Pocas veces es tan divertido que una proyección deje de funcionar
correctamente como sucede en “Una Película Estropeada” (“Onboro Filmu” /
“Broken Down Film”). El director y guionista japonés Osamu Tezuka era
considerado el “Dios del Manga” y precisamente esta pieza es una más de sus
tantas obras que demuestran el precoz talento que poseía para la animación. En
esta ocasión, el autor realiza un claro homenaje a las primeras etapas del
séptimo arte. Un cortometraje mudo, en blanco y negro (salvo unos pocos segundos de ensoñación, en donde regresa el color), con granulado y suciedad que,
además, se centra por completo en el género del western desde un punto de vista
paródico y paradójico cuanto menos, puesto que no deja de ser un escenario
occidental bajo la mano de un oriental, creando así una fusión de influencias
recíprocas.
Esta coproducción japonesa y canadiense fue presentada en la
primera edición del Festival Internacional de Hiroshima de 1985, alzándose con
el gran premio, y no es para menos. La simpatía que despierta no es
interrumpida por ese matiz experimental que posee. Al contrario, son los
extraños cortes, los reencuadres, interrumpciones y efectos creados por la proyección del
rollo los que aportan la diversión ante la loable pretensión de un vaquero por
rescatar a la típica damisela en apuros, que se encuentra atada a las vías del
tren. Nuestro héroe descubre que, a parte de tener que salvarla, también debe plantar cara al
bandido y sortear los obstáculos que crea la dichosa película estropeada con todos los curiosos recursos que tiene a mano.




