jueves, 8 de junio de 2017

LA INTIMIDAD DEL AMOR LÍQUIDO (1994)

Pocos cineastas pueden decir que han creado una de las mayores joyas cinematográficas de la década de los 90 en unos instantes de aburrimiento. Es más, probablemente el director hongkonés Wong Kar-Wai nunca pensó que dos meses de descanso serían tan fructíferos en su carrera. Así es como surgió una de sus obras maestras, “Chungking Express”, una cinta creada entre rodajes, precisamente durante la producción de “Las Cenizas del Tiempo” (1994), con un equipo que trabajaba en sus ratos libres junto a él y con una historia que se iba escribiendo sobre la marcha, entrelazando dos tramas que ponen en tela de juicio ese “amor líquido” del que nos hablaba el sociólogo polaco Zygmunt Bauman, esa falta de solidez que provoca que el amor romántico haya sido destruido en favor de la finitud.

Estrenada en el Festival de Locarno de 1994, las expectativas de la película crecieron a pasos agigantados con un público fascinado por las vivencias de dos policías. El oficial 223, He Zhiwu (Takeshi Kaneshiro), pasa por una crisis que trata de ahogar mientras bebe en un bar. Su relación se rompió hace apenas un mes y es incapaz de salir adelante, de vivir sin la presencia de su novia. Sumido en la melancolía de una ausencia y con gran desesperación en pleno cumpleaños, decide enamorarse de la primera mujer que entre en el pub, una joven rubia con gafas de sol (Brigitte Lin). Por su parte, el oficial 663 (Tony Chiu Wai Leung) también se encuentra en una situación similar. Tras la ruptura con su novia, ésta deja las llaves del piso que compartían en un puesto de comida que él suele frecuentar, atendido por Faye (Faye Wong), una chica que escucha constantemente “California Dreamin”, de The Mamas And The Papas. Enamorada en secreto del agente, no duda en guardarse las llaves para visitar su casa de vez en cuando, en donde suele limpiar o gastarle alguna broma, como echar somníferos en las bebidas o cambiar las etiquetas de las latas. Un día, Faye descubre que él le ha dejado un mensaje en la casa: quiere conocerla y la cita será en el restaurante California. 

jueves, 1 de junio de 2017

MÁS ALLÁ DE LA PROSTITUCIÓN (2013)



Antes de presentar “Una Nueva Amiga” (2014), un relato sobre el duelo, el libre albedrío y la transexualidad; el director y guionista francés François Ozon se embarcó en un proyecto no exento de polémica. “Joven y Bonita” eclipsó a más de uno por su lado más superficial que por lo que realmente escondía y, por más que el cineasta trató de traspasar los límites que a simple vista se presentaban en el largometraje, cierta parte de la crítica y del público se encontró escandalizado por una historia que parecía llamar más por su lado efectista, pero que, además, parecía impropia de un autor como él. Con una parte de su filmografía dedicada a la mujer como objeto de culto, lo cierto es que Ozon ha trabajado con temas de lo más diversos y atractivos, desde el deseo o el trabajo de duelo hasta la identidad femenina o la impostura, por ejemplo, vinculada con la creación literaria en una de sus cintas más reconocidas, “En la Casa” (2012), en la que las fronteras entre la literatura y la realidad se diluían en favor de una divertida trama de anhelos y supuestas inmoralidades. Sin embargo, todas estas cuestiones acabarían siendo recogidas en “Frantz” (2016), una narración muy diferente a lo que nos tiene acostumbrados, pero convertida en la que posiblemente sea una de sus obras maestras.

