Su primera pieza, “Soul of the Cypress” (1921), venía inspirada por
el mito de Orfeo, demostrando los primeros pasos del talento creativo y
artístico que poseía. Sin embargo, antes de adentrarse en las vanguardias
europeas que tanto estaban de moda durante la época y de estrechar lazos y ser
influido por los importantes artistas del dadaísmo como Léger o Man Ray, Murphy
experimentó con el montaje a través de “Danse Macabre”, su quinto trabajo, una
obra inusual que navega entre los géneros de terror, fantástico y,
curiosamente, musical. Aunque estemos ante un metraje mudo, la composición
original, que pertenecía al director de orquesta parisino Camille Saint-Saens,
es, sin duda, indispensable. Sin ella, la obra perdería todo su significado.
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martes, 23 de octubre de 2018
AMOR, JUVENTUD Y MUERTE (1922)
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