrarse en la pareja, pero sin olvidar el universo de excesivo control en el que el cineasta parece sentirse cómodo. Ambientada también en una distopía cercana, David (Colin Farrell) llega a un hotel como parte de su proceso de búsqueda de una relación amorosa. Es su última oportunidad, puesto que, si en 45 días no encuentra a alguien, deberá convertirse en un animal a su elección, que, en este caso, es la langosta.

jueves, 7 de abril de 2016

MIEDO A LA ESPERANZA (1995)



El japonés Hayao Miyazaki es uno de esos directores inolvidables que ha sabido calar hondo en generaciones de amantes de la animación. Seguidores acérrimos de un cineasta que nunca decepciona, creador del famoso Studio Ghibli y autor de series míticas como “Lupin” (1971) o “Sherlock Holmes” (1984), que forman parte de la infancia de muchos; y cintas indispensables como “Nausicaä del Valle del Viento” (1984), “Mi Vecino Totoro” (1988), “La princesa Mononoke” (1997), “El Viaje de Chihiro” (2001), “El Castillo Ambulante” (2004) y “Ponyo en el Acantilado” (2008), entre otros muchos títulos de su imparable carrera.

“On Your Mark” se estrenó a la vez que otra de las producciones del estudio, “Susurros del Corazón” (Yoshifumi Kondo, 1995). Miyazaki no dudó en realizar un videoclip para el mítico dúo nipón de pop-rock Chage & Aska, de tal forma que, en poco menos de 7 minutos, recogió la esencia de su estilo tan único con un toque experimental, puesto que era la primera vez que utilizaban la animación por ordenador. El metraje se inspira en el fatídico incidente que tuvo lugar en Chernobyl (Ucrania) en 1986. En un mundo futurista, una niña con alas es perseguida y atrapada por unos científicos, que, supuestamente, pretenden investigar su anomalía. Sin embargo, dos agentes de policía tratarán de ayudar a la joven para sacarla del laboratorio en el que se ha visto recluida.

La imagen del idílico paisaje se rompe con una enorme estructura a modo de cementerio nuclear. Un contraste que nos advierte de que el mundo está tratando de curar sus heridas, de restablecer su propio orden tras una catástrofe que ha contaminado todo. Algunas señales dejan claras las consecuencias de tal desgracia, en la que la supervivencia todavía no es segura. Sin duda, no es más que una crítica directa al ser humano, a sus temerarias ambiciones, pero, en todo momento, se respira un pequeño vestigio de esperanza pese a tan crudas circunstancias. La búsqueda de una liberación, de olvidar los miedos que se han impuesto en la sociedad y soltar las riendas de la manipulación hacen que los personajes se den cuenta de que son esclavos de su destino. La amistad entre la niña y los dos policías es lo más sincero de cuanto se ven rodeados, puesto que ellos mismos saben que pueden ser detenidos por el simple hecho de ayudarla a volar. Exponen sus vidas por el bien de otra que es aparentemente indefensa, dejando atrás la rutina impuesta en sus días.

lunes, 21 de marzo de 2016

EL EXCESIVO CAOS DEL ORDEN (2015)


El director británico Ben Wheatley ya posee una legión de seguidores gracias a los éxitos cosechados con “Sightseers” (2012) y “A Field in England” (2013) y tras el impulso generado por “Kill List” (2011). Obras con las que obtuvo reconocimiento internacional y le propulsaron como uno de los jóvenes cineastas más interesantes y rompedores del momento. Sin embargo y pese a tan buenas expectativas, “High-Rise”, uno de sus últimos largometrajes, tardó en encontrar una distribuidora en España, para extrañeza de muchos de sus admiradores.

La guionista Amy Jump, indispensable en su equipo, se encarga de adaptar la novela del escritor J.G. Ballard, afamado autor del que se han adaptado al cine otros de sus trabajos como “Crash” (David Cronenberg, 1996), “El Imperio del Sol” (Steven Spielberg, 1987) y “The Atrocity Exhibition” (Jonathan Weiss, 2000). La cinta nos presenta un mundo distópico ambientado en 1975, en el que se está construyendo un complejo de rascacielos. Uno de ellos ya está terminado y comienza a albergar a los primeros inquilinos. El Doctor Robert Laing se muda a la planta vigésimo quinta, a un apartamento de lujo con todas las comodidades. Sin embargo, el contacto con sus vecinos le llevará a darse cuenta de que el edificio está distribuido por clases sociales, con ciertos privilegios para los pisos superiores. Su diferenciación provocará una lucha entre las plantas con la que saldrá a la luz las mayores miserias del ser humano.