“Joven y Bonita” parte de un fenómeno social de gran popularidad, enfocado en estudiantes de buena familia que se prostituían para pagar sus estudios. Un asunto que se convirtió en debate público hace pocos años y con el que se llegaron a investigar hasta 40.000 casos. Ozon no fue el único director en tratar esta cuestión, puesto que otros también se vieron seducidos por la "novedad", como Larry Clark, muy cercano a la conducta juvenil en su carrera, reflejó una situación muy parecida en “The Smell of Us” (2014). Sin embargo, en esta ocasión, el largometraje del francés se centra más en el terreno de la exploración identitaria a través del cuerpo. Un ritual muy propio de la adolescencia en el que prima la búsqueda de sí mismo. Isabelle (Marine Vacth) es una joven de 17 años que pertenece a una familia parisina de alto poder adquisitivo. Durante el verano pasado, coqueteó con un chico con el que acabó perdiendo la virginidad de forma decepcionante. Con la llegada del otoño, Isabelle inicia el nuevo curso y, con él, una segunda vida que le lleva a prostituirse por las tardes bajo el apodo de Lea

jueves, 25 de mayo de 2017

LA PRISIÓN DEL CONTROL (2015)



El director y guionista griego Yorgos Lanthimos es conocido popularmente por crear trabajos con historias de lo más retorcidas que logran perturbar a todo espectador. Pese a que su debut en largometraje con “My Best Friend” (2001) arrancó por el camino más cómico, pronto se evidenció un tremendo giro que partiría de los toques experimentales de su siguiente obra, “Kinetta” (2005), para desembocar en una de las cintas más inquietantes de este nuevo siglo, “Canino” (2009), una historia un tanto bizarra que era presentada de forma sencilla, pero sumamente claustrofóbica. Utilizando una de las claves de su autoría como es la distopía cercana, el cineasta encerraba literalmente a una familia dentro de los muros de una casa de campo para reflejar una especie de gueto, por un lado, patriarcal, generando un mundo de absoluto control; y, por otro lado, matriarcal, como fórmula para la mediación del lenguaje, el cual es alterado a partir de los tabús en los que los protagonistas evitan caer a toda costa. La extrañeza y aspereza que transmitía, le llevó a recibir el premio “Un certain regard” del Festival de Cannes y una nominación a los Oscar, pero también expandió su fama, que no hizo sino acrecentar las expectativas de sus siguientes proyectos.

Desde “Canino”, la filmografía de Lanthimos ha causado un furor totalmente justificable, que sólo decayó mínimamente con “Alps” (2011), pero que volvió a ser recuperado con la desconcertante “Langosta”, por la que el autor recibió un gran número de nominaciones y galardones en los Premios del Cine Europeo, los Premios Gaudí, Satellite Awards, BAFTA, British Independent Film Awards, los Globos de Oro y nuevamente tanto en el Festival de Cannes como en los Oscar. Este largometraje deja a un lado la exploración de la familia o la pérdida del ser querido para adentrarse en la pareja, pero sin olvidar el universo de excesivo control en el que el cineasta parece sentirse cómodo. Ambientada también en una distopía cercana, David (Colin Farrell) llega a un hotel como parte de su proceso de búsqueda de una relación amorosa. Es su última oportunidad, puesto que, si en 45 días no encuentra a alguien, deberá convertirse en un animal a su elección, que, en este caso, es la langosta.

jueves, 18 de mayo de 2017

DOMINADOS POR LA NECESIDAD (2002)



El guionista y director estadounidense, de raíces guatemaltecas, Julio Hernández Cordón es uno más de esos directores que se dan a conocer gracias al circuito de festivales internacionales. Su cine, irremediablemente periférico, entró en escena a partir de su segundo trabajo y primer largometraje, “Gasolina” (2008), que llegó a Europa a través de las puertas que ofrece el Festival de San Sebastián para alzarse con varios premios, seguido de un reconocimiento mundial gracias a otros certámenes de Buenos Aires, Bratislava o Miami. Con su siguiente cinta, “Las marimbas del Infierno” (2010), una coproducción con México y España que narraba la divertida historia de una banda de heavy metal que daba título a la película, el autor inició un ascenso profesional que se afianzaría con “Te Prometo Anarquía”, el filme que terminaría conquistando tanto a la crítica como a la audiencia y que le llevó a ser considerado el mejor director en los Premios Ariel de 2015 por la mejor película del año según los Premios Fénix de 2016. 

