A veces, el colapso de los blockbusters en la cartelera ensombrecen pequeñas, pero muy prometedoras obras que necesitan de una mayor atención. Nuevos talentos que nutren los festivales de cine en busca de una oportunidad, financiación, visibilidad y, en definitiva, abrirse camino en un mundo que parece siempre inalcanzable. Sin ir más lejos, este es el caso de “Moon Young”, un mediometraje
de bajo presupuesto realizado por Kim So-Yeon, que formó parte del programa del Festival de Cine Independiente
de Seúl en su edición de 2013 y del Indie Forum de 2016 en una primera versión
de 43 minutos. Una presentación que pasó totalmente desapercibida, pero que, en
cambio, permitió su estreno en la cartelera surcoreana en 2017 con una segunda
versión más extendida, llegando a alcanzar los 64 minutos. Tan sólo poco más de
8.000 personas pudieron disfrutar de este trabajo, que, a pesar de ser
proyectado en apenas 23 cines del país, logró recaudar 50.768 dólares.
Kim dedica su primera obra a Moon Young (Kim Tae-Ri), una
chica muda que siempre carga con una pequeña videocámara para recoger imágenes
de todo lo que le rodea. Con ella, filma en secreto a los transeúntes anónimos
que pasan a su lado para que el día transcurra más rápido. Por la noche,
regresa a su casa, en donde su padre (Park Wan-Gyu) espera borracho y con
ganas de discutir por cualquier cosa. Cansada de esta situación, vuelve a coger
su cámara y se marcha del apartamento para pasear por las oscuras calles de
la ciudad. Sin embargo, un tremendo revuelo le espera a la vuelta de la esquina. Es una
pareja discutiendo a voces. Moon Young les espía en silencio hasta que es
descubierta por Hee-Soo (Jung Hyun), mientras que su novio Kwon Hyuk-Chul (Park
Jung-Sik) trata de escapar de la situación.
Kim So-Yeon se desprende de palabras innecesarias para dar
un mayor protagonismo a los silencios, las miradas y gestos, trasladándonos a una
narración de lo más minimalista, que, en ocasiones, explota el punto de vista de Moon Young. Sin
embargo, no estamos ante una historia en la que deba suceder algo. Al
contrario de lo que podamos pensar, el metraje tan sólo se centra en una escasa
muestra de la psicología de los personajes, en concreto, de Moon Young y
Hee-Soo. Aparentemente son dos polos opuestos distanciadas por una notable
diferencia de edad que conlleva un fuerte contraste en la madurez de ambas. La extrañeza de
Hee-Soo por ser grabada mientras discute con su pareja le lleva a conectar con
la protagonista sólo con una única motivación: la curiosidad. Un elemento con
el que el personaje desarrollará una empatía hacia una chica que nunca emite un
solo sonido y que, poco a poco, parece sentirse cada vez más dependiente de
ella. Ese nexo de amistad, que se construye rápidamente, se ve corrompido por las inseguridades y
traumas de las dos, retorciendo sus sentimientos hasta establecerse una unión que
va más allá de ser simples amigas y que supura una fijación por protegerse del exterior.
La joven actriz Kim Tae-Ri ya es todo un rostro popular
desde su magnífica labor en el papel protagónico de “La Doncella” (Park
Chan-Wook, 2016), una película que le ha abierto diversas puertas para dejar a un
lado los cortometrajes independientes y empezar a participar en grandes
blockbusters surcoreanos, como “1987: When the Day Comes” (Jang Joon-Hwan, 2017); en el ámbito del cine de autor, como “Little Forest” (Yim Soon-Rye, 2018); o para entrar
de lleno en el mundo de las exitosas series televisivas a través del drama de
época “Mr. Sunshine” (Lee Eung-Bok, 2018). La delicadeza que ya de por sí
inspira Kim Tae-Ri funciona a la perfección en “Moon Young”, encarnando un
personaje puro e inocente, inofensivo, falto de cariño y atención y que
finalmente termina mostrando la fragilidad que se ha adueñado de su mente y las
consecuencias de su pasado y presente. Por su parte, Jung Hyun resulta
totalmente desconocida, aunque su interpretación de una mujer joven locuaz,
habladora y, por momentos, protectora, despierta por completo la extraña
ensoñación con aires pesadillescos en la que se sumerge la relación.
El gran peso dramático recae sobre el elenco femenino,
mientras que, en este caso, el hombre se proyecta como una parte de los
problemas de ambas, desde la sumisión y el maltrato hasta la dejadez y el
abandono. Por un lado, el actor Park Wan-Kyu da vida al padre de Moon Young en
una escena corta que deja en evidencia la basura que rodea a la protagonista,
una carga de la que parece librarse momentáneamente Hee-Soo al discutir con su
pareja, Kwon Hyeok-Cheol, personaje que lleva a cabo el siempre actor
secundario Park Jung-Sik, que posee mayor trayectoria profesional que su
compañero de reparto al haber participado en obras clave como “Revivre” (Im Kwon-Taek, 2015) o “Illang: The Wolf Brigade” (Kim Jee-Woon, 2018), entre
otras.
La tétrica y oscura fotografía realizada por Jung Young-Sam
no sólo describe a la perfección la atmósfera que reina en el contexto de ambas
protagonistas, sino que construye su alma, su personalidad. Sin embargo, y pese
a todo, es fácil apreciar que “Moon Young” es tan sólo una tentativa, un primer
paso en la trayectoria de Kim So-Yeon tras las cámaras, al igual que un
inigualable escaparate para su elenco, que, entre rostros reconocidos y
profesionales de corto recorrido, compone el elemento clave e indispensable
para que este metraje funcione mejor de lo esperado.
Lo mejor: la selección de su elenco es más que acertada.
Lo peor: ciertos instantes de frialdad absoluta en los que
la narración parece totalmente paralizada.
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