martes, 13 de febrero de 2018

CUANDO EL TIEMPO SE DETIENE (2011)



El proceso de duelo es muy personal. A pesar de que todos desfilamos por las mismas etapas (negación, enfado, negociación, depresión y aceptación), cada uno gestiona sus emociones de una forma muy particular, ya sea individualmente como recurriendo a la ayuda de un profesional. Sin embargo, a parte de estos factores internos, existe una carga social de la que es difícil desprenderse. Esta es una de las cuestiones que se presentan en “La Delicadeza”, el primer largometraje de los directores y guionistas franceses Stéphane y David Foenkinos, que logró dos nominaciones a los Premios César en 2012. Una comedia romántica realmente sencilla, que muestra la necesidad de buscar nuestro propio camino independientemente de las presiones que surjan de la sociedad, de las decisiones “políticamente correctas” que deben cumplirse cuando un ser querido ha dejado de estar a nuestro lado.

La historia está basada en la novela de David Foenkinos, todo un superventas en Francia que cumplió en la taquilla, alcanzando una recaudación nacional de más de 400.000 euros. En ella, Nathalie (Audrey Tautou) es una mujer que se enamora perdidamente de François (Pio Marmaï) como si fuera un capricho del destino. Una pareja idílica que contraen matrimonio y que disfrutan de su día a día a pesar de las presiones de sus padres por tener un hijo. Una mañana, François sale a correr, pero ese mismo destino que los unió, decide separarles a través de un siniestro accidente. Nathalie recibe la noticia de que se marido ha fallecido y, lejos de distanciarse de toda su rutina, decide volver a la oficina lo antes posible y evitar que su alrededor siga observándola con tristeza. Volcada totalmente en su trabajo, es ascendida en el departamento al que llega Markus Lundell (François Damiens), un sueco bastante introvertido que nunca ha tenido éxito en las relaciones de pareja. En un inesperado arrebato, Nathalie besa a Markus tras discutir con su jefe, marcando el inicio de un necesario resurgir de las cenizas que dejó la pérdida de François.

martes, 6 de febrero de 2018

CEGADOS POR LA OBSESIÓN (1991)



El director y guionista surcoreano Jang Sun-Woo no gozaba de gran popularidad a nivel internacional a pesar de recibir importantes reconocimientos por sus obras, como el Premio Alfred Bauer por “Passage to Buddha” (1993), en el Festival de Berlín; o la mención especial en el Premio KNF por “A Petal” (1996), en el Festival de Rotterdam, siendo ambos de los primeros largometrajes que dieron pie a la nueva ola de cine en el país.  A nivel nacional, Jang Sun-Woo es todo un reputado crítico de cine que, sin embargo, detuvo su carrera tras las cámaras en 2002, con el estreno de la que fue su última película, “Resurrection: Empieza el Juego”, una comedia de acción con toques de ciencia ficción que no pasó más allá de las fronteras de Corea del Sur. Con una trayectoria nacida al albor del movimiento realista de la década de los 80, su influencia es obvia en su escasa filmografía, con historias realmente cercanas y cuestiones globales tratadas con gran respeto y distancia.

Primero fue la enfermedad psicológica de un hombre que se creía ser Jesús y debía salvar la ciudad de Seúl en “Seoul Jesus” (1986), después llegaron las ansias de éxito y venganza en “The Age of Success” (1988) y, más tarde, en “The Lovers of Woomuk-Baemi” (1990), el autor se dejaba llegar por un sufrido romance que, plasmaría, de una forma bien distinta en su siguiente cinta, “The Road to the Racetrack” (1991). R (Mun Seong-Kun) es un hombre que regresa de Francia tras finalizar sus años de doctorado. Ya es hora de enfrentarse a la realidad, a una familia que dejó atrás y a la que hace tiempo que no ve. Los sentimientos son bien distintos, ya que su anhelo por volver no es por reencontrarse con sus padres, esposa e hijos, sino por J (Kang Soo-Yeon), una de sus compañeras de estudios con la que tuvo un romance que espera retomar a su llegada. Sin embargo, J ya no es la mujer que él creía conocer y su idilio parece tener los días contados.

martes, 30 de enero de 2018

LA CONCIENCIA DEL HORROR (2015)



El famoso director y guionista chileno Pablo Larraín despegó por todo lo alto cuando aún aglutinaba unos pocos títulos en su filmografía y es que desde sus inicios logró hacerse notar en el circuito de festivales más destacados. Primero fue “Fuga” (2006), su ópera prima en clave dramática sobre música, obsesión por la perfección y la búsqueda del éxito por encima de todo. Con ella, recibió un gran reconocimiento por parte de la audiencia en los certámenes de Cartagena, Málaga y Trieste. Tan sólo dos años después, el cineasta presentaría su segundo largometraje, “Tony Manero” (2008), gracias al cual consiguió una nominación a la mejor película iberoamericana en los Premios Ariel junto a una fructuosa gira por festivales de Buenos Aires, Cinemanila, Estambul, Rotterdam, Torino o Varsovia, aunque, sin duda, destaca su primer aterrizaje en Cannes. Una fantástica oportunidad para darse a conocer a nivel internacional que le llevó a los Oscar de 2013 con su siguiente obra, “No”. Toda una carrera imparable que le abrió las puertas de la industria cinematográfica estadounidense con “Jackie” (2016), un biopic intimista de la ex primera dama Jacqueline Kennedy durante los días posteriores al asesinado de JFK.

