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viernes, 18 de septiembre de 2015

EN RECUERDO DE LA SANGRE DERRAMADA (1949)

Pocos trabajos son capaces de dejarnos tan extenuados tras su visionado como lo hace “La Sangre de las Bestias”, un documental de corte surrealista que encierra un durísimo mensaje expresado a través de unas imágenes que muestran la cara más cruel del ser humano (para muchos, incluso, alcanzaría a ser calificado como gore). El director francés Georges Franju convirtió su debut tras las cámaras en toda una revolución internacional hasta el punto de elevar su obra al nivel de una pieza esencial no sólo en la trayectoria del séptimo arte, sino también dentro de nuestra historia contemporánea y es que su explícita metáfora encierra los horrores de la Segunda Guerra Mundial, conflicto que el propio autor vivió de primera mano y que, por supuesto, deseaba dejar constancia de tal atrocidad.

Narrada por los actores galos Georges Hubert y Nicole Ladmiral, la cinta plasma la rutinaria labor de un matadero de la periferia de París. Los primeros instantes del metraje recorren una ciudad convertida en escombros tras el fatal acontecimiento para, después, dejar a las espaldas lo que simplemente es el contexto de la matanza que se sucede tras los muros de esa cárcel animal. Sin filtro alguno, el cineasta nos desvela cómo caballos, terneros y ovejas son degollados mientras se retuercen de dolor, desangrados hasta su muerte y descuartizados salvajemente para que sus carnes sirvan de alimento a los que viven fuera de esas gigantescas puertas. Un filete servido a la mesa de quien ignora la clase de espantos que se han sucedido hasta llegar esa comida a sus manos.

Visto así, no es de extrañar que este cortometraje se haya convertido en un pilar fundamental para vegetarianos y veganos, pero, para Franju, este no era el objetivo de su espeluznante obra. Son pocos los que logran mantener su mirada de principio a fin y es que, a pesar de ser tan sólo 20 minutos de duración, cada escena retuerce la anterior hasta convertirse en un “espectáculo” insoportable para todo espectador con un mínimo de sensibilidad. Un recuerdo al nauseabundo Holocausto nazi que, por lejano que ahora nos parezca, será imposible de olvidar.