Hay sentimientos que nos llevan a emprender un camino de
dolor constante y es que, como es bien sabido, nosotros mismos somos nuestro
máximo enemigo. El cine siempre ha perseguido el retrato perfecto de esta idea
a través de la profundización en la psicología de los personajes, de la
búsqueda del máximo realismo a través de la ficción. Hemos visto caer a muchos
personajes en sus propios traumas y miedos, en una evolución laberíntica y
oscura de la que es complicado salir y cuya onda expansiva ha arrasado con todo
aquello que les rodeaba. Y es que el cerebro humano es uno de los grandes
misterios de nuestro tiempo.
“Plenty” es un drama psicológico que se sumó a la amplia
lista de este subgénero en el año 1985. Esta coproducción
británico-estadounidense, dirigida por el cineasta y guionista australiano Fred
Schepisi y basada en la obra de teatro homónima realizada por el dramaturgo
David Hare, parte de la Segunda Guerra Mundial, en la que la joven inglesa
Susan Traherne (Meryl Streep) colabora en lo que puede con la resistencia
francesa desde 1943 hasta verse dañada psicológicamente. En su traumática
experiencia conoce a Lazar (Sam Neill), con el que disfruta de una noche de
pasión. Sin embargo, su vida en Inglaterra se verá lastrada por el dolor del
recuerdo de aquellos días. Acompañando a la posguerra europea, Susan también
tendrá que reconstruirse emocionalmente, pero la insatisfacción se adueñará de
cada uno de sus éxitos, manteniéndose la eterna sensación de que siempre puede hacer más, de que sus
necesidades superan con creces cualquier tipo de logro. Su mundo se transforma
inmediatamente en una realidad superficial que supera los límites del desprecio
y, en pleno caos, el dolor que encierra en sí misma se expandirá hacia todos
aquellos que la rodean.



