La teoría nos cuenta que los medios de comunicación deben estar al servicio del ciudadano y no del gobierno y las grandes compañías y, visto así, suena realmente idílico, puesto que son pocos los casos en los que se lleva a la práctica. Quienes deberían estar a cargo de la justicia, denunciando todos los actos de corrupción e ilegalidades para que salgan a la luz, deben lograr que el pueblo sea conocedor de todo lo que sucede a su alrededor. Ya sabemos que el poder tiende a mantenerlos bajo control, que ciertas cuestiones nunca llegan a hacerse públicas y que muchos periodistas ven tambalear su puesto de trabajo por saber más de la cuenta. Entonces, ¿cuál es el papel real de los medios de comunicación?
En 2005, Corea del Sur vio cómo uno de sus científicos más queridos, Hwang Woo-Suk, era investigado por fraude, por un grupo de investigadores, en su tratamiento de las células madre. Éstos hechos, de alguna manera, quedaron reflejados en el largometraje de una de las pocas mujeres directoras del país, Yim Soon-Rye, “The Whistleblower (El Confidente)”, en la que Yoon Min-Cheol (Park Hae-Il), el productor del programa de noticias “PD Chase” de la cadena de televisión NBS, recibe un aviso sobre la Clínica Newman, en donde compran óvulos de forma ilegal que, posteriormente, eran comprados por el científico Lee Jang-Hwan (Lee Kyeong-Yeong), un importante doctor que había conseguido un sinfín de seguidores gracias a su impresionante carisma, su despliegue publicitario y, sobre todo, por las esperanzas de quienes necesitan ser curados o tienen algún familiar que podría mejorar gracias a la búsqueda de la cura de ciertas enfermedades a partir de las células madre. Cuando un exempleado del médico, Shim Min-Ho (Yoo Yeon-Seok) decide llamar a Min-Cheol, se destapa mucho más allá de lo esperado, dejando por tierra todo lo dicho y prometido por el científico, que no durará en enfrentarlos con cualquier contraargumentación y manipular el cariño de quienes han visto la ilusión de un futuro mejor reflejada en él.
