Hay obras que, si no se ven en el momento más
propicio, pueden llegar a no entenderse, a despreciarse e, incluso, a pensar
que son tan malas que no merecen nuestro tiempo en su visionado. Por eso mismo,
muchos verán en “La Chinoise” una especie de metraje maldito que exige cierta
paciencia por parte del espectador, además de algunos conocimientos históricos
y políticos para su total comprensión. Independientemente de la ideología
propia, la cinta siempre se ha visto excesivamente sobrevalorada o infravalorada,
no llegando a tomar un sentido real de lo que en verdad es.
La famosa corriente cinematográfica de la “Nouvelle Vague”
no se podría comprender sin la presencia del director franco-suizo Jean-Luc Godard. Tomando prestigio desde su primer largometraje, “Al Final de la
Escapada” (1960), que contaba con un montaje revolucionario que se apartaba del
viejo cine clásico, el autor formaría parte de un grupo de cineastas que
marcarían un antes y un después en la forma de concebir el séptimo arte. Junto
a François Truffaut o Alain Resnais, entre otros, la intelectualidad asaltó un
mundo hasta entonces convencional, primordialmente comercial y, sobre todo,
estancado.
“La Chinoise” inauguraba una nueva etapa en la carrera del
cineasta, una época más reivindicativa en la que volcaba sus creencias e
inquietudes a través de sus obras. Tanto es así que, con una actitud un tanto
visionaria, parecía vaticinar lo que ocurriría un año después con la famosa
revolución de mayo del 68 iniciada por estudiantes de izquierda. Precisamente por estos hechos, la cinta
adquiere un valor histórico como pocas, siendo de obligado visionado para todos
aquéllos que deseen comprender una parte de nuestro pasado.
