
A estas alturas, resulta más que incuestionable juzgar un musical de Donen, pero bien es cierto que, ante tan amplia trayectoria, no todos tuvieron el mismo reconocimiento. Precisamente, con “Una Cara Con Ángel” sólo obtuvo nominaciones, tanto a los Oscars como en el Festival de Cannes, pero sí logró una mención especial del National Board of Review (Consejo Nacional de Crítica de Cine) en 1957. Una época que dejaba entrever los primeros coletazos de una revolución juvenil en la que se rechazarían los viejos convencionalismos estatales, el clásico rol de la mujer o la libertad sexual.
El autor se dejó llevar por este contexto para construir una historia basada en el musical de Broadway de George Gershwin (1927) y que, en cierta manera, recuerda al cuento de la Cenicienta. Una directora de revista de moda, Maggie Prescott (Kay Thompson), necesita renovar el siguiente número de la publicación, por lo que decide incorporar el color rosa pálido entre las tendencias. Para ello, contrata al fotógrafo Dick Avery (Fred Astaire) y le encarga que utilice a una modelo con aires intelectuales en un primer escenario: una pequeña librería del Village de Nueva York. Cuando Dick se dispone a revelar las fotos, descubre que la dependienta, Jo Stockton (Audrey Hepburn), es precisamente la modelo que necesita para la revista. No tarda en convencerla y en poner rumbo a París, la capital de la moda, junto a Prescott, para trabajar en el reportaje.
A simple vista, “Una Cara Con Ángel” no es más que otro musical romántico en clave de comedia, pero con la diferencia de que el guionista neoyorquino Leonard Gershe intenta evitar, por todos los medios, ese efecto edulcorante y pasteloso tan convencional en el género. Algunas escenas han quedado a la posteridad y los números musicales más simpáticos se han mitificado, como el protagonizado por Hepburn en el café bohemio, en donde la actriz no sólo muestra sus ya reconocidas cualidades con el baile, sino también con el canto.
Donen deja entrever ciertos detalles que ponen en evidencia las diferencias entre el mundo elitista de la moda y el nuevo ambiente existencialista e intelectual de la época. Jo representa a esa joven fascinada por los nuevos pensamientos, por las corrientes que se desprenden de una futura revolución juvenil que en París ya se estaba pronunciando. Pese a su contexto, la película no pierde encanto alguno tras casi 60 años desde su estreno, manteniendo ese aire optimista y desenfadado que viene aderezado por la trama romántica entre Jo y Dick.
Aunque Hepburn y Astaire eran dos de las grandes estrellas del momento, no habían coincidido en pantalla hasta el momento. Su deseo por colaborar juntos en un proyecto era popularmente conocido y el largometraje de Donen era perfecto para cumplir sus deseos. No obstante, su diferencia de edad presentaba una problemática a la hora de mostrar una relación amorosa entre ambos y es que, mientras que ella contaba con tan sólo 28 años, Astaire ya sumaba 58 y esto ponía en peligro la verosimilitud de la trama al ser poco común en el cine comercial de aquellos tiempos. Por suerte, la profesionalidad tan impecable de los dos hace que deje de importar y que nos rindamos ante el encanto y la química que despiertan en pantalla, sobre todo, a través de sus números musicales. Sólo hay que recordar cómo Dick le canta “I Love Your Funny Face” cuando se encuentran en el laboratorio para sentir la magia del romance.

Donen contó con el veterano director de fotografía Ray June para crear un llamativo mundo estéticamente colorista. Francamente, es un placer contemplar las calles parisinas de mediados del siglo pasado y las fantásticas prendas del mítico diseñador francés Givenchy. “Una Cara Con Ángel” es sólo la evidencia del gran talento que poseía Donen, mientras que su importancia reside, sobre todo, en que supone uno de los últimos musicales producidos dentro de la edad de oro del género.
Lo mejor: los números musicales de Astaire y Hepburn. Cierto aire innovador a nivel fotográfico que hace que la película sea aún más atractiva.
Lo peor: la concentración de demasiados números musicales puede hacer que el espectador sienta cierta pesadez en el transcurso de la trama si no se está acostumbrado.
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