Pese a que el aclamado director malayo James Wan ha hecho
una pequeña incursión en el mundo de la acción con la sobrexplotada “Fast &
Furious 7” (2015) y que parece haber sentido cierta atracción por la ciencia
ficción con el proyecto de “Aquaman” (2018), es indudable que el
cineasta posee un talento innato para el género de terror, que, aparte de
otorgarle muy satisfactorios resultados, ha logrado que su público le califique
como todo un maestro en las artes del horror. Desde su salto a la fama con un
cortometraje que al poco tiempo le llevaría a crear la primera parte de la
famosa saga “Saw” (2004), se han sumado grandes éxitos en taquilla como
“Insidious” (2010), junto a su secuela, y, en esta ocasión, el trabajo
realizado en “Expediente Warren: La Conjura” (2013) y su continuación en
“Expediente Warren: El Caso Enfield”, uno de los títulos más esperados de 2016.
Con una historia basada en uno de los casos más
espeluznantes del mundo paranormal y ayudado en todo momento por los guionistas
David Johnson y los hermanos Carey y Chad Hayes, nos dirigimos a la localidad
inglesa de Enfield durante la década de los años 70. En un clásico chalet
adosado vive Peggy Hodgson (Frances O’Connor), una madre soltera con cuatro
hijos, entre los que destaca Janet (Madison Wolfe), la pequeña que, a partir de
una travesura, provoca que se sucedan extraños fenómenos cada vez más
agresivos que no parecen tener solución. Mientras que el barrio se ve afectado
por los terribles acontecimientos, el veterano matrimonio de demonólogos
Lorraine (Vera Farmiga) y Ed Warren (Patrick Wilson) se encuentran en Estados
Unidos intentando superar una crisis en sus carreras. A través de los medios de
comunicación, se ven en la obligación de intentar demostrar que su trabajo no
es ninguna clase de negocio fraudulento. En pleno caos, ambos decidirán ir al
encuentro de la familia Hodgson para investigar los hechos y poder ayudarles.
