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domingo, 31 de julio de 2022

SANAR UN CORAZÓN ROTO (2017)

Tras aquellos días en los que el popular actor estadounidense Jim Carrey nos hacía reír y desconectar de la rutina, las responsabilidades y problemas diarios, existe otra cara que el propio artista reveló al declarar haber sufrido depresión. De repente, aquella etapa tan alocada que nos marcó a muchos parecía quedar demasiado lejana. Ese Carrey imparable se difuminaba por las emociones y nos hacía recorrer su filmografía en apenas unos segundos, como cuando lanzó un combo mortal en la taquilla en 1994 con “Ace Ventura, un detective diferente” (Tom shadyac), “La máscara” (Chuck Russell) y la comedia de culto “Dos tontos muy tontos” (Peter y Bobby Farrelly). También cuando se ganó a pulso explorar el lado más oscuro de personajes de mayor complejidad, como el villano Enigma en “Batman Forever” (Joel Schumacher, 1995) o ese obsesivo tipo del cable en “Un loco a domicilio” (Ben Stiller, 1996); o cuando nos dejó memorables películas en su etapa más cercana al drama, como “El show de Truman” (Peter Weir, 1998), “Man on the Moon” (Milos Forman, 1999) u “¡Olvídate de mí!” (Michel Gondry, 2004). Posiblemente “El Grinch” (Ron Howard, 2000) nunca hubiera sido igual si Jim Carrey no lo hubiera encarnado. Sus más de cincuenta premios y un centenar de nominaciones a sus espaldas avalan su sobradamente reconocido trabajo, que, sin duda, ya forma parte de la historia del séptimo arte y de la memoria de una audiencia global que supo depositar su confianza en él hasta convertirse en la marca del éxito.

martes, 19 de marzo de 2019

EN EL LABERINTO DE LA CREATIVIDAD (2016)


Hay ciertos directores que han pasado a la historia del cine por su innegable toque de originalidad en unas filmografías que son, cuanto menos, indispensables. Precisamente, uno de ellos es el afamado cineasta estadounidense David Lynch. Hombre enigmático por culpa de una mente inquieta a nivel artístico, es considerado como uno de los grandes maestros de la cámara que ha aglutinado un sinfín de fervientes seguidores. Está claro que o sabes apreciar su trayectoria o detestas su mirada tan personal, pero lo cierto es que nunca pasa indiferente entre los espectadores, especialmente por sus intrincadas narrativas, que a más de uno le sumerge en la máxima incomprensión ante la exigencia de un alto nivel de atención. Sin embargo, el autor no sólo experimenta en el mundo cinematográfico, sino que este loco genio guarda para sí mismo otras facetas desconocidas, aunque, a estas alturas, no resulten tan sorprendentes viniendo de él, puesto que sus primeros cortometrajes ya desvelaban una mente inquieta con ansias de explorar el mundo artístico en todas sus vertientes.

Los directores Jon Nguyen, Rick Barnes y Olivia Neergaard-Holm debutaban tras las cámaras con un documental que trata de esclarecer la identidad más íntima del cineasta, dejando a un lado su perfil de celebridad. Con dos nominaciones en los festivales de Londres y Venecia, “David Lynch: The Art Life” es una obra que rinde homenaje también a sus seguidores y a los espectadores más cinéfilos. Un acercamiento de apenas 90 minutos que supone un viaje a las profundidades en compañía del mismísimo Lynch. Esta coproducción británica-danesa indaga con cuidado en el interior del alma, observa el pincel en movimiento para desvelar, con el tiempo, una más de sus curiosas creaciones, pero evita en todo momento deconstruir por ansias de curiosidad. La cinta enlaza con gran elegancia los diferentes episodios en la vida de Lynch, formando un retrato de su verdadera identidad. 

miércoles, 20 de enero de 2016

LA IMPORTANCIA DE SER UNO MISMO (2015)

Los trabajos del director inglés Tom Hooper son un claro ejemplo del siempre clásico y elegante estilo cinematográfico de la industria británica. En esta ocasión, “La Chica Danesa” cumple con esta expectativa, pero, además, trata una cuestión real que no ha dejado indiferente a nadie: la transexualidad. Tal es así que los medios de comunicación se han hecho eco de las risas que han ocasionado ciertas escenas entre el público general, permitiendo un inverosímil debate sobre si la sociedad del siglo XXI está preparada para visualizar y acercarse a este tipo de cuestiones. Increíble, pero cierto. Aún continúan existiendo los prejuicios ante la crudeza de una realidad por la que muchas personas siguen sufriendo y luchando para que sea aceptado con total normalidad. Por desgracia, se sigue tomando con frivolidad y, lo que es aún peor, con morbosidad.

La guionista Lucida Coxon se encarga de adaptar la novela del escritor norteamericano David Ebershoff, que descubre la historia real de Einar Wegener (Eddie Redmayne). Casado con Gerda (Alicia Vikander), el estable matrimonio de estos dos artistas daneses sufre una crisis cuando Einar posa de modelo femenino para su esposa. Desde ese momento, el joven siente la necesidad de descubrir públicamente a su verdadero yo, Lili, una mujer coqueta, valiente y delicada que provoca una gran metamorfosis en las vidas de ambos. 

