No es la primera vez que un documental nos muestra la cara y
la cruz del estrellato, personalidades que triunfan en su campo, que son
convertidos en “grandes dioses”, encumbrados en un mundo que parece permitirles
no tener límites, pero que también se cobra su precio. Y cuando vemos esta realidad, siempre queda implícita
una pregunta: ¿merece la pena? En esta línea trabaja el experimentado director
israelí Tomer Heymann a través de la coproducción alemana-israelí “Jonathan Agassi
me salvó la vida”, que ha tenido un extenso recorrido en el circuito de festivales internacionales, en donde se ha alzado
con diferentes premios en Atlanta y Jerusalén.
Pero, ¿quién es Jonathan Agassi? Estamos ante una de las
estrellas del porno gay más importantes de los últimos años. Nacido en Nueva
York, su familia israelí ahora reside en Tel Aviv, lo que le obliga a vivir entre
constantes viajes que conectan una de las grandes ciudad de Israel con Berlín, en donde trabaja. Tras una infancia
dura en la que su padre trató de “corregir” cruelmente su homosexualidad antes de
abandonarle para residir en la capital alemana, Agassi ha logrado tocar la
cúspide de su trayectoria profesional convirtiéndose en el mejor actor de porno
gay, un galardón que le ha llevado a soñar a lo grande, a formar parte de las
películas más célebres en este campo, a moderlar, a ser el más deseado, pero, sobre todo, a reinventarse a sí mismo con la
consiguiente pesada carga de las expectativas de sus fans cuando contratan sus
servicios como escort. Sin embargo, tras este éxito, tras los excesos, el placer y la diversión, descubrimos a una estrella
con un lado oscuro que trata de minarle lentamente y a paso seguro. Su relación
con su padre aún implica dolor, trauma y debilidad, lo que se traduce en el
peor camino posible, su autodestrucción.
