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miércoles, 21 de abril de 2021

LA REFORMA DE LOS IDEALES (1935)

Esta era digital nos permite disfrutar de piezas que, de otra manera, estarían limitadas a determinadas filmotecas mundiales o su acceso sería muy restringido e, incluso, inaccesible. Estamos viviendo una época de privilegios cinematográficos que nos facilita un aprendizaje vertiginoso y que nos hace valorar aún más la historia de nuestro cine mundial. La llegada a nuestras vidas de piezas sumamente valiosas digitalizadas por los archivos cinematográficos nos lleva a tener cada vez más presente la magnífica labor que realizan con obras como “Nuevas mujeres”, la célebre película muda que el director y guionista chino Cae Chusheng realizó en 1935 y que hace pocos años pasó por el proceso de restauración y digitalización llevado a cabo por el Archivo de Cine de China.

Precisamente, esta obra posee un valor incalculable para esta cinematografía debido, no solo a su contexto, sino también a los hechos que acontecieron tras su rodaje. “Nuevas mujeres” vio la luz cuando Chusheng había pasado a formar parte de la Lianhua Film Company, lo que supuso también una nueva etapa en su trayectoria al inclinarse hacia un cine progresista que ya se comenzaría a percibir en sus anteriores cintas “Dawn Over the Metropolis” (1933) o “Song of the Fishermen” (1934), convirtiéndose, así, en uno de los cineastas más importantes del país al contar con el favor del público. Su carrera despegó también a nivel global, puesto que la historia le señala como el primer director chino en ganar un premio en un certamen internacional, concretamente en el Festival de Moscú. No obstante, con el estallido de la revolución cultural china, estas décadas de éxitos terminaron. Chusheng fue perseguido y torturado al igual que otros artistas e intelectuales, falleciendo en 1968 y dejando como legado más de una docena de títulos populares, los cuales han sido reconocidos hasta nuestros días.

martes, 4 de febrero de 2020

LA SOLEDAD EN UNA JAULA DE ORO (1954)


El director, productor y guionista estadounidense Joseph L. Mankiewicz nos ha permitido disfrutar de grandes clásicos que han sido inscritos en la historia del cine como obras indispensables. “Eva al Desnudo” (1950) nos posibilitaba inmiscuirnos entre bastidores, con una Bette Davis cautivadora viéndose ensombrecida por el personaje de la imponente Anne Baxter. Tan solo un año después, Cary Grant ejercía de médico recién casado al ponerse en las manos de Mankiewicz para concebir la comedia dramática “Murmullos en la Ciudad” (1951). Con “Julio César” (1953) el cineasta se unía a la tendencia de una época que nos presentó los grandes blockbusters épicos. Nuevamente, en esta ocasión, Marlon Brando tiñó nuestras retinas de una más de sus muchas inolvidables actuaciones. Inmediatamente después, el autor volvió a contar con él en “Ellos y Ellas” (1955), una comedia musical en la que Brando formaría parte de un elenco brillante compuesto por Frank Sinatra, Jean Simmons o Vivian Blaine, entre otros rostros populares del cine de los que siempre se rodeaba Mankiewicz. De hecho, recordemos a la imponente Elizabeth Taylor en “Cleopatra” (1963), la producción que tantos quebraderos de cabeza le provocarían a Mankiewicz hasta afectar directamente a su salud. El alto caché de la actriz, los constantes cambios con el material filmado y los infortunios que surgieron a lo largo del rodaje provocaron que su mayor pesadilla se dilatara durante dos extensos años. Precisamente, con ella ya había trabajó en “De repente, el Último Verano” (1959), una cinta prácticamente olvidada que resultaría necesario rescatar por su valor actual. 

Por su parte, Kirk Douglas también se puso en manos del director, protagonizando el drama “Carta a Tres Esposas” (1949), con el que obtendría el reconocimiento de la Academia por primera vez. Casi dos décadas después, Douglas volvería a colaborar con él en “El Día de los Tramposos” (1970), un western en el que también participaría Henry Fonda. Por supuesto, esta revisión de su filmografía no podría estar completa sin una de sus obras cumbre, “La Huella” (1972), un drama psicológico cargado de suspense y sátira, en el que Laurence Olivier y Michael Caine comparten magníficos diálogos que quedarán para la posteridad. Todo un broche de genialidad que terminó siendo su último trabajo en una carrera que comenzaría en los estudios de la Paramount gracias a su hermano Herman y que brilló con luz propia durante varias décadas.

martes, 19 de noviembre de 2019

LA CONFIANZA EN JUEGO (1949)


La actriz británico-estadounidense Olivia de Havilland fue uno de los rostros populares de la Warner en su etapa dorada. Su extensa carrera en el mundo de la interpretación comenzó a través de la comedia romántica “Alibi Ike” (Ray Enright, 1935), en la que compartió hilarantes escenas con el comediante Joe E. Brown y con cuyo director volvería a trabajar en “Hard to Get” (1938). Desde ese momento, su trayectoria siempre fue en ascenso, engrosando su experiencia con las obras que le ofrecían cineastas tan emblemáticos como Lloyd Bacon, Sam Wood, Raoul Walsh, John Huston, William Wyler o Robert Aldrich

Sin embargo, por encima de todos ellos destaca la figura del director Michael Curtiz, que le llegó a considerar una de sus más célebres estrellas y le facilitó poder formar parte de un gran número de sus películas, como “El Capitán Blood” (1935), “La Carga de la Brigada Ligera” (1936), “Robin de los Bosques” o “Dogde, Ciudad sin Nombre” (1939), como fiel compañera del eterno héroe que siempre encarnaba el actor Errol Flynn. Una lucrativa pareja con una fuerte química en pantalla, especialmente por parte de él desde el ámbito más personal, que gracias al interés del público también les llevaría a protagonizar el western “Camino de Santa Fe” (Michael Curtiz, 1940) o uno de los clásicos más importantes, “Murieron con las Botas Puestas” (Raoul Walsh, 1941). Asimismo, Olivia de Havilland luciría esplendorosa frente a la cegadora aura de Bette Davis en el drama psicológico “Canción de Cuna para un Cadáver” (Robert Aldrich, 1964), con quien ya había coincidido en “La Vida Privada de Elisabeth y Essex” (Michael Curtiz, 1939), en la que terminó por unirse a una de las grandes parejas del Hollywood clásico. A su éxito en pantalla también se unió el reconocimiento en forma de premios. El Festival de Venecia le otorgó el galardón a mejor actriz por su papel en “Nido de Víboras” (Anatole Litvak, 1948). Pero, sin duda, “La Heredera”, del emblemático cineasta William Wyler, se convirtió en una de sus mejores interpretaciones con la que se alzó con un Oscar y un Globo de Oro.