Su quinto largometraje, “El Club”, también circuló por las pantallas de Berlín, Chicago, Mar de Plata y San Sebastián con gran acierto junto a su posterior nominación a los Globos de Oro. No es la primera vez que nos enfrentamos a una revisión de la memoria histórica y muy especialmente a las consecuencias que aún, a día de hoy, seguimos arrastrando en una especie de carga que parece pesar más y más con el transcurso del tiempo. Cuatro sacerdotes (Alejandro Goic, Alejandro Sieveking, Jaime Vadell y Alfredo Castro) viven en una solitaria casa de un pueblo costero bajo la supervisión y el cuidado de una monja, la Hermana Mónica (Antonia Zegers). Habituados al prácticamente aislamiento de la zona, tratan de purgar los pecados de su pasado. La soledad es su penitencia y el único camino para seguir adelante. Sin embargo, la llegada de un nuevo cura, el Padre García (Marcelo Alonso), romperá su tranquila rutina, rescatando el amargor del que todos huían.

miércoles, 24 de enero de 2018

LA DERIVA DE UN ETERNO CAFÉ (2012)



El primer largometraje de ficción del director alemán Jan Ole Gerster no pudo tener mejor suerte en su desfile por el circuito de festivales internacionales más importantes, saliendo victorioso en Munich, Zurich, São Pablo, Hawai, Sydney o Sofia. A su paso, recogió un sinfín de estatuillas en los Chlotrudis Awards, German Film Awards o, incluso, los European Film Awards con una ópera prima muy propia del movimiento mumblecore por su bajo presupuesto y su corte realista. Precisamente, “Oh Boy” forma parte de esos nuevos aires del cine alemán gracias a una joven generación de cineastas que aporta una perspectiva narrativa algo diferente de lo que esta cinematografía nos tiene acostumbrados.

Sus escasos 83 minutos de metraje retratan 24 horas de un día cualquiera en la vida de Niko (Tom Schilling), un acomodado veinteañero que ni estudia ni trabaja. Abandonó la universidad, pero no es capaz de encarar su presente, ni siquiera para comentárselo a su padre, que aún le costea, incluso, el alquiler de su piso en pleno Berlín. Sus peculiares amigos, las chicas, los imprevistos, las nuevas caras, la soledad, los extraños vecinos, las estúpidas entrevistas de trabajo, la apatía o los paseos sin un mechero en el bolsillo acaban por sumir a Niko en la oscuridad de la noche. Desubicado, termina vagando por la ciudad, tratando de posicionarse en la vida, de encontrar un rincón que le ayude a reconocer su verdadero propósito, su ser. 

Presentada en un sombrío blanco y negro de fuerte contraste, “Oh Boy” es la pura imagen de la resistencia pasiva de toda una generación desorientada. Con más que evidentes referencias al modernismo de la Nouvelle Vague francesa a través de ciertos guiños al mítico director franco-suizo Jean-Luc Godard, la película trata de enmarcar una evolución personal, una transformación en la que Niko se enfrenta, por fin, a la madurez y que desemboca en la deriva en plena capital alemana. Estamos ante un recorrido sin meta en el que el personaje puede apartarse o desviarse en cualquier momento, tomando atajos que le permiten tener encuentros e, incluso, aferrarse a la viveza que le aportan algunas sorpresas en momentos muy puntuales. Por tanto, en la obra de Jan Ole Gerster, la ciudad se erige como un personaje en sí mismo, desempeñando un papel narrativo que se nutre de encuentros e incidentes que sirven para definir y contextualizar al protagonista. 

lunes, 15 de enero de 2018

TODO POR LA CAUSA (2003)



Silmido es una pequeña isla surcoreana que siempre se ha pensado que estaba deshabitada. Situada en el Mar Amarillo, cercana a Incheon y el aeropuerto internacional del país, parecía no tener apenas importancia en la historia de la península. Sin embargo, en 2006, justo en plena revisión histórica, se descubrieron ciertos informes que revelaban una misión especial bajo el mandato del presidente Park Chung-Hee durante la segunda mitad de su gobierno. Como represalia al intento de asesinato el 21 de enero de 1968 por la Unidad 124, se tomó la decisión de emplear la misma moneda, por lo que se formó la Unidad 684, que entrenaría en la isla Silmido con el único fin de matar al antiguo líder norcoreano, Kim Il-Sung. Desde entonces, este lugar es un destino turístico de lo más popular, especialmente tras el estreno, el 19 de febrero de 2004, de uno de los blockbusters surcoreanos más importantes de su nuevo cine, “Silmido”, del director y productor Kang Woo-Suk.

