Primero fue ganadora de la 19ª edición del Festival de Málaga y después recibió nada menos que 6 nominaciones a los Goya, recibiendo el premio a mejor director novel y mejor actor reveleación por la estupenda interpretación de Miguel Herrán. “A Cambio de Nada” trajo un pan bajo el brazo para el actor Daniel Guzmán, que debutaba en el mundo del largometraje. El cineasta nos
trae la historia de un joven con ganas de comerse el mundo y dejar los
problemas atrás. Un fantástico argumento que nos
recuerda lo complicado que es la adolescencia, cómo, al ir madurando, vamos
sumando problemas a nuestra espalda. Hay quienes tardan en darse cuenta de
ello, por suerte, pero muchos otros tienen que enfrentarse a la realidad desde
una edad muy temprana. Éste es el caso de Darío (Miguel Herrán), que vive en
una familia desestructurada. Sus padres (Luis Tosar y María Miguel) quieren
utilizarle como prueba en el juicio para demostrar que el contrario no ejerce
correctamente su papel de progenitor. Ante tal tesitura, busca consuelo en
otros personajes, como su vecino y mejor amigo, Luismi (Antonio Bachiller), Caralimpia
(Felipe García Vélez), un viejo delincuente aparentemente reformado, o una entrañable anciana (Antonia
Guzmán), que recoge muebles por las calles.
Con
tintes autobiográficos y habiendo recibido los premios de mejor película,
director, actor secundario y el especial del jurado y la crítica, la cinta combina
drama y comedia a partes iguales entre divertidas anécdotas y conflictos
provocados por la rebeldía de Darío, por sus ganas de libertad, de
crecer lo más deprisa posible, de dejar las responsabilidades a un lado. La frescura que nos traen los dos jóvenes
actores noveles se hace notar en el ritmo de la narración. Herrán, que se alzó con el Goya al actor revelación, encaja
perfectamente con su personaje, que para unas cosas todavía es un niño, pero
para otras parece haber madurado antes de la cuenta. Junto a la labor del
carismático Bachiller, encontramos la historia llena de realismo, naturalidad y
magnetismo. Por su parte, García Vélez nos desvela una cara verdaderamente
simpática de la vida, intentando ser un ejemplo para el protagonista,
haciéndole ver el éxito que ha cosechado con su propio taller mecánico y a
pesar de tener un destino en contra. Caralimpia adquiere peso con el paso de
los minutos, pero su presencia se esfuma como por arte de magia y no volveremos
a saber más de él.
