El director y guionista David Cronenberg es uno de los
símbolos de la postmodernidad cinematográfica gracias a su perturbador imaginario, que
conforma una provocadora filmografía de lo más extensa y variopinta. Entre el
corto, el largometraje y la televisión, las obras del cineasta se rigen por una
base experimental para escenificar influencias un tanto apocalípticas. Siempre
entre las aguas del drama, el terror y el thriller, en sus películas pueden
surgir zombies, pandemias, coches, experimentos, poderes sobrenaturales,
insectos o una fuerte carga de violencia, pero siempre de forma inesperada,
girando en torno a las obsesiones, los miedos, la fantasía colectiva y el
terreno psicológico para forzar las historias hasta el límite de la
verosimilitud.
Una de sus cintas más importantes, que se alzó, entre grandes controversias, con el Premio
del Jurado en el Festival de Cannes de 1996 y se convirtió en toda una película
de culto y de los filmes más representativos del cine de
los 90, es “Crash”, cuya historia realmente fue extraída de un relato homónimo
de 1973 del influyente escritor inglés J.G. Ballard. No era la primera vez que
el director recurría a una novela para dar rienda suelta a sus proyectos, es más,
se trata de un aspecto bastante común en su carrera, puesto que sólo hay que
recordar largometrajes como “La Zona Muerta” (1983), adaptada del libro de Stephen
King; “Inseparable” (1988), de Bari Wood y Jack Geasland; “El Almuerzo Desnudo”
(1991), de William Burroughs; “Spider” (2002), de Patrick McGrath, que también
se encargaría él mismo del guion; “Una Historia de Violencia” (2005), de John
Wagner y Vince Locke; “Un Método Peligroso” (2011), de Christopher Hampton; o
“Cosmópolis” (2012), de Don DeLillo.

