Hay
ciertas películas que se deben enfrentar sin conocer demasiado su historia,
permitiendo disfrutar de cada sorpresa que nos depare el trayecto. Un tráiler
mal elaborado, una crítica que presume de hablar más de la cuenta como si diera la
exclusiva de la temporada o un allegado que no puede controlar su lengua
viperina puede hacer que la experiencia no sea tan especial como en un
principio pudo ser. Perder la oportunidad de “esa primera vez” ya es
irrecuperable, un sentimiento acentuado si, para colmo, es algo que nos han
arrebatado. Esto es lo que ocurre con el simpático drama “Salut d’Amour”, del
director surcoreano Kang Je-Gyu, en el que es necesario partir de la mínima
información para lograr descubrir el encanto de una narración mucho más cercana
de lo que aparenta ser.
Supuestamente
inofensiva, esta obra, que comparte título por su visión romántica con la pieza
musical creada por el compositor Edward Elgar en 1888, esconde cuestiones de
gran dramatismo social y actual tras una imagen entrañable y divertida. Kim
Sung-Chil (Park Geun-Hyung) es un anciano de 70 años un tanto gruñón que
trabaja de reponedor en un supermercado y vive solo en una gran casa. Su barrio
aún conserva el tradicionalismo de décadas atrás con pequeñas tiendas y
restaurantes entre vecinos de toda la vida, pero éstos desean adentrarse en la
modernidad, por lo que esperan que Sung-Chil firme los papeles junto a ellos para comenzar
la remodelación de la zona, de la que se espera que en un futuro haya grandes
rascacielos y un aumento en las ganancias de los empresarios. Sin embargo, el
anciano se niega en rotundo a ello. Un día, una mujer mayor, Im Geum-Nim (Yoon
Yeo-Jeong), se instala en la casa de al lado junto a su hija Min-Jung (Han Ji-Min),
una madre soltera. Los vecinos del barrio, capitaneados por el jefe de Sung-Chil,
Jang Soo (Cho Jin-Woong), piensan que la llegada de la nueva vecina puede hacer
que deje de ser tan obstinado.






