De
vez en cuando el cine nos sorprende con una nueva obra que se desmarca de los
límites convencionales para presentarnos algo singular, especial y que genere
nuevas sensaciones en el espectador. Así es el caso de “The Tribe”, la ópera
prima del director y guionista ucraniano Myroslav Slaboshpytskiy, que arrasó en la Semana de
la Crítica de Cannes en 2014.
El
elemento sorpresa de este trabajo es que no existen diálogos sonoros, puesto
que el autor se rodea de personas sordomudas que no son profesionales de la
interpretación para embarcarse en una historia situada en una institución de
personas con discapacidad auditiva y vocal en la que asisten con total
normalidad a clases escolares. Sin embargo, tras su jornada estudiantil, las
reglas y la autoridad dejan de existir. Los alumnos se agrupan en bandas para
delinquir y dar rienda suelta a las más viles bajezas como la violencia o la
prostitución. Uno de estos jóvenes llega a esta residencia y, como tal, debe
acatar las normas que le imponen los más veteranos, adaptándose a las
circunstancias y ocupando su lugar en la escala de poder.
Grigoriy Fesenko
encabeza el reparto en un interesante papel protagonista. Su timidez es
encubierta bajo un rostro frío e inexpresivo y, gracias a una personalidad tan
sumisa, parece ser aceptado rápidamente por los demás compañeros. Su estupenda
evolución es el punto fuerte de la cinta, donde vemos cómo modifica cada
aspecto de él hasta aparecer ante nosotros con una actuación impredecible.