Hasta hoy, la historia del cine ha dejado a un lado el papel
de la mujer a lo largo del siglo XX, especialmente si su rol se encontraba tras
las cámaras, ámbito en el que simplemente ha sido ignorada y sustituida. Sin ir más lejos, hemos asimilado que entre los padres del cine
narrativo se encontraban nombres como Georges Méliès o D.W. Griffith, a quienes
se les ha adjudicado un valor que, en realidad, debe ser compartido con otras
muchas más personalidades de la época que también llegaron a aportar su “grano de arena”. Precisamente, gracias a publicaciones como la
realizada por la profesora e investigadora Alejandra Val Cubero, hemos
descubierto en los últimos años que la vida de Alice Guy ha sido mucho más
importante de lo que nos han hecho creer. Su libro, “Vida de Alice Guy Blaché” (2016), desgrana su estimable labor cinematográfica basándose en un preciado material personal facilitado por sus descendientes. Olvidada por los historiadores de
cine, quienes, con desprecio, relegaron su valía a secretaria y posible amante del productor y
empresario Léon Gaumont, esta mujer ha realizado una gran aportación al séptimo
arte y sólo en estos últimos años se está comenzando a valorar, aunque parte de su extensa filmografía sigue perdida y otro tanto aún no haya visto la luz.
