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jueves, 30 de junio de 2022

AQUELLOS QUE TIENEN LIBERTAD (1989)

Aunque han pasado los años, la pieza documental “La isla de las flores”, del director y guionista de cine y televisión brasileño Jorge Furtado, está considerado como uno de los mejores cortometrajes de la historia precisamente por su visión crítica ante un drama social que cada vez está más presente. Con tres pequeños metrajes que anteceden a esta obra, la alocada comedia “Tormenta” (1984) y el drama carcelario “El día que Dorival se enfrentó a la guardia” (1986), ambos realizados en colaboración con el productor José Pedro Goulart; y la comedia fantástica “Barbosa” (1988), no fue hasta “La isla de las flores” que Furtado ganaría un destacado reconocimiento a escala global. Premiado en 1989 con el Oso de Plata en el Festival de Berlín, este trabajo se ha convertido en un visionado indispensable para todo cinéfilo. El que fuera director del Museo de Comunicación Social Hipólito José da Costa en Porto Alegre y productor en Luz Produções, saltó de lleno al mundo de la publicidad, fundó la Casa de Cinema de Porto Alegre y comenzó una carrera paralela como guionista en la televisión nacional. Su imparable trayectoria profesional le ha valido un gran número de galardones, muy especialmente dentro de Brasil.

En apenas 13 minutos de metraje, “La isla de las flores” consigue remover al espectador desde lo más profundo con una crítica extensible a toda la humanidad. Las imágenes que recoge son, simplemente, la cruda realidad que nos rodea y de la que permanecemos distantes. Con toques satíricos, Furtado parte de un metraje que a primera vista parece corresponder a un collage a buen ritmo, pero que en realidad presenta, inicialmente, la evolución de nuestro comportamiento, conectando datos, hechos, evidencias que explican las dinámicas habituales del capitalismo, pero que poco a poco se torna más oscuro, especialmente desde el punto de vista sociológico. A veces, hace falta una palabra para rescatar la memoria histórica o las conductas que solemos tomar a través de pequeños y sencillos ejemplos. Al final, esos 13 minutos de cortometraje se transforman en un mensaje poderoso, directo, más actual que nunca, apenas sin darnos cuenta gracias al fabuloso ingenio con el que trabaja el cineasta.

miércoles, 27 de octubre de 2021

LA HUELLA PRIMITIVA DEL ARTE ABSTRACTO (1926)

El artista y director alemán Hans Richter es recordado por la historia del arte como un auténtico artesano del cine, con el que experimentó profundamente diferentes técnicas para dejar un magnífico legado, que le convirtió en uno de los artistas de las vanguardias clásicas más importantes. Su pieza “Fantasmas antes del desayuno” (“Vormittagsspuk”, 1928) es un perfecto estudio de las primitivas tendencias cinematográficas en plena década de los 20, pero, además, su valor histórico nos recuerda cómo tuvo que sortear obstáculos como la Segunda Guerra Mundial, cuando el nazismo destruyó su versión sonora, que originalmente había sido creada por el influyente compositor alemán Paul Hindemith. Más allá de esta obra, la colección conservada experimenta, en su mayoría, con el dadaísmo, especialmente durante su etapa europea, con composiciones que, visualizadas cronológicamente a partir de su trilogía abstracta “Rhythmus 21” (1921), “Rhythmus 23” (1923) y “Rhythmus 25” (1925); nos revelan la evolución en los intereses del cineasta.

Su concepción del cine le llevó a pensar en él como un complemento de la pintura, una extensión de sus creaciones artísticas a las que aportar, sobre todo, movimiento como una forma de expresión natural propia del arte moderno. Esta idea es más que evidente en su pieza “Filmstudie”, una obra que, como su propio título indica, sirvió como un experimento para que Richter siguiera profundizando en las posibilidades que le ofrecía, por entonces, este nuevo arte. A su vez, este metraje es recordado por la historia como uno de los primeros intentos que sirvieron para combinar el dadaísmo y la abstracción, aunque él mismo solía hacer hincapié en que él trabajaba más con el surrealismo. Por ello, se observa, durante casi cuatro minutos y aproximadamente 45 planos, un hipnótico collage con imágenes de rostros y globos oculares, combinados con figuras geométricas encadenadas y otros objetos borrosos que sirven a modo de transición. Las superposiciones, las rupturas estilísticas, las exposiciones múltiples, las tomas extremadamente cortas de entre dos y seis segundos y los diversos grados de opacidad fruto del montaje de la cinta confluyen en rectángulos y líneas en un blanco y negro impoluto. A veces, como si fuera un tejido, otras como si se tratara de un puzle, las piezas construyen y deconstruyen formas irregulares, tan solo interrumpidas por fotogramas obtenidos de la propia realidad, como un hombre con un martillo o unos pájaros en el muelle, que, a través de esta primitiva visión, parecen conformar su propio collage con el uso del negativo.

miércoles, 21 de julio de 2021

LA BÚSQUEDA DE LA ESPIRITUALIDAD ORIENTAL (1975)

