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lunes, 11 de febrero de 2019

LA ESPAÑA DE PRINCIPIOS DEL SIGLO XX (1905)


Hasta hoy, la historia del cine ha dejado a un lado el papel de la mujer a lo largo del siglo XX, especialmente si su rol se encontraba tras las cámaras, ámbito en el que simplemente ha sido ignorada y sustituida. Sin ir más lejos, hemos asimilado que entre los padres del cine narrativo se encontraban nombres como Georges Méliès o D.W. Griffith, a quienes se les ha adjudicado un valor que, en realidad, debe ser compartido con otras muchas más personalidades de la época que también llegaron a aportar su “grano de arena”. Precisamente, gracias a publicaciones como la realizada por la profesora e investigadora Alejandra Val Cubero, hemos descubierto en los últimos años que la vida de Alice Guy ha sido mucho más importante de lo que nos han hecho creer. Su libro, “Vida de Alice Guy Blaché” (2016), desgrana su estimable labor cinematográfica basándose en un preciado material personal facilitado por sus descendientes. Olvidada por los historiadores de cine, quienes, con desprecio, relegaron su valía a secretaria y posible amante del productor y empresario Léon Gaumont, esta mujer ha realizado una gran aportación al séptimo arte y sólo en estos últimos años se está comenzando a valorar, aunque parte de su extensa filmografía sigue perdida y otro tanto aún no haya visto la luz.

martes, 5 de febrero de 2019

EL NACIMIENTO DE FANTOCHE (1908)


El dibujante y escritor francés Émile Cohl se convirtió en uno de los primeros directores de metrajes de animación en la historia del cine global. Probablemente, nunca hubiera pensado en tal posibilidad, ni siquiera cuando fue contratado por la gran compañía cinematográfica francesa Gaumont, a día de hoy, la productora y distribuidora más antigua del mundo. Precisamente, su mirada e interés siempre se encontraba en donde otros aún ni habían llegado. No es de extrañar que su primera inserción en la dirección fuera con la pieza “Japon de fantaisie” (1907), que vino a evidenciar su fascinación por el exotismo, el “otro” lejano, pero también el ilusionismo, el trucaje. Un primer trabajo que le llevaría por el camino de la experimentación para crear una de sus piezas más importantes en una filmografía que consta de más de 300 obras de incalculable valor realizadas en apenas 15 años de trayectoria.

“Fantasmagorie” se creó durante el primer semestre de 1908. Cohl utilizó una placa de vidrio iluminada para generar la silueta de los dibujos, siguiendo el ejemplo del productor y director norteamericano James Stuart Blackton. De hecho, el cineasta inicia su obra ejemplificando esta técnica, la cual le llevaría a alcanzar nada menos que 700 fotografías para proyectar las pequeñas aventuras de un muñeco llamado Fantoche. Es en este entrañable personaje en el que reside todo su valor, puesto que, a nivel narrativo, la pieza no posee conexión entre las diferentes secuencias de las que está compuesta. En apenas 2 minutos de duración, el metraje de Cohl recoge cómo Fantoche crece y decrece, sujeta una espada, se pelea con las plumas del tocado de una mujer que no le permite ver el espectáculo, vuela, se encierra en el interior de una caja, pierde la cabeza, es absorbido por una botella gigante, etc.

martes, 20 de marzo de 2018

EL EMBRUJO DE LA NOCHE (1904)

No cabe duda de que Georges Méliès es uno de los padres del cine narrativo, una carrera que partió de la compra del Teatro Robert-Houdin, cuna de la magia y el ilusionismo y que, posteriormente, recibió la primera presentación pública de aquellas fotografías animadas de los hermanos Lumière, a quienes quiso comprar su patente a pesar de la negativa. Sin embargo, tal rechazo no detuvo su trayectoria, creando su primer metraje en 1896 gracias a la colaboración de un viejo amigo británico, el director de cine Robert W. Paul. Así es como comenzó su nueva vocación, que, a día de hoy, se traduce en los primeros inicios de una fantasía como es la del séptimo arte.

Aquella ingente cantidad de obras que vieron la luz a principios del siglo XX fueron poco a poco rescatadas del olvido gracias a la Filmoteca francesa, siendo restauradas constantemente a lo largo de las décadas para trasladarse a cada uno de los formatos que han pasado por nuestras manos. Precisamente, uno de los muchos ejemplos de los que podemos disfrutar es “La Serenata a la Luna por el Infortunado Pierrot” (“Au Clair de la Lune ou Pierrot Malheureux”). Rodada en 1904, la pieza, de escasos 3 minutos de duración, recoge un pequeño fragmento en el que Pierrot intenta tocar su guitarra frente a la puerta de una casa. Sin embargo, un vecino sale por la puerta para protestar por los ruidos que produce su canto. Ambos discuten, incluso, con espada en mano, provocando que Pierrot, molesto, se refugie en una esquina de la calle para calmar su llanto. Es entonces cuando, entre nubes, surge la luna y, con ella, la noche, acompañada por una mujer que consuela al pobre Pierrot, pero que también le traerá extrañas consecuencias que el protagonista no podrá evitar.