Con influencias no sólo de Guatemala, sino también de México, Costa Rica y Estados Unidos, Hernández Cordón es toda una figura transnacional que ha conseguido, a través de sus obras, algo tan meritorio como colocar a la cinematografía guatemalteca en el panorama internacional. Aun tratándose de un país con escasa tradición en el ámbito del cine, debido a la gran duración de su guerra civil y posterior tendencia al cine propagandístico, lo cierto es que, hasta hace pocos años, se encontraba en un proceso de reconstrucción de la memoria histórica nacional, sobre todo, gracias a la alta producción en metrajes documentales. Con la llegada del nuevo siglo, la producción se ha incrementado sustancialmente, implementando una fuerte tendencia por las películas de ficción sustentadas en la autofinanciación o a partir de la creación de pequeñas productoras independientes. Teniendo en cuenta este histórico contexto a modo de puntualización, Hernández Cordón propone ese tipo de cine alternativo que acaba siendo de culto entre los más cinéfilos, representando, en la actualidad, la figura del autor en el exilio, en la diáspora, aspecto que refleja en sus últimas cintas por medio de los desplazamientos migratorios y el sentimiento que conlleva el cambio de país.

jueves, 11 de mayo de 2017

POR CULPA DE LA AMBICIÓN (2016)



Hay quienes venderían a su propia familia por dinero, algunos se sacrificarían a sí mismos y otros se rendirían a los encantos de un billete por pura desesperación. Un juego así no resulta tan descabellado y, precisamente, esta idea es la que se presenta en el debut en largometraje del director madrileño Martín Rosete, “Money”, coproducción entre Estados Unidos y España que refleja el lado más oscuro del ser humano y los límites a los que llega a exponerse. El autor prometía traernos un trabajo de lo más interesante tras sus primeros pasos, como “Voice Over”, el cortometraje que le dio a conocer y por el que recibió una nominación a los Goya entre un gran número de reconocimientos en festivales como el de Gijón, Mónaco, Milán o Chicago. Una amplia lista dentro del gran circuito de exhibición internacional que augura una potente trayectoria.

“Money” nos sitúa en una mansión de diseño en un tranquilo barrio norteamericano. Sean (Jesse Williams) es director de unos laboratorios farmacéuticos en los que trabaja su amigo Mark (Kellan Lutz). Los dos se reúnen con sus respectivas parejas, Christina (Lucía Guerrero) y Sylvia (Jess Weixler), para tener una apacible cena, pero, antes de eso, deben solucionar una cuestión pendiente. En el sótano, sobre la mesa de billar, Mark entrega a Sean un maletín con 2,5 millones de dólares para cerrar un trato que han llevado a cabo. De repente, alguien llama a la puerta. John (Jamie Bamber) llega para presentarse a sus nuevos vecinos y, gracias a la hospitalidad de Sylvia, se une a la celebración. Sin embargo, la divertida velada se convertirá en una nocturna pesadilla que revelará oscuros secretos y tristes debilidades.

jueves, 4 de mayo de 2017

EL RECUERDO DE UN ÚNICO DÍA (1962)



En pleno régimen franquista, fueron muchos los que desearon cumplir el sueño de trabajar como director de cine, pero muy pocos lograron encontrar cobijo en el mítico Instituto de Investigaciones y Experiencias Cinematográficas (IIEC) de Madrid, que comenzaría su andadura en el año 1947 y que, posteriormente, en 1962, sería reconocido como la Escuela Oficial de Cinematografía. Su educación terminaría en 1976, después de casi una década de declive debido a la gran conflictividad que se respiraba dentro de la escuela, considerada como “un nido de rojos”. De ella salieron los mejores cineastas de la historia del cine español, como Juan Antonio Bardem o Luis García Berlanga en su primera etapa, a la que seguirían Víctor Urice, Imanol Uribe, Iván Zulueta, José Luis Borau, Antonio Drove, Carlos Saura o Pilar Miró, entre otros grandes nombres.