El videoartista japonés Toshio Matsumoto se convirtió en uno de los directores de cine experimental más importantes de la región asiática. Comenzó su andadura cinematográfica en 1955 con el cortometraje vanguardista “Silver Ring” (“Ginrin”), cuyo negativo permanece en paradero desconocido. Sin embargo, su carrera fue más notoria a partir de su largometraje “Funeral Parade of Roses” (“Bara no sôretsu”) (1969), a través del cual mostraba una visión muy interesante de los Hostess clubs de la capital por medio de la reinterpretación de “Edipo Rey”. Desde entonces, ha ofrecido al mundo tres largometrajes más, “Pandemonium” (“Shura”) (1971), “War at the Age of Sixteen” (“Juuroku-sai no Sensô”) (1973) y “Dogura Magura” (1988); junto a otras más de 40 obras no narrativas, documentales y otros trabajos relacionados con el teatro, la radio y algunas instalaciones en museos. Cambió el pincel y los lienzos por el cine desde muy temprana edad, llegando a ser un cinéfilo empedernido que no se perdía ni un solo estreno en la cartelera, pero hasta que no se adentró en el cine documental y experimental, no decidió tomar la cámara para adoptar el papel de creador. Es, dentro de la productora nipona Shin Riken Cinema, en donde se presenta su mayor aprendizaje, analizando cada trabajo que la compañía guardaba, observando los procesos que encierra la industria cinematográfica y, en definitiva, viéndose involucrado en el trabajo que, a fin de cuentas, todo profesional debe cumplir.

miércoles, 9 de junio de 2021

LA DESAPARICIÓN Y EL OLVIDO DE LA IMAGEN (2016)

Aproximarse a la filmografía del artista audiovisual mexicano Bruno Valera es entrar de lleno en el activismo visual e, incluso, la milicia del videoarte. Su experimentalidad aboga, en muchos de los casos, por la revisión de la memoria histórica de México desde la propia materia, el folclore o, en un paso más allá, la misma verdad. Cada una de sus obras generan una profunda incertidumbre que deja sin aliento, piezas que trabajan con diferentes formatos, sustratos y soportes siempre en la línea del found footage más inclasificable, pero en constante evolución. Es, por ello, que Varela se erige como un autor cambiante, sumamente activo en su labor y capaz de sorprender a sus espectadores con cada uno de sus trabajos, obligando a reflexionar, a verse envuelto de cuestiones sociales y políticas dirigidas bajo la batuta del mismo arte audiovisual.

Una de sus muchas piezas experimentales es “Materia oscura”, que supone una profundización en el archivo de los recuerdos a través de un ejercicio de sentido común, cuya esencia, en cambio, ha sido relegada al olvido por diversos intereses. El metraje nos avisa de la metodología utilizada, que parte de la excavación de 54 mil fojas, divididas en 85 tomos y 13 anexos, del “caso Iguala”, también conocido como “caso Ayotzinapa”. Durante la noche del 26 y la madrugada del 27 de septiembre de 2014, la ciudad de Iguala fue testigo de importantes episodios de violencia contra los estudiantes de la Escuela Normal Rural de Ayotzinapa. El ataque impulsado por policías y militares desembocó, según las fuentes oficiales, en la desaparición de 43 personas, 9 asesinatos y 27 heridos entre alumnos, periodistas y otros civiles. No se trató de un único ataque y las incongruencias en los posteriores informes obligaron a la creación de la Comisión para la Verdad y Acceso a la Justicia en 2019.

jueves, 18 de marzo de 2021

EL CUERPO Y LA LIBERTAD CREATIVA (1964)

Sin duda, Jonas Mekas es una de las grandes figuras de las vanguardias estadounidenses, ese cine más underground ligado a la experimentalidad, libertad, creatividad y puro arte hasta límites nunca vistos. Todo un floreciente despliegue que nos ha permitido disfrutar de una herencia de lo más amplia y de la que aún se siguen descubriendo grandes sorpresas, especialmente en torno al papel de la mujer dentro de este cine no narrativo. Así pues, Mekas es de los autores más estudiados al respecto, pensador, escritor y cineasta lituano que llegó a Estados Unidos en 1949 para revolucionar un escenario que ya comenzaba a dar sus primeros pasos de independencia. Fue compañero de estudios del alemán Hans Richter y se mantuvo en constante contacto con el círculo más influyente del país que le recibió, como Andy Warhol, Maya Deren, Stan Brakhage, Allen Ginsberg, Kenneth Anger o Shirley Clarke, entre otros. Pero, ante todo, destaca su amistad con Salvador Dalí, al que dedicó uno de sus primeros trabajos cinematográficos.

