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martes, 1 de diciembre de 2015

EL SUFRIMIENTO DEL DÉBIL (2015)


Nunca es tarde para disfrutar de la verdadera vocación de uno mismo y, si no, que se lo digan a la directora surcoreana Shin Su-Won, que realizó su primer largometraje, “Rainbow” (2010) con 43 años. Una pieza musical y fantástica con la que la autora se abriría paso en el mundo del séptimo arte y pasaría a engrosar la escasa lista de mujeres cineastas en el país. Sin embargo, tendrían que pasar cinco años para presentar su tercer trabajo, “Madonna”, a través de la sección oficial del Festival de Cannes de 2015. 

La crítica social es el centro de todas sus cintas y, en este caso, no es una excepción. A ello se suma la escalofriante cuestión del tráfico de órganos para construir un thriller dramático con tintes neo-noir que comienza con la llegada de Hae-Rim (Seo Young-Hee) a un hospital privado. Ha sido contratada como auxiliar de enfermería en una planta dedicada a pacientes de alto poder adquisitivo. Desde el primer día, deberá prestar mayor atención a uno de los ancianos, Chul-Ho (Yoo Soon-Chul), uno de los inversores del centro y residente en la suite nupcial desde hace 10 años, que se encuentra en coma. El hijo de éste, Sang Woo (Kim Young-Min), prácticamente vive en la clínica. Mientras su padre se mantenga con vida, él seguirá cobrando una gran fortuna, pero, si fallece, su opulento ritmo de vida desaparecerá junto al dinero de su herencia. Para mantener su salud, los trabajadores se dedican con gran empeño a cuidarle, pero sus días se agotan si no recibe un nuevo corazón pronto. De forma improvista, es hospitalizada una joven que también se encuentra en coma, por lo que Sang-Woo le pide a Hae-Rim que averigüe si tiene familia y que, en caso de ser así, firmen los papeles de donación de órganos. Un plan perfecto si no es porque la chica está embarazada. La protagonista, poco a poco, irá conociendo a la nueva paciente que simplemente llegó a urgencias con una peluca y una tarjeta de visita de una prostituta llamada Madonna (Kwon So-Hyun).

jueves, 3 de septiembre de 2015

AQUELLAS CHICAS REBELDES (1985)



Madonna fue una más a engrosar la infinita lista de artistas que se percataron de las posibilidades que el séptimo arte les ofrecía para impulsar su carrera. En plenos años 80, la cantante hacía sus pinitos en las comedias románticas juveniles, cintas que se convirtieron en taquillazos del momento gracias a sus propios seguidores. Su primera oportunidad, ofrecida por el cine independiente, pasó totalmente desapercibida hasta que con “Buscando a Susan Desesperadamente”, de la directora estadounidense  Susan Seidelman, se hizo un hueco en lo que a día de hoy se ha convertido en una auténtica afición que la ha llevado, incluso, a dirigir dos largometrajes, “Obscenidades y Sabiduría” (2008) y “W.E.” (2011), y un cortometraje documental, “Secret Project Revolution” (2013).

Inesperadamente, la producción de Seidelman consiguió colarse en algunos festivales de renombre y recibir buenas opiniones entre la crítica, con una jovencísima Rosanna Arquette en el papel de Roberta Glass, un ama de casa dedicada al cuidado de su exitoso marido, que suele emplear su tiempo libre en leer los anuncios clasificados de los periódicos. Una mañana, descubre, a través de ellos, que un desconocido intenta localizar a una tal Susan (Madonna) y la cita en un punto de encuentro, por lo que Roberta siente la curiosidad por saber quién es ella y decide acudir al lugar que pone la publicación, dejando atrás a un egoísta y codicioso esposo y embarcándose en toda una aventura de enredos gracias a Susan, que actúa con total libertad y siempre bajo sus deseos.

Independientemente de los toques de comedia y el romanticismo, la cineasta incluye una crítica social sobre la condición tradicional femenina, que, a nuestros ojos, queda muy edulcorada en parte por las pinceladas de un sencillo y oportuno humor. Esa visión de la mujer encerrada en casa al servicio de su cónyuge y sin posibilidades de sentirse mínimamente realizada se ve reflejada en Glass y conforma un gran contraste con la personalidad y situación de la alocada Susan, imparable, divertida, independiente y, a fin de cuentas, sin tapujos ni miedos. El filme no deja de ser una especie de curso de aprendizaje acelerado para la frustrada protagonista, que se rinde ante la idílica modernidad y rebeldía poco propia de su clase social.