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jueves, 30 de abril de 2015

UN INTENTO EXPERIMENTAL (2014)

A veces, los actores intentan probar cosas nuevas, dar un poco de chispa a sus carreras. Es por eso que algunos deciden ponerse detrás de las cámaras para crear sus propias obras. Algunos de ellos consiguen el éxito en taquilla, bien por ser una estrella que atrae a sus legiones de incondicionales seguidores o porque verdaderamente realizan un trabajo de categoría. Pero también están quienes se precipitan e intentan dirigir cuando aún les queda un gran recorrido por aprender o adoptan como suyas las técnicas de aquellos cineastas con los que han colaborado y les han podido influir más. Y no es que sea negativo este aspecto, muchos autores beben del cine que ellos mismos han consumido, de sus favoritos. Nos referimos a casos más extremos, como “Lost River”, la ópera prima del canadiense Ryan Gosling.

La historia se centra en Billy (Christina Hendriks), una madre que intenta evitar que su casa sea embargada. Para ello, acude al banco, en donde el empleado Dave (Ben Mendelsohn) le ofrece una alternativa: trabajar en un local fuera de lo común. Mientras que ella se deja llevar por su desesperación, su hijo mayor, Bones (Iain De Caestecker), que está enamorado de su vecina, Rat (Saoirse Ronan) y es perseguido por el matón del pueblo, Bully (Matt Smith), descubre una leyenda bajo el río que justifica el estado en el que se encuentra una apocalíptica Detroit

El cartel y elenco actoral hacían llamativa la película, pero tras las opiniones tan dispares que suscitó en la última edición del Festival de Cannes, parece que auguraba lo peor para sus comienzos como director. Si a ello le sumamos el hecho de que posee ciertos toques de cine experimental, se genera una bomba extrema para un público que piensa que tiene mejores ofertas que visionar. No obstante, y a pesar de ello, nunca está de más arriesgarse. Si juntásemos la psicología de los personajes de David Lynch, la fotografía de Gaspar Noé y las depuradas técnicas de Terrence Malick y Nicolas Winding Refn, obtendríamos el mismo resultado que nos presenta Gosling. No encontramos la propia personalidad del actor por ningún lado, sino una mezcla extraña que van más allá de una simple inspiración y que dificulta ver al autor como tal.