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martes, 13 de noviembre de 2018

LA IMAGEN EN EL ESPEJO (1993)


“Madama Butterfly” es, para muchos, una de las mejores óperas de todos los tiempos. El célebre compositor Giacomo Puccini trasladaba a la ciudad de Nagasaki de principios del siglo XX una historia en la que el amor y el sacrificio iban de la mano sobre un terreno que siempre llamaría la atención por su exquisito exotismo. Inspirado por el dramatismo romántico de Asia, el siempre atrevido cineasta David Cronenberg rompió con su dinámica surrealista, fantástica, intrigante, visceral y, por supuesto, única, para dar rienda suelta a los deseos, la sensualidad y la tragedia a través de “M Butterfly”, obra con la que logró alzarse con al menos un galardón al mejor actor extranjero en los premios Sant Jordi de Cinematografía de 1994 gracias a la inolvidable interpretación de Jeremy Irons, del que también se recordaría su intachable labor en “Herida” (Louis Malle, 1992) y “El País del Agua” (Stephen Gyllenhaal, 1992), sus dos anteriores trabajos.

En plena década de los 60, el diplomático René Gallimard (Jeremy Irons) se traslada a la embajada francesa de Pekín. Allí, en sus ratos de ocio, comienza a aficionarse a la ópera china, en donde queda totalmente eclipsado por la presencia de la protagonista de una de las obras. Sin embargo, en China aún está prohibido que las mujeres se suban al escenario, por lo que, tras esa imagen femenina, se esconde Song Liling (John Lone), un popular actor que siempre interpreta este tipo de papeles. Ambos se conocen y, de inmediato, surge una conexión que termina creando una tela de arañas repleta de nudos que se convierten en oscuros secretos tejidos por la diva. Un drama romántico basado en hechos reales e inspirada en la obra de teatro del dramaturgo estadounidense David Henry Hwang, quien, además, es el guionista de esta adaptación de Cronenberg.

jueves, 3 de diciembre de 2015

EN BUSCA DE UNA IDENTIDAD (1993)

El mítico director surcoreano Im Kwon-Taek ha dedicado su extensa filmografía a recuperar la pasión por la cultura y el arte nacional. Precisamente, en “La Cantante de Pansori”, su obra maestra cumbre y uno de los clásicos más importantes, el cineasta rescató la música tradicional del pansori para gozo de los espectadores más jóvenes de Corea del Sur, que habían perdido esa identidad cultural que se ha intentado cuidar tan recelosamente. Esa llamada a la conciencia colectiva tuvo grandes efectos y es que, en poco tiempo, la cinta se convirtió en un éxito de taquilla de forma inesperada y desafiando las nuevas tendencias que se promulgaban en ese momento. 

El pansori suele ser cantado por una voz femenina y acompañado siempre por un instrumento de percusión. El desgarro vocal viene dado por los lamentos de una historia de puro dolor visceral, de una tristeza gestada por el sufrimiento. Sin embargo, su secreto no reside en simplemente escuchar, sino en dejarse llevar por los sentimientos que se transmiten tanto con la narración como por el canto. 

Partiendo de esta pequeña introducción, la película de Kwon-Taek nos traslada al pasado, en donde un padre, Yoo-Bong (Kim Myung-Gon), trata de enseñar los valores artísticos del pansori a su hija mayor Song-Hwa (Oh Jung-Hae) y al pequeño Dong-Ho (Kim Kyu-Cheol). Los dos han sido criados para ser cantantes por expreso deseo de la familia, pero el país se encuentra en un momento de apertura en el que entran nuevas formas artísticas de influencia japonesa y occidental, dejando relegado el canto tradicional por falta de interés del pueblo. Con el paso del tiempo, Dong-Ho se siente cada vez más decepcionado por la poca aceptación, por lo que decide marcharse del hogar y desaparecer. Ante este contratiempo, Yoo-Bong deja ciega a su hija para que tampoco pueda escapar, por lo que la joven se entrega por completo al sonido del folclore. De regreso al presente, el hermano pequeño intenta buscar a Song-Hwa para saber qué le ha ocurrido durante estos años y poder reencontrarse por fin.