Últimamente,
las historias de violencia parecen estar poniéndose de moda de nuevo. Es algo
que vemos más de lo que quisiéramos en los medios de comunicación, pero también
un aspecto que va intrínseco en el ser humano y que hace que, irremediablemente, sintamos una necesidad de dar rienda suelta a nuestros deseos cuando las circunstancias
nos superan. “Relatos Salvajes”, del director argentino Damián Szifrón, es un
reflejo de esta idea, con seis relatos en los que los personajes, en pleno
arrebato de ira, se dejan llevar en situaciones muchas veces cotidianas.
Todo
empieza en un avión, secuencia bajo el título de “Pasternak”, en el que los
protagonistas se dan cuenta de que han cogido un vuelo muy poco casual que les
lleva a entrar en pánico. A partir de ahí, se suceden los capítulos de una
producción algo típica, pero bastante divertida y entretenida. “Las Ratas”
despierta pura maldad a través de la sangre, pero le precede “El Más Fuerte”,
que derrocha diversión con dos conductores descontrolados que intentan matarse el
uno al otro. Ricardo Darín da vida a un ingeniero experto en explosivos en
el siguiente fragmento, “Bombita·”, relatando una situación bastante convencional,
como el hecho de que la grúa se lleve tu coche. Un atropello y su posterior
encubrimiento vienen recogidos en “La Propuesta”, que, pese a un serio
comienzo, torna en una interesante comedia que agiliza el tiempo restante de la
cinta. “Hasta Que La Muerte Nos Separe” es el último de los cortometrajes, con
ciertas reminiscencias inevitables a “[•REC]³: Génesis”, del español Paco
Plaza.
