Muchos pertenecemos a esa generación que creció y disfrutó de la época de
esplendor del cine para adolescentes, que empezaría a dar sus primeros
coletazos durante los 80. Cientos de películas palomiteras que se estrenaban en
pequeñas salas de cine de barrio o en la televisión y que, con el paso del
tiempo, nos situaron de espectadores a testigos de un género que se iba
apagando poco a poco. Ese retrato eclosiona en “Beyond Clueless”, un documental que se nutre de más de 200 extractos
de cintas de los 90 y principios del 2000 para construir la imagen del joven de
instituto que tanto proliferaba en aquella época.
El debut del director y guionista Charlie
Lyne, columnista de The Guardian, es
un exhaustivo trabajo sobre la visión que se deba del sexo, las drogas, los
estudios o la violencia, independientemente de la calidad del largometraje. En
definitiva, simplemente se trataba de un reflejo más de lo que los medios de
comunicación entendían por “juventud”, de ese público que, de una manera u
otra, se sentía identificado con las historias superfluas que se narraban.
La mítica actriz Fairuza Balk, una de las reinas del cine teen, narra cada una de las reflexiones
escritas por el cineasta, generando una especie de regresión a nuestro pasado.
Eso sí, no existen titubeos para contar más de un final, así que es aconsejable
haber visionado la mayoría de ellas. Bien es cierto que su voz es totalmente
idónea para tal cometido y, como es obvio, uno de los largometrajes expuestos a
análisis no podía ser otro que “Jóvenes
y Brujas” (Andrew Fleming, 1996), en el que Balk interpretaba a la antagonista, Nancy, y del que extrae esa búsqueda de aceptación que,
inevitablemente, se extiende más allá de esa etapa vital.