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viernes, 16 de octubre de 2015

TRAGICOMEDIA A RITMO DE JAZZ (2015)



Bien es sabido que el mítico realizador y guionista neoyorquino Woody Allen se autoimpuso la nada desdeñable meta de realizar, al menos, una producción por año. Esto supone que, de tres trabajos, uno saldrá decente. “Irrational Man” no comienza con los tradicionales créditos de apertura a ritmo de jazz, como en sus anteriores trabajos, sino que presenciamos el sonido ambiente como preámbulo a la versión instrumental de “The 'In' Crowd”, de Ramsey Lewis Trío. La intensidad de la trama comienza a fuego lento y lo que parece ser su clásica comedia romántica acaba aportando inesperadamente tintes de puro thriller.

Como cabía esperar, el personaje principal se encuentra en plena crisis existencial. Abe Lucas (Joaquin Phoenix), un profesor universitario de filosofía, siente que ha perdido el rumbo de su vida, posee un bloqueo absoluto para continuar con su libro sobre el filósofo alemán Martin Heidegger y el fascismo, y ve imposible encontrar el placer de continuar días tras día con la monotonía de su mundo. No desea mantener ningún tipo de relación sentimental, pese a que su fama de mujeriego le precede, y, su caótico existencialismo le ha llevado a refugiarse constantemente en el alcohol. Con la llegada a un nuevo pueblo, entran dos mujeres especiales en su vida: Rita Richards (Parker Posey), compañera de profesión que desea tener una excusa para poder abandonar a su marido; y Jill Pollard (Emma Stone), una estudiante aplicada que acaba convirtiéndose en su mejor amiga. Una vez más, los deseos y enamoramientos confluyen en un giro inesperado por el que Lucas encontrará una instantánea felicidad.

Por supuesto, tampoco pueden faltar los gags cargados de humor satírico que dinamizan tanto los inteligentes diálogos como la narración tan liviana que en los últimos años nos ofrece el autor. Dostoievsky, Freud o Kant, entre otras muchas citas, vuelven a salir a la luz para replantear el pensamiento, mientras que el tiempo, que empieza a pesar irremediablemente, y el retrato de la condición humana, cada vez más cuestionable para Allen, toman la batuta del guion para tornarse en una dualidad moral en la que el protagonista trata de justificar los indecentes medios para llegar a un supuesto final feliz y sentirse más vivo que nunca, algo que se repite constantemente en la filmografía del director.