A
través de “Arirang” (2011), el primer documental del popular autor surcoreano
Kim Ki-Duk, se desató la polémica. En el metraje, plasmaba su retiro a las
montañas tras verse inundado por una profunda crisis. La traición por parte de
su equipo de confianza le llevó a perderse en sí mismo, siendo muestra de ello
su fallida obra “Amén” (2013). Aquel cineasta que eclipsó a la
crítica y público occidental con obras maestras como “Primavera,
Verano, Otoño, Invierno… y Primavera” (2003), “Hierro 3” (2004) o “El Arco” (2005) sentía que su carrera comenzaba
a descender sin poder impedirlo y lo evidenciaba a través de sus lágrimas,
mientras visualizaba su filmografía delante de sus propios ojos. Ese dolor le
ha llevado a la controversia con sus siguientes cintas, “Pietà” (2012) y
“Moebius” (2013), dominadas por sus mayores miedos y traumas, pero su depresión
no logró retirarle del circuito de festivales internacionales más importantes.
Al
mismo tiempo, su faceta como guionista se ha visto más desarrollada, contando
con la colaboración de sus pupilos y otros realizadores de menor recorrido, como es
el caso del director Shin Yeon-Shick, a quien entregó la historia de “Rough
Play” (“Actor Is An Actor”). Oh Young (Lee Joon) es un joven actor que arrastra viejos problemas del
pasado que alimentan su inseguridad. Sin embargo, sus ansias de triunfar en el
mundo de la interpretación le llevan a aceptar papeles denigrantes que, en
cambio, le reportan, poco a poco, un gran éxito. La fama comienza a consumirle, desatando un
alter ego incapaz de dominar, un lado oscuro que atenta contra otros y contra
sí mismo, hundiéndose en el fango de lo que un día pudiera construir. Con
ciertas similitudes a lo que ocurrió en la vida profesional de Kim Ki-Duk, probablemente
nunca sepamos si se trata de la realidad o de simples casualidades.



