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jueves, 26 de enero de 2017

LA RADICALIZACIÓN DEL DESEO (1947)



Kenneth Anger es uno de los directores de mayor influencia en el cine y el mundo del videoclip. Sus polémicas obras no han dejado indiferente a todo amante del séptimo arte, pero, hasta la fecha, no ha recibido la atención y el interés que se merece. Precursor del cine underground en una época en la que comenzaba a dar sus primeros pasos, decidió grabar durante un fin de semana en la casa de sus padres, en California, lo que hoy conocemos como “Fireworks”, un simbólico metraje sobre cuestiones que han sido tabú en la sociedad durante demasiado tiempo. La homosexualidad, el erotismo y el sadomasoquismo se erigen como hilos conductores en una pieza experimental que recrea una fantasía masculina, un trance propio del cine onírico que plasma las preocupaciones de la juventud y la represión social.

Como es obvio, es uno de los precedentes más importantes del queer cinema, promoviendo todo un discurso de la identidad, a través del cual, se refleja cómo la persona es simplemente materia con sus propias manías, fobias, obsesiones, deseos, etc., como ocurre en este caso. En todo momento se puede observar la gran complejidad fluctuante entre dos realidades, una que fluye en un plano surrealista y otra que se encuentra anclada en la realidad. Anger encarna el papel protagónico de un joven de 17 años que sueña con ser violado y sodomizado por dos marineros, la figura clásica del fetichismo gay. Las imágenes entre penes, fuegos artificiales, sangre, provocación y homoerotismo se suceden hasta confluir en un proyecto sumamente arriesgado para ser exhibido ante la censura del Código Hays. El dolor y el placer se recrudecen y se funden en fascinación, posesión y violencia durante un hipnótico viaje en el que la luz toma un inusitado protagonismo, puesto que el autor hace uso de ésta desde un punto de vista técnico a la par que metafórico.

martes, 4 de agosto de 2015

LA PROVOCACIÓN DE ANGER (1964)


Probablemente, ver a día de hoy el mediometraje “Scorpio Rising”, del director estadounidense Kenneth Anger, no tenga el mismo impacto que causó entre los primeros privilegiados que pudieron visualizarlo en 1964, pero, sin lugar a dudas y transcurridos ya 50 años, sigue respirando originalidad y provocación a raudales. Autor polémico donde los haya, de cuyo talento salieron varias obras que son consideradas clave en la historia del cine, resulta toda una referencia en el plano experimental e independiente. De sus creaciones salió la inspiración de otros tantos cineastas, como el mítico David Lynch, que vieron cómo Anger influyó en el transcurso de sus carreras.

Es posible que muchos sigan pensando que esta pieza peca de incomprensible en su historia, pero estamos ante un trabajo que no tiene guion y mucho menos una estructura convencional. Durante los 30 minutos de metraje, observamos a un grupo de moteros como únicos personajes. Los elementos nazis y religiosos se suceden constantemente, mientras se entrelazan cuestiones como la homosexualidad, la humillación, el sadomasoquismo, la violencia, el fetichismo y la libertad sexual. Pese a que los años 60 parecían abrirse poco a poco a tiempos más progresistas, aún quedaba la mayor parte del recorrido, por lo que sencillamente era impensable que alguien incluyera tal bomba narrativa en el cine, puesto que la mano de la censura acechaba implacablemente, tal y como, desgraciadamente, ocurriría con “Scorpio Rising”.