“Salvador Dali at Work” forma parte de su legado, una compilación de innumerables metrajes que engrosó especialmente en 2007 con su inesperada colaboración con Apple Inc. Se trata de una pieza documental rodada en 16 mm. que mantiene su mirada poética de la realidad. Escenificada y un tanto artificial, la obra surgió a petición del mismísimo Dalí, que se ofreció a aparecer delante de la cámara en uno de sus viajes a Nueva York. Nos situamos en el 18 de abril de 1964, un plano detalle del rostro del artista nos conduce a las calles del East River, mientras una voz en off nos narra esa llegada tan especial a la ciudad. Mekas muestra su lado más divertido y creativo, sumergido en las posibilidades que ofrece el propio cuerpo, en este caso, de la modelo, actriz y artista alemana Veruschka von Lehndorff; y esa libertad de representación tan propia, mientras el público sonríe ante una locura inexplicable. La cámara se deleita observando a Dalí, cuya mirada perdida nos conduce inesperadamente al sonido de la guitarra española y las castañuelas. Pero este es tan solo el inicio de la obra, que supone una representación más del imaginario de aquellos genios que formaron parte de la historia cultural del siglo XX.

miércoles, 27 de enero de 2021

EL ESTREMECEDOR RELATO DE LA FRAGILIDAD (1988)

En 1989, el director, guionista, productor y fotógrafo estadounidense Bruce Weber recibía uno de los reconocimientos más importantes de su carrera: la nominación al Oscar a mejor documental por su segundo trabajo “Let’s Get Lost” (1988). Precisamente, esta obra le ha traído más de una sorpresa, como el premio de la crítica en el Festival de Venecia, propiciando que su nombre apareciera en los círculos cinematográficos más importantes. Quizá por eso se ha visto incentivado a seguir explorando las posibilidades que le ofrece el documental musical, retratando a destacadas figuras del jazz como el célebre trompetista y vocalista Chet Baker, experimentando su faceta como fotógrafo en “Chop Suey” (2001), además de otros proyectos como “Broken Noses” (1987) y su profundización en el mundo del boxeo, el homenaje a sus perros en “A Letter to True” (2004) o la curiosa vida del actor norteamericano Robert Mitchum en “Nice Girls Don't Stay for Breakfast” (2018). Pero si hay algo por lo que Webber es realmente popular es por los videoclips tanto del cantante californiano Chris Isaak como del dúo británico Pet Shop Boys que firma el cineasta.

Sin duda, el universo de la música es importante para el director, que, lejos de quedarse en el estilo habitual de los documentales que trabajan con este tipo de temas, trata de profundizar en retratos que evitan caer en la parte más sensacionalista de tan grandes figuras. Así es, precisamente, “Let’s Get Lost”, una producción que tardó más de dos décadas en llegar a España y que recorre las experiencias y pensamientos de Chet Baker, siendo el título del documental un claro homenaje a la estrella, puesto que toma prestado el nombre de una de sus célebres canciones que formaría parte de la película “Happy Go Lucky” (Curtis Bernhardt, 1943). El recorrido que traza el autor, desde la década de los 50 hasta los 80, recoge un gran número de testimonios de todos aquellos que rodearon al artista para construir un relato que parte de su salto a la fama y que profundiza en los problemas que le hicieron caer, como su adicción a la heroína o los conflictos surgidos en el seno familiar.

martes, 18 de febrero de 2020

LAS COMPOSICIONES HÍBRIDAS DE LA URBE (1955)


Tanto Stan Brakhage como Joseph Cornell han sido considerados dos de los nombres más importantes dentro de las vanguardias modernas de Estados Unidos. Dos cineastas que han dedicado toda su trayectoria profesional al cine no narrativo a través de una experimentación muy diversa en cuanto a formato y técnica, la cual podía ir desde el uso de la cámara en mano, la edición en cámara o la pintura directa, en el primer caso; o la cámara lenta y el collage, en el segundo. Sus trabajos forman parte de la importante herencia que nos han dejado contemporáneos como Maya Deren, Kenneth Anger, Jonas Mekas, Shirley Clarke, Jack Smith, Andy Warhol, Storm de Hirsch, Chris Marker, Marie Menken y un largo etcétera. Todos ellos contribuyeron a la historia del cine mundial de una manera sin igual por medio de una gran cuantía de piezas que hoy en día se estudian en profundidad.

Entre ellos también se crearon importantes colaboraciones, como la realizada por Brakhage y Cornell a través del cortometraje “The Wonder Ring”, que terminaría formando parte de una corriente centrada más en la estructura formal que en aquellos metrajes que requerían un mayor análisis y sentido reflexivo. Así es como el cine estructural del que hablaba el historiador de cine P. Adams Sitney en 1969 influía fuertemente dentro de las tendencias más expresionistas y poéticas que reinaban a mediados del siglo XX. Precisamente, a través de esta pieza, podemos encontrar algunos de los rasgos más destacados de este cine, como la simplicidad, la posición estática de la cámara o el montaje por patrón. Basada en una idea original de Cornell, ambos cineastas se lanzaron a grabar con su cámara el paso a nivel tan característico de la Tercera Avenida de la inmensa Manhattan.

martes, 21 de enero de 2020

FANTASÍAS SEXUALES SOBRE SATÉN ROSA (1971)


Hay obras que han tenido que permanecer ocultas a lo largo de la historia del cine por expresar ideas demasiado adelantadas a su tiempo. Incomprendidos desde el primer minuto, estos metrajes han despertado siempre una gran controversia, viéndose obligados a ser proyectados para un sector del público muy reducido o, en el peor de los casos, quemados y desapareciendo para siempre. En el caso de “Pink Narcissus”, una pieza de corte experimental, se vio relegada a círculos muy concretos en donde se mostraba bajo anonimato. Su verdadero autor vio como su creación sobrevivía al paso del tiempo durante tres décadas, siendo proyectada sin su consentimiento y sin ningún tipo de reconocimiento popular, aunque sí logró generar más de una obsesión en círculos cerrados. 

