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martes, 20 de noviembre de 2018

VIVOS Y MUERTOS, RICOS Y POBRES (1987)


Cinco premios Goya a mejor película, actor, guion, música y diseño de vestuario, además de un galardón en Fantasporto y una mención especial en el Festival de San Sebastián, sin contar con las nominaciones en los Premios de Cine Europeo. “El Bosque Animado” se convirtió en unas de las películas españolas más importantes de la década de los 80, pero la historia del cine se portó de diferente manera y permitió que, para gran parte de la audiencia actual, quedara prácticamente en el olvido. Tras varias películas para televisión, algún que otro coqueteo con las series y una ópera prima, “Pares y Nones” (1982), bastante fría sobre las relaciones entre parejas de hecho; el segundo largometraje del cineasta español José Luis Cuerda se detiene en los toques fantásticos de las famosas supersticiones gallegas bajo la frescura de la tragedia y la comedia, ambas potenciadas por el guionista y escritor español Rafael Azcona.

Basada en la publicación del novelista gallego Wenceslao Fernández Flórez, la cinta compone una historia coral con Malvís (Alfredo Landa), un hombre que desea ganar dinero rápido y se convierte en el desventurado bandido Fendetestas, a pesar de los intentos de Geraldo (Tito Valverde) por hacerle ver que trabajar de pocero tampoco es tan terrible. Poco tarda en desistir, especialmente, porque ahora su mente y corazón pertenecen a Hermelinda (Alejandra Grepi), una muchacha de la aldea que vive con su amargada y severa tía Juanita Arruallo (Encarna Paso), la cual no duda en maltratar a su sobrina, mientras realiza los quehaceres del hogar. Todo cambia cuando Hermelinda se harta de las vejaciones y decide marcharse a la ciudad, dejando su vacante a la pequeña Pilara (Laura Cisneros), una imprudente niña cuyas hazañas marcaran para siempre las vidas de los habitantes de la fraga de Cecebre.

martes, 26 de enero de 2016

EL FIEL RETRATO DE LA HIPOCRESÍA (1961)

“Plácido” es, sin duda, una de las obras maestras más importantes del cine español, no sólo por formar parte de esa etapa revolucionaria a la sombra de la dictadura franquista, sino también por mostrar una crítica mordaz que, por suerte, esquivó a la censura, gracias a su tono cómico, en una época en la que dominaba el cine más convencional destinado, única y exclusivamente, a la distracción del público. Así es cómo el director y guionista valenciano Luis García Berlanga se convirtió en un cineasta esencial que favoreció la buena calidad cinematográfica de una industria estancada y la reconstrucción de una realidad social que muchos no se atrevían a plasmar. 

Poco se hubiera imaginado el autor que su largometraje iba a ser nominado, tanto en el Festival de Cannes como en los Oscars, a la mejor película extranjera, entre otros muchos galardones, para convertirse, hoy en día, en una película de culto. Y es que esta producción debería ser una cita indispensable siempre, pero, en especial, en las fiestas navideñas, en las que se inspira “Plácido”, que es como se llama el protagonista de esta historia. Un hombre de clase obrera (Castro Senda “Cassen”) debe pagar la letra de su motocarro, pero vence ese mismo día, justo en plena Nochebuena. Por ello, decide participar en la cabalgata y, en cambio, se ve envuelto en constantes confusiones que interrumpen su trabajo. Una noche que, para colmo, cuenta con la promoción de la campaña franquista “siente a un pobre en su mesa”, patrocinada por la empresa Cocinex, en la que las familias burguesas más acomodadas podrán redimir sus pecados haciendo la buena acción del año.

Con una gran influencia del neorrealismo italiano, Berlanga no tiene escrúpulos a la hora de exponer la hipocresía reinante en la alta burguesía a la par que marca una gran distancia con la clase obrera. No es lo mismo quien se rinde al placer del dinero que quien lucha buscando dinero para su supervivencia y “Plácido”, precisamente, sigue esta premisa al pie de la letra, a ritmo vertiginoso y con suma maestría, dejando plena libertad a los movimientos de sus personajes. Un retrato cruel con altas dosis de egoísmo que viene maquillado por intensas y oscuras carcajadas, pero que deja un rastro verdaderamente desolador.