A veces no es necesario crear un producto demasiado
elaborado para conquistar a la audiencia. Tal es el caso de la serie de
animación para adultos “Back Street Girls” (“Bakku Sutorīto Gāruzu”), una producción
japonesa de lo más descabellada, que parte de una premisa suculenta y original.
Precedida por el éxito del manga a manos de Jasmine Gyuh a través de la revista Young
Magazine desde marzo de 2015, aprovecha cuestiones tan actuales y familiares como las bandas femeninas de música pop en Japón. Esta ficción cuenta también
con apoyo estadounidense, un aspecto muy apreciable en las voces de los
personajes. Pocas veces tenemos el placer de disfrutar de algo tan irreverente,
salvaje, divertido y políticamente incorrecto y, por tanto, es algo de
agradecer entre la inmensa oferta existente.
Estamos acostumbrados a ver a la yakuza en otro tipo de
circunstancias. Hombres fieles con un brutal código de honor, siempre presentes
en la sociedad japonesa de alguna u otra manera. Sin embargo, en esta ocasión,
un simple fallo de un miembro no termina de la forma más esperada y que tantas
películas y series nos han mostrado. Kentarō Yamamoto, Ryō Tachibana y Kazuhiko
Sugihara trabajan para un jefe que no dejará pasar el error que han cometido.
Es por eso que, de repente, se ven ante un castigo inimaginable. En un viaje
directo a Tailandia, van a ser operados para convertirse en unas idols
perfectas, ya que el nuevo negocio del jefe es trabajar como manager de una
banda de chicas. Así es como Kentarō será la líder Airi Yamamoto; Ryū, la rubia
Mari Tachibana; y Kazuhiko, la jovencita Chika Sugihara. A primera vista, sus
cuerpos son de atractivas veinteañeras, pero, en su mente, siguen siendo tres
rudos yakuzas muy poco acostumbrados a los formalismos femeninos en Japón.