Su no autoría despertó aún más el interés de la cinta, puesto que, en sus inicios, se creyó que pertenecía a la colección cinematográfica del célebre Andy Warhol o que, incluso, bien pudiera haber sido una película perdida dentro de la filmografía del influyente padre del videoclip, nada menos que Kenneth Anger. Sin embargo, no fue hasta la década de los 90 cuando el escritor Bruce Benderson decidió comenzar a investigar para encontrar a su verdadero director, que finalmente acabó concluyendo que se trataba del artista estadounidense James Bidgood. Sin duda, los 73 minutos de los que consta el metraje descubren parte de su sello personal a través de esa puesta en escena teatral y de estilo kitsch. Grabada en su propio apartamento en pleno Manhattan a lo largo de poco más de siete años de rodaje, la cinta muestra la belleza de varios jóvenes bajo el erotismo de sus primeras experiencias sexuales, adornadas por una decoración rococó que nos empuja a vivir en sueños en bucle. Es en esas psicodélicas fantasías en donde el protagonista, Angel (Don Brooks), la verdadera pareja del cineasta, observa en nuestra compañía el hipnótico contoneo de la danza exótica, mientras imágenes explícitas surgen de forma aleatoria para romper con la extraña alucinación pop.

martes, 15 de octubre de 2019

LOS COLORES DEL OTOÑO (1899)

La palabra momijigari viene a definir la tradicional actividad japonesa de contemplar las hojas de los árboles en otoño y disfrutar de los colores anaranjados y amarillentos que siempre generan un llamativo contraste en el paisaje. Las ciudades de Nikkō, Tochigi y Kyoto siempre han recibido a un gran número de viajeros desde la era de Heian únicamente para continuar con una tradición que busca en todo momento apreciar la belleza de la naturaleza. Pero a parte de esta práctica, Momijigari es una danza japonesa (shosagoto) que combina los encantos del teatro kabuki y el noh, lo que nos lleva a recordar el hasta ahora considerado uno de los primeros metrajes cinematográficos de Japón. Precisamente, la pieza “Momijigari” ha encumbrado la labor histórica realizada tanto por su director, Tsunekichi Shibata, como por su escritor original, el célebre dramaturgo Kanze Nobumitsu.

Rodada en 1899 y considerada como Propiedad Cultural Importante bajo la Ley de Protección de Bienes Culturales de Japón, la obra representa tan solo una escena de la verdadera historia escrita por Nobumitsu, centrada en el viaje de una mujer de alto rango, la princesa Sarashina, para contemplar la belleza del otoño en las montañas de Shinano. Sobre este maravilloso escenario, se producirá su encuentro con el comandante Taira no Koremori entre bailes y alcohol. Debido a su extensión y al año en el que se produjo el rodaje, la pieza sólo escenifica el instante en el que el protagonista lucha contra un demonio que se presenta ante él disfrazado de la joven. Precisamente por este hecho, es considerada como un antecedente de aquel cine clásico que representaba fragmentos propios del teatro kabuki y que discurría sobre la fina línea que siempre se ha establecido entre el documental y la ficción.

lunes, 30 de septiembre de 2019

A LA SOMBRA DEL MITO (2019)


15 de agosto de 1969. Un grupo de inversores comienzan el supuesto negocio de sus vidas. Una idea planificada al detalle para sacar partido al espacio cedido por un vecino de Bethel, condado de Sullivan, estado de Nueva York. La granja, de 240 hectáreas, serviría de lugar de diversión durante dos días. Ya se intentó en el pueblo de Wallkill (condado de Orange, Nueva York), pero, tras la oposición de la población, tuvieron que buscar un nuevo recinto en el que llevar a cabo su celebración. Todo estaba aparentemente controlado, grupos contratados, seguridad planificada y público limitado, pero la misma mañana del día 15 se dieron cuenta de que aquella cita se iría irremediablemente de las manos. 