Una metáfora consistente que ya hemos visto en innumerables ocasiones y de distintas formas. Sin ir más lejos, el director surcoreano Bong Joon-Ho se embarcaba en una aventura similar a través de “Rompenieves (Snowpiercer)” (2013), en la que, en lugar de un rascacielos, la trama transcurría en tren dividido en vagones según las clases sociales. Al igual que él, Wheatley nos encierra en el edificio tan pronto como le es posible, ya que fuera de sus muros, el mundo apenas importa. Los mismos personajes serán quienes se aprisionen ellos mismos en su interior, puesto que, por más que intenten salir, siempre hay algo o alguien que los detiene. Una fórmula que recuerda claramente a la utilizada también en el clásico de Luis Buñuel, “El Ángel Exterminador” (1962), en el que un grupo de ociosos burgueses quedaban confinados en el salón de una gran mansión sin una aparente razón. Ambas cintas nos envuelven en esa atmósfera claustrofóbica de la que ningún personaje puede escapar. Así es como, con el transcurso de “High-Rise”, se aprecian constantes reminiscencias que nos llevan a películas en las que el autor obviamente se ha inspirado hasta convertir el largometraje en un producto demasiado redundante, inexpresivo y, en definitiva, demasiado visto.

lunes, 27 de julio de 2015

VÍCTIMAS DEL APOCALIPSIS (2013)


El director británico Kevin Macdonald no pierde la costumbre y sigue adaptando novelas para la creación de sus proyectos. Tras incorporar un nuevo documental a su trayectoria, “Marley” (2012), dedicado, obviamente, al mítico cantante jamaicano Bob Marley, regresó al mundo de la ficción con “Mi Vida Ahora”, presentada en el Festival de Sitges en 2013 y protagonizada por una Saoirse Ronan que siempre procura cumplir a la perfección con sus trabajos. La actriz, que estrenaba poco antes la producción irlandesa “Byzantium” (Neil Jordan, 2012), precisamente, una edición antes del mismo certamen, regresaba interpretando a Daisy (Elizabeth), una jovencita estadounidense que se encuentra veraneando en Reino Unido, en la casa de sus primos, cuando, de repente, estalla un conflicto bélico contra el terrorismo. La familia se verá envuelta en desagradables circunstancias con el único fin de sobrevivir a toda costa.

Poco conoceremos de las causas por las que estalla una guerra tan repentinamente y, gracias a los diálogos y los medios de comunicación implícitos en la obra, extraemos algunas ideas aleatorias sobre el terrorismo y el fascismo sin llegar a una conclusión concreta de lo que está ocurriendo. No obstante, no se trata de una problemática del propio guion, extraído de la novela de Meg Rosoff y realizado conjuntamente por Jeremy Brock, Tony Grisoni y Penelope Skinner junto a la colaboración de Jack Thorne en cuanto a material adicional se refiere. No es importante saber por qué se encuentran en esa situación los personajes, sino que tan sólo funciona como telón de fondo para centrarnos concretamente en los aspectos más importantes de la narración, como es la lucha por la supervivencia y el comportamiento de personas débiles ante obstáculos que implican fortaleza. Ronan está presente a lo largo de toda la acción. Ella es la verdadera protagonista, aunque está inevitablemente supeditada a los secundarios. El papel de Daisy no supone ningún problema para esta joven actriz que ha tomado fuerza en los últimos años, sobre todo en el género del drama.

miércoles, 4 de marzo de 2015

CUANDO LA LIBERTAD SE ESCAPA (2014)


Actualmente, oír hablar del director canadiense Xavier Dolan es como pensar en el niño mimado del cine de género, pero ni mucho menos. De ser así, tal vez debería haber sido más laureado con su última producción, “Mommy”, aunque a sus espaldas ha cosechado éxito en el Festival de Cannes y en los Premios César. Una historia que para pocos pasará desapercibida y es que su autor ya apuntaba maneras desde el inicio de su carrera que, para sus 25 años, no es nada escasa, siendo éste su quinto trabajo.

En un mundo utópico sobre tierras canadienses, Die Despress (Anne Dorval) deja internado a su hijo adolescente Steve (Antoine-Olivier Pilon), que padece ADHD (trastorno por déficit de atención con hiperactividad), en una especie de correccional o psiquiátrico, respaldada por una ley por la que los padres que no puedan controlar a sus hijos, pueden abandonarlos en un centro especial con total libertad. Tras varios años separados, Die le recoge para empezar una nueva vida y, junto a su vecina Kyla (Suzanne Clément), sostendrán una relación llena de cariño, tensión y autodestrucción, pero siempre con ganas de seguir adelante y vivir.

En esta ocasión, el cineasta ha preferido no aparecer delante de cámara como uno más de sus personajes, al igual que hacía en sus anteriores cintas, tal vez por su extrema obsesión con la perfección; sino que prefiere mantenerse a la sombra de las luces y ver cómo, lo que ha creado, se convierte en una realidad de la que, posiblemente, siga, a día de hoy, sin estar satisfecho del todo.