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viernes, 1 de julio de 2016

YAKUZAS, VIOLENCIA Y CINTAS DE VIDEO (2013)


Bien es sabido que el cine asiático siempre nos ha mostrado algo diferente. Ese toque de bella rareza que hace pensar que no sabes si estás viendo una comedia, un drama o gore. El famoso director japonés Sion Sono resulta ser de esos viejos cineastas que hace lo que les da la real gana independientemente del género en el que se embarque y, a pesar de ello, consigue valiosos premios y una gran atención. Después de todo, ¿quién no ha tenido la tentación de tomar una cámara y hacer películas, tal y como hacen los protagonistas de "Why Don't You Play In Hell?", trabajo con el que el autor logró alzarse con el premio del público en el Festival de Toronto.

Desde hace muchos años existe una gran rivalidad entre Ikegami (Sinichi Tsutsumi) y Muto (Jun Kunimura), pero todo se complica aún más desde que Ikegami se enamoró de la hija de su enemigo, Himizu (Fumi Nikaido). El enredo no se hace esperar, viéndose involucrados el tímido Kouji (Gen Hochino) y Hirata (Hiroki Hasegawa), un director de cine bastante peculiar. Un simple entretenimiento que, con grandes dosis de humor, contiene una mordaz crítica a la industria cinematográfica independiente y todo lo que gira a su alrededor. El autor, que ha tardado nada menos que 20 años en llevar a cabo este proyecto, inicia esta historia con un anuncio publicitario para preparar una premisa trepidante que gira en torno a la comedia, el drama y el romance, pero que contiene litros y litros de sangre y emocionantes peleas con pistolas y katanas en mano que, cómo no, recuerdan al cine ligero de épocas anteriores. 

Son infundadas las comparaciones con otros cineastas contemporáneos como Quentin Tarantino o Takashi Miike porque los trabajos de Sono hace tiempo que tienen un estilo original y eso se aprecia claramente en esos diálogos tan inteligentes en situaciones irreales, con los cuales es imposible no reír. Aunque en algunos momentos no lo parezca, ésta no es una tragedia, porque hacer cine nunca debe de ser un sufrimiento. "Why Don't You Play In Hell?" es un sentido homenaje al séptimo arte por parte de un director imprescindible que es capaz de recrear diferentes texturas, generar vueltas de tuerca constantemente y plasmar los delirios del gore más desenfrenado. 

martes, 23 de junio de 2015

EL PECADO DEL EXCESO (2014)


Muchos conocen al director nipón Tetsuya Nakashima principalmente por “Confessions” (2010), una cinta que se coló dentro de la programación del Festival de Sitges de 2010 y que nos presentaba un baño de violencia con un thriller psicológico bastante bizarro entre una profesora y sus alumnos. Atrás quedan “Kamikaze Girls” (2004), con la que se adentró en el mercado internacional de forma muy tímida, o “Conociendo a Matsuko” (2006), que llamó la atención en diversos certámenes asiáticos. Cuatro años pasaron sin tener noticias de él, pero el cineasta regresó con otro largometraje, “The World of Kanako”, que mantiene ese toque grotesco en su historia gracias a la decrépita imagen que construye de Japón.  

Kanako Fujisjima (Nana Komatsu) desaparece de repente en pleno Tokio, dejando destrozada a una familia desestructurada. Su padre, Akikazu (Kôji Yakusho), inicia una búsqueda exhaustiva para investigar lo que le ha ocurrido a su hija. Antiguo policía y alcohólico, no duda en verter la sangre de quien se cruce por un camino en el que poco a poco descubrirá lo más oscuro de la adolescente.

Bien es cierto que, contar con tal elenco, genera mucho interés, sobre todo entre los seguidores Yakusho, que cuenta con una extensa carrera y con multitud de películas bajo la batuta de los más grandes realizadores nacionales, como Kiyoshi Kurosawa, Shinji Aoyama o Takashi Miike, con los que ha repetido experiencia en varios trabajos. Igualmente, Nakashima vuelve a contar con este gran actor tras la excelente labor realizada en “Paco and the Magical Picture Book” (2008). En esta ocasión, su papel se acerca demasiado al perfil del coreano Choi Min-Sik en “Old Boy” (Park Chan-Wook, 2003), con ese lado tan vengativo y cruel refugiado en una buena causa. Nos atrae que el protagonista sea el perfecto antihéroe y disfrutamos de sus imperfecciones. Como veterano en la profesión, vuelve a adaptarse con naturalidad en este nuevo rol, con el que obviamente ensombrece al resto de compañeros, los cuales no hacen nada más que desfilar ante su presencia. Un gran número de personajes que representan a la sociedad japonesa actual en todas sus vertientes y, por supuesto, en su mayor decadencia. Junto a él, figuran los afamados Jun Kunimura y Satoshi Tsumabuki, o el internacional Jô Odagiri con intervenciones poco llamativas.