El Festival de Woodstock fue mucho más que estas simples líneas. Esa inmensa reunión del movimiento hippie pasaría a formar parte de la historia, recordada tanto por asistentes como por varias generaciones posteriores como símbolo de juventud, de una posibilidad de cambio cuando realmente sí se está dispuesto a ello. El cine también ha seguido recordando tal evento, ya sea a partir de ficciones como la versión libre del popular director taiwanés Ang Lee, “Destino: Woodstock” (2009); de documentales tan importantes como el premiado “Woodstock, 3 días de paz y música” (Michael Wadleigh, 1970), que sigue siendo prácticamente una cinta de culto para los más nostálgicos; o de especiales únicos como aquel extenso metraje para la televisión en conmemoración por su 25º aniversario, “Woodstock Diary” (Chris Hegedus, Erez Laufer, D.A. Pennebaker, 1994). A esta pequeña lista con títulos esenciales se suma otra aportación más que capta indudablemente nuestra atención, “Woodstock: Three Days that Defined a Generation”, el documental del director, productor y guionista estadounidense Barak Goodman.

martes, 24 de septiembre de 2019

LAS CUENTAS PENDIENTES DEL PASADO (2018)


Nuestra memoria histórica todavía recuerda algunos de los capítulos más bochornosos con la intención de que nunca olvidemos las atrocidades cometidas y no repetimos nuevamente tantos errores. Precisamente, en Europa seguimos prestando atención al pasado, aún presente en nuestras vidas, tratando de ajusticiar las cuentas pendientes que quedan y que, en cierta medida, seguirán lastrando cualquier tipo de evolución. Una de ellas es, sin duda, la del “carnicero de Srebenica”, todo un desconocido para los más jóvenes, especialmente en la parte occidental del continente. Ratko Mladić fue jefe del Estado Mayor del Ejército de la República Srpska durante la Guerra de Bosnia (1992-1995) y, bajo sus órdenes, se cometieron grandes atrocidades que, después de varios años, fueron llevadas ante la justicia a partir de 2011.

Él fue la principal figura de los crímenes de guerra y genocidio que se produjeron durante el conflicto y no fue hasta 2008 cuando, por fin, fue arrestado por las autoridades serbias en Belgrado, en un suburbio de clase alta que parecía protegerle. Es entonces cuando entra en juego el documental de los productores y directores británicos Henry Singer y Robert Miller, “El Juicio a Ratko Mladić”. Las imágenes de campos de concentración y tumbas masivas que bañan el desconocido paraje de la antigua Yugoslavia siguen estando de plena actualidad, mientras que las exorbitadas cifras que se cobró la guerra ya son sobradamente conocidas por todos. El militar serbobosnio Mladić tuvo que rendir cuentas frente al Tribunal de la Haya tras permanecer la orden de busca y captura durante varios años. Es, en ese pequeño salón de justicia, bajo la mirada de sólo unos pocos asistentes, en donde la cámara de Singer y Miller se mantiene petrificada para captar los cargos a los que tuvo que responder y la condena a la que fue sometido.

martes, 18 de junio de 2019

LA DISTORSIÓN DE LA EXPRESIÓN CORPÓREA (1947)

El cine no narrativo sobrevive en los márgenes relegado a viejos clichés que restan su interés entre la audiencia general. Una alternativa infravalorada que siempre guarda sorpresas en su interior y que aporta experiencias únicas en su visionado, pero que, al igual que sucede en la historia del cine mundial, ha dejado en el olvido nombres que en los últimos años se han tratado de reivindicar, especialmente aquellas cineastas que han aportado una importante contribución al cine experimental, como fueron Shirley Clarke, Storm de Hirsch o Marie Menken, entre otras muchas que, con el transcurso del tiempo, la historia les otorgará su lugar.

Así sucedió también con la artista y directora norteamericana Sara Kathryn Arledge, tristemente olvidada entre las vanguardias cinematográficas y hasta incluso ensombrecida por la figura de Maya Deren, cineasta con la que coincide temporalmente y que recobró su fama gracias a la gran influencia de sus obras en la filmografía de David Lynch. Formada en pintura y baile, es fácil observar que su mayor interés residía en la representación del cuerpo humano en movimiento, precisamente a través de la danza y el esteticismo. Es en “Introspection” (1947) en donde se puede apreciar estas inquietudes desde diversas perspectivas y ángulos. Este “cine-dance”, del que es considerada pionera junto a Deren, combina diversos matices entre láminas de gel de colores vivos a modo de filtros y superposiciones que envuelven los cuerpos entre telas y los rostros maquillados sobre un fondo eternamente oscuro e infinito. Una distorsión hipnótica que canaliza la expresión corpórea más poética y simbólica.

martes, 2 de abril de 2019

EL VIBRANTE EXPRESIONISMO ABSTRACTO (1958)


La directora estadounidense de cine independiente y experimental Shirley Clarke bien podría haber sido recordada como una de las precursoras del videoclip contemporáneo, como sucede con Kenneth Anger y su tan célebre “Scorpio Rising”. Más recordada por otras de sus labores, como sus metrajes dedicados a la danza, que tanto conquistaron a la crítica; y su cargo dentro de Unicef y la televisión pública norteamericana; Clarke nunca planeó dedicar su vida al séptimo arte, aunque la influencia de compañeros de estudios, como Hans Richter, o sus más cercanas amistades, entre las que destacaban nombres como Maya Deren, Stan Brakhage o Jonas Mekas; que pudieron tener parte de culpa.

