Los
países escandinavos se suman al furor del thriller
de gángsters con gran éxito. No hay nada más que ver “Uno Tras Otro”, del
director noruego Hans Petter Moland. Un largometraje de intriga que conquista
por su sencillez narrativa y acidez en su humor a partir de la historia de Nils Dickman
(Stellan Skarsgård), un honrado conductor de un vehículo
quitanieves, que es nombrado ciudadano del año por su ejemplar labor en las
carreteras condales. Su tranquilo día se ve interrumpido con la noticia de la
muerte de su único hijo por una supuesta sobredosis de droga. La esposa queda
sumida en el dolor, mientras que Nils es incapaz de aceptar la realidad,
determinando que, en realidad, se trata de algún ajuste de cuentas. Es por eso
que iniciará una extenuante búsqueda por su cuenta para dar con los culpables
del asesinato, cueste lo que cueste.
Su
camino se ve envuelto de una enmarañada trama que enfrentará a noruegos,
daneses y serbios. Mafias en el punto de mira y un elemento clave que deja al
descubierto la genialidad de esta obra: una lista prácticamente interminable de
muertes que el propio autor nos va señalando en pantalla con el nombre de la
víctima y la cruz, en función de la religión que profese éste, sobre un fondo
negro, volcando toda clase de ironía y maldad a tan creciente repertorio de
cadáveres.
Bajo
la espesa capa de nieve del desértico suelo nórdico, no podemos evitar recordar
a los hermanos Coen
con su mítica “Fargo” (1996). Una sombra que persigue irremediablemente a “Uno Tras Otro”, aunque sepa distanciarse de su antecesora gracias a la
sátira bien dosificada y al trabajo realizado en los diálogos, totalmente
eficaces y entretenidos, en los que cabe, incluso, la crítica hacia el sistema
carcelario nacional.