La transexualidad es reflejada de forma elegante, sutil, sumamente respetuosa, pero, en cierta manera, comedida. El autor describe detalladamente el proceso de cambio mental y físico, evitando caer, en todo momento, en el melodrama. No obstante, resulta inevitable emocionarse por las vivencias de la protagonista, obviamente influidas por el difícil contexto en el que se producen. Si en la actualidad, tal y como comentábamos con anterioridad, aún sigue siendo un tema candente que necesita una mayor conciencia y aceptación, siglo y medio atrás, parece imposible socialmente. Sin embargo, apenas existen diferencias con tanta distancia temporal, puesto que, en este tipo de realidades, continuamos sin evolucionar.

jueves, 19 de noviembre de 2015

LA INMORTALIDAD DE UN ARTISTA (2002)

Nos adentramos en el siglo XIX, la última etapa de la dinastía Joseon, para conocer a Jang Seung-Eop, un pintor coreano conocido por el seudónimo Ohwon, que es toda una leyenda en la actualidad. Un revolucionario artista con el pincel que llegó a ser solicitado por el monarca y admirado por las clases más altas. Sin embargo, por su temperamento era difícil de tratar y sus vicios le impedían concentrarse, a pesar de que él mismo exigía sexo y alcohol para poder trabajar. Seung-Eop era un alma libre, inaudita e insustituible que no se doblegaba ante nadie fuese de la clase que fuese. Perfeccionista hasta rozar la locura, pero con una sensibilidad ante la belleza paisajística que no tiene parangón.

Corea vivía en plena crisis. La economía rural se derrumbó, dando paso a un periodo en el que los campesinos se veían explotados severamente. El catolicismo era perseguido por ser el principal enemigo del estado, de tradiciones, enseñanzas y costumbres confucionistas. Desorden, corrupción, levantamientos populares y constantes cambios en el gobierno, repartido entre las, cada vez más, facciones ideológicas. La península se encontraba herméticamente cerrada al exterior, de ahí que se le conociera como “país ermitaño”, pero pronto se acabaría con la firma de una serie de tratados con los que Japón aprovecharía para invadirles.

Una época tumultuosa que, una vez más, retrata el veterano director surcoreano Im Kwon-Taek, a sabiendas de su pasional interés por el mundo artístico y tradicional de su país, a través de su obra “Ebrio de Mujeres y Pintura”, con la que obtuvo la Palma de Oro al Mejor Director en el Festival de Cannes de 2002, premio que compartió junto al cineasta californiano Paul Thomas Anderson por “Embriagado de Amor” (2002). La cinta es un biopic que comienza a mediados del siglo XIX, cuando un jovencísimo Jang Seung-Eop, huérfano y mendigo, es salvado por el artista Kim Byung-Moon (Ahn Sung-Kee) de recibir una paliza por un vagabundo. Como agradecimiento, el niño le regala uno de sus dibujos a través del cual se aprecia el gran potencial que tiene.

martes, 10 de marzo de 2015

EL INDESCIFRABLE IMAGINARIO DE LOS GENIOS (2003)



La mezcla del imaginario de Salvador Dalí y Walt Disney nos provoca curiosidad cuanto menos y “Destino” fue el cortometraje que dio nombre a esta relación. Pese a que fue lanzado en 2003 por la compañía, en realidad, es una producción por la que han pasado 67 años y que, a día de hoy, es una auténtica joya para la vista.

El trabajo está basado en la canción de mismo título del mexicano Armando Domínguez. Su agilidad en el ritmo y la combinación de ballet y dibujos animados continúan la estela clásica de la productora, pero la visión tan especial del pintor hace que éste no sea como otra cinta cualquiera. Por supuesto, viniendo de él, sería imposible realizar una sinopsis completa y clara de lo que nos presenta la narración durante los 7 minutos que dura.

Una inmersión en el surrealismo clásico, donde nada es lo que parece y, como un sueño, nos transporta a un mundo de fantasía, donde una mujer es la protagonista de esta historia de luces y sombras, de relojes de cera derretidos, de esculturas “protohumanas” y ojos profundamente aterradores. Quizá son elementos que resultan demasiado familiares por la obra del catalán, pero verlos, por primera vez, en movimiento, es asombroso, arrastrándonos a parajes impensables y generando sensaciones indescriptibles.

Posiblemente, “Destino” sea de ese tipo de producciones de las que disfrutamos repetidas veces. Tal vez buscando un significado o quizá sea simplemente por maravillarnos de nuevo con la belleza de sus imágenes, por el hipnotismo inmerso en el contraste de los colores, de la luz, etc. Sí, estamos ante unos minutos de poesía compuestos a través de la música, el arte y la creatividad; y sólo con esto, es fácil decir que éste puede ser uno de los mejores metrajes de la historia de la animación. No esperes entender, de buenas a primeras, lo que sucede durante los próximos minutos, pero, ante todo, no pierdas la oportunidad de tener esta experiencia.