Precisamente, un ejemplo de las influencias que llegaron a su vida fue su cortometraje “Bridges-Go-Round”, que recoge una mirada muy especial de los espectaculares y emblemáticos puentes que atraviesan el puerto de Nueva York. Realizado a partir de grabaciones sobrantes de algunos proyectos anteriores, la pieza transmite una ensoñación rítmica a partir de abstracciones reveladas al son de la música. La historia ha permitido recordar esta obra como un perfecto ejercicio de expresionismo abstracto que contaba con dos bandas sonoras: la primera, una base electrónica a cargo de los pioneros Louis y Bebe Barron; y la segunda, muy diferente, una composición de jazz creada por el compositor Teo Macero. Esto bien pudiera deberse a caprichos de la cineasta o a favores por amistad, pero, en realidad, los posibles problemas con los derechos de autor obligaron a Clarke a contar con una segunda opción como reemplazo. Curiosamente, nunca se produjo tal conflicto, por lo que se pudo exhibir el metraje con ambas piezas, sumergiendo al espectador en dos experiencias que parecen totalmente distintas.

miércoles, 27 de marzo de 2019

LA MIRADA ROMÁNTICA DEL MOVIMIENTO (1923)


Las obras fotográficas de Man Ray son inolvidables. Cómo ignorar la sensual espalda de, por aquellos entonces, su amante, Kiki de Montparnasse, y las efes del violonchelo que dibujó para su “Le violón d’lngres” o las perfectas lágrimas de cristal que mostraban una tristeza irreal y romántica en “Les Larmes”. Su delicada y elegante composición forjaron su popularidad y un hueco en la historia del arte mundial, dejando una huella imborrable en las vanguardias parisinas de principios del siglo XX. Esa sensibilidad que caracterizaba a su propio universo poético le llevó a extender su talento e inquietud a la pintura o el cine, formando parte de corrientes clásicas como el dadaísmo o el surrealismo. 

Entre la década de los 20 y los 40, Man Ray aportó vida a sus magníficas obras. Precisamente, ese movimiento por el que el hombre quedó fascinado con aquel artilugio cinematográfico que se acercaba cada vez más a los sueños. En la retina de los más afortunados quedaría el curioso experimento de “Retorno a la Razón”, una pieza que rompe con los límites del momento, que supone una explosión visual de formas entre un aparente caos estético y que surgió de manera improvisada. El mismo poeta y ensayista rumano Tristan Tzara le encargó un trabajo como parte de “La Soirée duCoeur à barbe”, un programa centrado en cine, música y poesía, que se celebraba en el Théâtre Michel de París el 6 de julio de 1923 y que no estuvo exento de varios imprevistos que pudieron haber destruído el metraje ante un público que, supuestamente, no tuvo tiempo de reaccionar a esta inesperada novedad sin sentido, cuya segunda exhibición fue cancelada junto al resto de las actividades del programa. Sin duda, está claro que nadie quedó indiferente frente a un evento demasiado moderno para su época.

martes, 19 de marzo de 2019

EN EL LABERINTO DE LA CREATIVIDAD (2016)


Hay ciertos directores que han pasado a la historia del cine por su innegable toque de originalidad en unas filmografías que son, cuanto menos, indispensables. Precisamente, uno de ellos es el afamado cineasta estadounidense David Lynch. Hombre enigmático por culpa de una mente inquieta a nivel artístico, es considerado como uno de los grandes maestros de la cámara que ha aglutinado un sinfín de fervientes seguidores. Está claro que o sabes apreciar su trayectoria o detestas su mirada tan personal, pero lo cierto es que nunca pasa indiferente entre los espectadores, especialmente por sus intrincadas narrativas, que a más de uno le sumerge en la máxima incomprensión ante la exigencia de un alto nivel de atención. Sin embargo, el autor no sólo experimenta en el mundo cinematográfico, sino que este loco genio guarda para sí mismo otras facetas desconocidas, aunque, a estas alturas, no resulten tan sorprendentes viniendo de él, puesto que sus primeros cortometrajes ya desvelaban una mente inquieta con ansias de explorar el mundo artístico en todas sus vertientes.

Los directores Jon Nguyen, Rick Barnes y Olivia Neergaard-Holm debutaban tras las cámaras con un documental que trata de esclarecer la identidad más íntima del cineasta, dejando a un lado su perfil de celebridad. Con dos nominaciones en los festivales de Londres y Venecia, “David Lynch: The Art Life” es una obra que rinde homenaje también a sus seguidores y a los espectadores más cinéfilos. Un acercamiento de apenas 90 minutos que supone un viaje a las profundidades en compañía del mismísimo Lynch. Esta coproducción británica-danesa indaga con cuidado en el interior del alma, observa el pincel en movimiento para desvelar, con el tiempo, una más de sus curiosas creaciones, pero evita en todo momento deconstruir por ansias de curiosidad. La cinta enlaza con gran elegancia los diferentes episodios en la vida de Lynch, formando un retrato de su verdadera identidad. 

martes, 29 de enero de 2019

EL HIPNOTISMO DE LOS DETALLES (1961)