El autor, que llevaba poco más de una década de trayectoria con mayor o menor reconocimiento, vio cómo su carrera despegaba con el inesperado éxito de una cinta que acabaría siendo la primera en lograr vender 11,2 millones de entradas en menos de 2 meses. Precisamente, filmar una historia basada en uno de los capítulos más oscuros de Corea del Sur captó toda la atención posible. Kang In-Chan (Sol Kyung-Gu) es sentenciado a muerte junto a una treintena de presos, pero, antes de ser ejecutado, le ofrecen la posibilidad de servir al ejército en una nueva misión secreta. Tanto él como los demás aceptan a cambio de salvar sus vidas, por lo que son trasladados a la isla Silmido, en donde les espera el comandante a cargo (Ahn Sung-Ki), que les someterá a un entrenamiento inhumano. Son conscientes de que, en un corto plazo de tiempo, deberán adentrarse en tierra norcoreana para asesinar al líder Kim Il-Sung y preparar la próxima unificación de la península. Convertidos en los mejores soldados surcoreanos, esperan el aviso para comenzar su misión, pero la llamada que el comandante recibe de los más altos cargos genera un cambio de planes.

martes, 2 de enero de 2018

LA PASIÓN PROHIBIDA (1930)



Luis Buñuel no necesita ninguna presentación. Uno de los cineastas españoles más importantes del país que se encontró de bruces con el franquismo, viéndose obligado a despedirse del lugar que le vio nacer. Sin embargo, frente a este obstáculo, sus constantes idas y venidas lograron enriquecer a una de las mentes más creativas del cine más clásico. Madrid, París, Hollywood o México le otorgaron una visión artística privilegiada a la que pocos podía optar, dejando un rastro de metrajes de obligado estudio y visionado para todo amante del séptimo arte. Fuertemente influenciado por la corriente surrealista durante sus inicios, no tardaría en dar el paso para crear su primer cortometraje y, muy probablemente, una de las óperas primas más reputadas de la historia del cine, “Un Perro Andaluz” (1929), que contaba con la colaboración del afamado pintor español Salvador Dalí. Dos grandes artistas que experimentaban con la magia del cine y que no tardarían en revelar su segunda obra, “La Edad de Oro”, también de corte surrealista.

Una historia atípica, arriesgada y prodigiosa desarrollada en apenas 62 minutos de metraje, que comienzan con un fragmento documental sobre los alacranes, dando paso a una narración satírica que esconde varias críticas sociales. Unos bandidos encerrados en el interior de una cabaña salen al exterior y descubren una especie de procesión junto a un acantilado. La fundación de la Imperial Roma se ve interrumpida por una pareja que da rienda suelta a su pasión sobre la arena. Los dos son separados por los creyentes, siendo el hombre (Gaston Modot) detenido por dos policías que tratan de trasladarle a la comisaría entre forcejeos. A su llegada a la ciudad, escapa para ir de nuevo al encuentro de su amada (Lya Lys), que se ve obligada a asistir a una fiesta de clase alta, mientras permanece preocupada por el paradero de su novio.

martes, 26 de diciembre de 2017

10 INESPERADAS SORPRESAS DEL 2017



1. "OKJA", de Bong Joon-Ho

Corea del Sur se unía a los atractivos de Netflix por primera vez a través de uno de sus directores más internacionales, Bong Joon-Ho. Sin embargo, su participación en el Festival de Cannes de 2017 no hizo más que desatar la controversia entre una productora que deseaba estrenar su proyecto en la popular “puerta europea del cine” sin querer atarse a las condiciones que se establecían. Por suerte, tanta polémica provocó una auténtica llamada de atención de los usuarios de la plataforma, pero también se ganó el boicot en la taquilla surcoreana alcanzando poco más de 2 millones de dólares. Independientemente de ello, la historia de “Okja” recuerda, en cierta manera, a los relatos ochenteros con los que muchos crecimos. La gran multinacional Mirando Corporation tiene un plan de negocio a largo plazo, por lo que ha creado una extraña criatura, que posteriormente ha clonado y ha enviado un ejemplar a varios cuidadores situados en diferentes partes del mundo. Uno de ellos es Mija (An Seo Hyun) y su abuelo, que conviven con la cariñosa Okja desde hace 10 años en un lugar idílico entre montañas. Lucy Mirando (Tilda Swinton) se asombra de las condiciones excepcionales en las que se encuentra el animal, por lo que decide llevar a Okja a Nueva York para culminar con sus ambiciosos objetivos. Llena de ingenio y sentimientos, la vida de Mija y su curiosa mascota no sólo recoge una reflexión ecológica y humana, sino que también posee, en su recta final, cierto paralelismo con el Holocausto nazi. Las protagonistas, destinadas a distanciarse por culpa de la ambición de Mirando y sus crueles intereses, luchan durante las casi dos horas de metraje para esquivar un destino incierto que remueve y destapa la verdadera esencia del hombre y la naturaleza. Inevitablemente lacrimógena al más puro estilo del cine surcoreano, la cinta también da cabida a un trepidante entretenimiento entre efectos digitales y una excelente fotografía a cargo del reconocido director iraní Darius Khondji.