Hay ciertas profesiones que no todo el mundo puede ejercer,
puesto que requieren de una sensibilidad especial. Personas como el celador de
mortuorio, el tanatopractor, el personal de seguridad, jardinería y
mantenimiento de un cementerio o el agente comercial de una funeraria forman
parte de aquellos que más cercan ven la muerte a diario. Permanentemente en las
sombras, son quienes se encargan de nuestros familiares en los peores momentos.
Sin embargo, precisamente porque nos vemos en una situación delicada, no
solemos prestar atención a sus servicios y trato. Es por eso que “Ciudad de los
Muertos”, el documental realizado por el director, productor, guionista y
editor madrileño Miguel Eek, resulta un
claro homenaje no sólo a la muerte, sino también a todos los trabajadores que deben enfrentarse con este tema durante su rutina. Esta convivencia entre vivos y muertos, que se estrena a través del Atlántida Film Fest, es la clave para comprender el funcionamiento de esta sosegada urbe tan diferente.
En el cementerio y tanatorio de Palma trabajan Gabi, el
vigilante; José, el agente comercial; David y Sergio, los tanatopractores;
Jaume y Mohammed, los jardineros; José Luis, encargado del horno del
crematorio; y Manuela, la señora de la limpieza. Todos ellos parecen vivir en
un mundo muy diferente en el que la muerte no es un extraño tabú, sino que, a
través de sus relaciones, asistimos a diferentes visiones de esta cuestión.
Unos miran al futuro con esperanza, otros se enfrentan a tan duro momento con
la comicidad, con el silencio, con el respecto o con la reflexión. Cada punto
de vista es valioso mientras descubrimos sus historias personales, sus
preferencias para cuando llegue la hora o las memorias que se guardan como un
tesoro preciado tras las lágrimas.