En los últimos tiempos, se está tratando de otorgar su lugar a la mujer dentro de la historia del cine. Todavía quedan muchos nombres por descubrir y reivindicar y, para tal labor, los académicos continúan dando valor a aquellas cineastas que también aportaron su propio granito de arena en este ámbito. Por supuesto, aún hay un gran trabajo por delante y, por tanto, qué mejor momento que dedicar un pequeño espacio a la directora neoyorquina Marie Menken. Centrada en el mundo artístico y experimental, la autora se encontraba en el mismo epicentro de las vanguardias modernistas estadounidenses. El tiempo quiso que artistas de su más cercano círculo se convirtieran en los grandes protagonistas de esta etapa histórica del séptimo arte, olvidando a otros tantos que también ejercieron su labor en una época en la que el clasicismo cinematográfico llegaba a su fin. Sin ir más lejos, fueron los casos de Kenneth Anger, el gran precursor del mundo del videoclip; o Maya Deren, quien, como ya es bien sabido, terminó influyendo en la trayectoria profesional de importantes directores más actuales, como David Lynch.

La inquietud por experimentar nuevas formas de arte y, sobre todo, por otorgar movimiento a su estilo, llevó a Menken a aparcar el pincel momentáneamente para cargar con una cámara Bolex de mano de 16 mm y con manivela con la que acabaría rodando su primera aclamada obra, “Visual Variations on Noguchi” (1945). Para entonces, sólo había colaborado en la fotografía y el rodaje de “Geography of the Body” (1943), uno de los cortometrajes de su marido, el también director y poeta Willard Maas. Menken se vio rápidamente rodeada por la socialité más bohemia, aquel popular círculo de Andy Warhol que terminaría impulsando sus ansias por innovar en el mundo del vídeo arte.

lunes, 23 de julio de 2018

LA NEGACIÓN DEL PASADO (2018)


Kurt Waldheim fue un diplomático austríaco que llegó a la Secretaría de las Naciones Unidas entre 1972 y 1981 y a la Presidencia de Austria entre 1986 y 1992. Un hombre de éxito entregado por completo a la política y al Partido Popular Austríaco que supo ganarse al pueblo a través de sus carismáticos discursos. Sin embargo, y pese a los logros que obtuvo durante su madurez, su juventud estuvo ligada al partido nazi, un controvertido pasado que trató no sólo de negar, sino también de tergiversar. La polémica siempre le persiguió a lo largo de su carrera y, pese a que un comité internacional de historiadores se prestó a investigar la vida de Waldheim entre 1938 y 1945, lo cierto es que no se encontraron evidencias suficientes que permitieran juzgarle por crímenes de guerra. 

Los medios de comunicación internacionales se hicieron eco de este hecho durante años, pero el político nunca estuvo dispuesto a admitir nada de su participación en el nazismo, explicando que su servicio como oficial en el ejército alemán durante la Segunda Guerra Mundial era un deber que, durante la época, le obligaba a obedecer a la Austria Alemana. Tal conflicto no hizo sino arrastrar la memoria histórica de su país durante décadas, en las que periodistas e investigadores esperaban cualquier pequeño error en sus discursos para certificar lo que ya era conocido por toda la sociedad. El seguimiento de toda una polémica vida queda recogido en “El caso Kurt Waldheim”, el documental realizado por la directora y guionista austríaca Ruth Beckermann, que ha sido premiado en el DocAviv Film Festival y en el Atlántida Film Fest 2018 con el premio del público.

Con gran experiencia en el cine documental, la autora ha sido reconocida en múltiples ocasiones por sus simbólicos trabajos, desde “Jenseits des Krieges” (1996), sobre los crímenes de guerra de la Wehrmacht; o “Those Who Go Those Who Stay” (2013), sobre las huellas de la inmigración. En sus obras siempre quedan presentes las heridas del pasado, recurriendo a la memoria histórica independientemente del espacio y tiempo que trate. Tras el éxito en festivales de su segundo largometraje de ficción, “The Dreamed Ones” (2016), un título creado bajo su propia productora, Ruth Beckermann Filmproduktion, la cineasta regresó a su zona de confort para retratar la carrera de Waldheim en forma de recordatorio. Una narración sumamente inteligente que rescata un magnífico material de archivo para contextualizar con gran astucia la ambigüedad, la misteriosa sombra del político. 

viernes, 20 de julio de 2018

LA CONMOCIÓN DEL PASADO (2017)


La historia contemporánea de Europa registra una gran cantidad de acontecimientos importantes a lo largo del siglo XX, desde las guerras mundiales, las tensiones diplomáticas, la falta de seguridad internacional, la restructuración constante del mapa continental, etc. Sin embargo, las ambiciones que respaldaban la revolución de Mayo del 68 eran diferentes. Un suceso que trataba de marcar un antes y un después en las vidas del pueblo y que comenzó a través de la movilización de varios movimientos estudiantiles en París. En tan solo dos meses, lograron el apoyo de una gran parte de la población, llegando a producirse la mayor huelga general en la historia de Francia. Sin embargo, estos hechos eclipsaron por completo otros de similares características en diversos puntos candentes del mapa mundial. Todos ellos reunían características comunes, motivaciones similares, protagonistas idénticos y gobiernos que no estaban preparados para hacer frente a la fuerza conjunta de la ciudadanía. 