Una vez que José Luis Sáenz de Heredia se encarga de la dirección del centro, los alumnos empezaron a exhibir sus propias obras en el Palacio de la Música como parte de sus prácticas de licenciatura. Uno de los afortunados en esta segunda etapa dorada, que dataría de 1959 a 1967, sería el cineasta vallisoletano Francisco Regueiro, que, curiosamente, se desmarcaba de las tendencias cinematográficas con las que sus compañeros experimentaban. Sin embargo, pocos pudieron entender “Sor Angelina, Virgen”. Tanto los alumnos, como la crítica y la administración, que casi dan por suspenso el ejercicio, no comprendieron el por qué realizar un trabajo con una monja como protagonista, un símbolo de los valores conservadores que el régimen tanto había explotado. Tristemente, esta percepción se convirtió en el posible estigma que le perseguiría a lo largo de toda su trayectoria profesional, 30 años en los que sólo vieron la luz 10 largometrajes y algún que otro episodio de ficción para la televisión.

jueves, 27 de abril de 2017

LA FALLIDA IMPERFECCIÓN (2013)



Afirmar que existe el crimen perfecto prácticamente suena a una peligrosa utopía que sólo puede llevarnos por el camino de la locura y la obsesión, pero los hermanos y directores franceses Arnaud y Jean-Marie Larrieu, no contentos con este planteamiento, arriesgaron en dar un paso más allá con “El Amor es un Crimen Perfecto”. Ya de por sí, el título genera toda clase de expectativas, a las que se suma la fantástica trayectoria del film noir francés que tantos éxitos ha cosechado. Sin embargo, esta adaptación de la novela “Incidences” (2010) del escritor Philippe Djian pasó sin pena ni gloria entre la crítica, que la calificó, sobre todo, de una producción un tanto mediocre que apelaba a una morbosidad fallida y a un género al que apenas se acercaba.

Presentada en el Festival de Toronto de 2013, la cinta nos traslada a una región montañosa entre Suiza y Francia, en donde Marc (Mathieu Amalric), un carismático hombre de mediana edad, trabaja dando clases como profesor de Literatura en la Universidad de Lausana, mientras convive con su posesiva hermana Marianne (Karin Viard). Con una vida aparentemente tranquila, esconde un seductor lado oscuro que le lleva a mantener relaciones sexuales con varias de sus alumnas. Con el fin del invierno, una de sus estudiantes, Bárbara, desaparece de repente, por lo que su madrastra Anna (Maïwenn) decide hablar con Marc al mismo tiempo que la policía inicia las investigaciones para esclarecer lo sucedido y poder encontrarla. En esta situación de tensión, el protagonista también debe hacer frente a Annie (Sara Forestier), otra de sus pupilas que despliega su obsesivo deseo por el profesor en forma de acoso, poniendo en peligro su propio empleo. 

El principal encanto de la película, sin duda, es la presencia del veterano Mathieu Amalric. El actor posee una trayectoria más que envidiable y, sobre todo, trasnacional, en la que ha colaborado con directores de la talla de Arnaud Desplechin, Alain Resnais, Luc Besson, François Ozon, Raoul Ruiz, Tsai Ming-liang, Wes Anderson, Steven Spielberg, David Cronenberg o Roman Polanski, entre otros muchos; al igual que también se ha colocado tras la cámara en más de una quincena de proyectos, en su mayoría cortometrajes. La experiencia le avala y, en este caso, no es una excepción. Con una muy notable actuación, la cual supone el punto fuerte de la producción, saca el máximo partido a un personaje realmente complicado, con una gran carga de matices que nadan en las ambigüedades y una profundidad psicológica que evidencia cómo él mismo es su principal enemigo pese a las adversidades. Un hombre inmerso en plena crisis identitaria, embargado por la rutinaria seducción que le ofrecen las jóvenes más cercanas, que marcha a la deriva arrastrado ciertos problemas para socializar con su alrededor y que posee una imposibilidad por exteriorizar sus emociones.