Por eso mismo, “No Intenso Agora”, el documental del guionista y director brasileño João Moreira Salles, se vuelca por completo en presentar diferentes perspectivas a través de un metraje de 127 minutos, por el que recibió premios por parte de la Asociación de Críticos de São Paulo, el Festival de Cine de Santiago y Cinéma du Réel, sumándose también el premio de la crítica en el Atlántida Film Fest de 2018. No es para menos. El autor reúne un extenso material de archivo que parte de las grabaciones caseras de su madre en su viaje a China durante los años 60. Un inicio personal y muy cercano que le lleva a explicar la atracción que ella sintió ante el exotismo de una tierra tan lejana, por aquellos entonces bajo la batuta del líder de la República Popular China, Mao Tse-Tung. Intercalando tales experiencias de una mujer que surge en pantalla totalmente fascinada por la cultura y sus gentes, el cineasta nos traslada de golpe a Europa para describir los primeros brotes del Mayo francés.

lunes, 25 de junio de 2018

RUMORES Y FANTASÍAS DE UN PRÍNCIPE (2017)


Hay quienes nacen con estrella, con un destino que asciende directamente a los cielos de la fama, pero, tras ello, se esconden grandes historias, horas de metrajes que van más allá de los clásicos biopics y que tratan de destapar la vida real de quienes se escondían tras nombres poderosos, nombres que, ya de por sí, eran una marca de éxito. Pocos conocen la realidad de Michał Waszyński, un director, productor y guionista polaco que creía en la auténtica magia del cine por encima de todo, pero cuya realidad estaba construída a base de rumores creados a su alrededor y fantasías asimiladas por él mismo. Un profesional del séptimo arte que aglutinó casi 40 largometrajes en su filmografía y que se hacía llamar el Príncipe Waszyński. Sin embargo, más allá de esta faceta popular, se encontraba el verdadero Moshe Waks, de origen judío, que comenzó su aventura en Varsovia tras ser expulsado de la comunidad en la que creció por su ferviente inquietud por la existencia de demonios. 

Durante sus años en la capital polaca, Waks pudo cumplir uno de sus sueños, debutar en la dirección con la película “The Dybbuk” (1937), que, aunque no cosechó buenos resultados, acabó desvelando más de sí mismo de lo que le hubiera gustado. Es más, su ópera prima causó un gran revuelo en el gobierno nazi, sembrando una gran controversia y, por supuesto, siendo perseguida para su prohibición. A pesar de que tan sólo se trataba de una adaptación de una famosa ópera, la pieza trataba cuestiones sobre el judaísmo y la brujería, todo un delicioso manjar para el apetito voraz de la censura. Obra y director dan título al documental de los cineastas polacos Elwira Niewiera y Piotr Rosolowski, “El Príncipe y el Dybbuk”, una coproducción polaco-alemana de poco más de 80 minutos que concentra los años más importantes de esta personalidad y que logró alzarse con un galardón en el Festival de Venecia de 2017.

martes, 27 de febrero de 2018

EL AROMA DE LAS CUERDAS (2008)



La historia musical engloba un gran número de inolvidables artistas que marcaron un antes y un después en nuestras vidas. Nombres que permanecen en la memoria colectiva aun con el paso de los años y de los que disfrutamos constantemente gracias a su importante aportación. Algunos nos acompañan en los momentos más difíciles como el mejor refugio desde el que hacer frente a nuestros problemas, otros están presentes en los instantes de mayor felicidad, escribiendo nuestra propia historia con las letras y sonidos que una vez crearon. Esta es la esencia que, en su día, el director, productor y guionista estadounidense Davis Guggenheim quiso retratar a través del magnífico documental “It Might Get Loud”, una cinta con la que obtuvo una nominación a mejor documental en los Satellite Awards de 2009. “Every Little Step” (2008), de los cineastas Adam Del Deo y James D. Stern, le arrebató tal reconocimiento con una obra centrada en la constante lucha personal de varios bailarines ante las audiciones de “A Chorus Line” en Broadway.

Guggenheim se iniciaba en el largometraje de ficción con “Amores Que Matan” en el 2000 con la intención de probar suerte tras sus comienzos en el mundo de las series de televisión, dirigiendo algunos capítulos de “Policías en Nueva York” (Steven Bochco y David Milch, 1993.2005) o “Urgencias” (Michael Crichton, 1994-2009), entre otras. “24” (Robert Cochran y Joel Surnow, 2001-2010), “Alias” (J.J. Abrams, 2001-2006), “The Shield: Al Margen de la Ley” (Shawn Ryan, 2002-2008) o “Deadwood” (David Milch, 2004-2006) precedieron a su primer largometraje documental, “Una Verdad Incómoda” (2006), sobre los efectos del cambio climático, que le llevó a recoger importantes premios otorgados por la Asociación de Críticos de Chicago y de Los Ángeles, los Critics’ Choice Awards o, incluso, los Oscars, en donde se alzó con el premio al mejor documental y canción original, afianzando así su carrera en este tipo de cine.